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Fronteras, territorios de paz colombo venezolanos


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Tico PinedaPor: Héctor Pineda S.
¿Es posible encontrar solución a este moderno éxodo universal? ¿Será la solución sembrar de alambres y serpientes venenosas los límites fronterizos? ¿Alentar la xenofobia y la exclusión racial es el la señal del neofascismo que amenaza el mundo? Vaya uno a saber.


Las tensiones fronterizas con Venezuela no son nuevas y, en mi sentir, perdurarán por mucho rato. Las conspiraciones urdidas desde el mismo momento de la independencia de España, con atentado al Libertador incluido (en la que dicen participó el propio Santander), no han cesado y las mismas, desde aquí y allá, son usadas para esconder o resolver dificultades internas.
Un avión que vuela más allá de los limites, una fumigación con veneno para acabar con cultivos ilícitos y lícitos (el herbicida no distingue entre coca y yuca), un bombardeo en caliente para matar guerrilleros, unos mapas desde donde se expanden simbólicamente límites territoriales, hasta Decretos de estados de excepción para expulsar compatriotas pobres que, años atrás fueron expulsados hacia allá por la violencia interna de acá, sirven para revolcar sentimientos nacionalistas de los corazones y mover votos. Poco importa, algunas veces, la gente. Importan los votos y varios negocios legales, también hay que decirlo, al igual que otros ilegales.
Así pues, las tensiones con la frontera del vecino país venezolano, hasta donde tengo recordación (por propia experiencia también) no es nada nuevo. Por supuesto, las cumbres, los procesos e invocaciones integracionistas, las almibaradas frases de hermandad y las agresiones verbales y físicas contra compatriotas pobres (también varios artistas) se siguen repitiendo en una historia que pareciera no tiene final.
Durante el gobierno del hoy Senador Uribe, por ejemplo, las expresiones de malquerencias alcanzaron sonoridades extremas. Con la llegada de Santos y las declaraciones de “nuevos mejores amigos” se aliviaron las pendencias verbales. Pero la ausencia de Chávez y el ascenso presidencial de Maduro, por condiciones internas y circunstancias externas en los precios del petróleo, amargaron la luna de miel y, en la pelea de ellos y de acá, pagaron los platos rotos miles de colombianos humildes que fueron sacados desde tierras venezolanas en un éxodo calificado de inhumano.
Se me dirá, por supuesto, que las tensiones fronterizas no es un mal exclusivo. Ello, por supuesto, es cierto. Los paradigmas universales de las democracias europeas, tierra de refugio para los perseguidos, se llenan de erizadas alambradas y, desde impactantes fotografía, somos testigos de la muerte de niños en el intento de llegar a la “tierra prometida”. Las guerras por el control planetario de los combustibles fósiles, dicen los conocedores, produce expulsiones que desde cada país se contiene con muros y leyes de excepción para detener el desborde humano. ¿Es posible encontrar solución a este moderno éxodo universal? ¿Será la solución sembrar de alambres y serpientes venenosas los límites fronterizos? ¿Alentar la xenofobia y la exclusión racial es el la señal del neofascismo que amenaza el mundo? Vaya uno a saber.
Pero regresando a las límites de las tierras limítrofes de Colombia con Venezuela, hay que decirlo sin pelos en la lengua, en lo que respecta al área territorial que nos corresponde lo que poseemos es una larga línea fronteriza con una precaria (por no decir que inexistente) política fronteriza. Son territorios olvidados por el Estado, excluidos de la mano soberana, entregados a la “mano de Dios” y, por supuesto, controlados por las mafias.
Así pues, incorporar estos territorios segregados desde tiempos inmemoriales no es tarea de poca monta. El texto de buenas intenciones firmado por los Presidentes Maduro y Santos, seguramente, poco sirve. Sin embargo, en la letra constitucional de Colombia existen claves que permiten agenciar una vigorosa política de fronteras. Institucionalizar las Fronteras Territorios Sostenibles de Paz, binacionales, puede ser un buen comienzo. Sembrar vida, en estos tiempos de paz es lo esperado. Otra cosa es más de lo mismo.
tikopineda@gmail.com

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