Publicado el: Mar, Jun 18th, 2013

“Fragmento”


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victoria rojoPor Victoria Rojo/

La palabra tiene poder y existen palabras que contienen poemas. Reflexiones que  hago mientras releo un poema de José Asunción Silva, dándome cuenta que -fragmento-  así se titula, lo he leído más de 10 veces y es precisamente esa palabra la que me lleva de nuevo al poema.

Fragmentar es dividir en partes, encontrar un fragmento de poema es igual que encontrar un fragmento del amor y eso me ha sucedido en los últimos días, he encontrado pedacitos del hombre que quiero  en diferentes hombres.

Juan Pablo, tiene la edad de Cristo y lo conozco hace Dos años, lo vi por primera vez en uno de esos foros a los que solía ir cuando estaba en la Universidad, intervino frente a la movilización de cafeteros que se avecinaba, desde que entro me llamo la atención, pero cuando lo escuche hablar me sorprendió, un tono decidido, elocuente, que de la mano de su 1.85 cms de estatura, cejas pobladas y  ojos oscuros, se  presentaba como un hombre ideal, del que hable y  soñé durante semanas.

Un año después lo vi un par de veces en una cafetería de la Candelaria en el vecindario de un amigo al que visitaba frecuentemente. Decidí saludarlo y le conté que lo había escuchado en aquel foro, se sonrío porque había olvidado lo dicho en ese entonces y saludo a mi amigo, en efecto se conocían por la vecindad.

A las tres semanas Juan Pablo me llamo, le solicito el numero telefónico a mi amigo y me invito a salir…almorzamos, fuimos a cine, hablamos de política y de dogmas, él economista y marxista de convicción era muy dialéctico  en su discurso y radical en sus posiciones políticas…cuando me invito a salir con sus amigos, ya en medio del licor y de la tranquilidad se fue desdibujando la imagen del hombre ideal que entró en el auditorio. De las mujeres se refería bruscamente, sentí un aire de misoginia que se apoyaba en el trato vulgar con los amigos. Al final todos se fueron y se fue también a la madrugada de aquel viernes el hombre del auditorio. Antes de tomar el taxi, le di un abrazo con los ojos cerrados y en el cuerpo sentí un fragmento del amor, durante tres minutos abrace la idea del hombre churro, inteligente y sensible con el que podría levantarme en las mañanas. A Juan Pablo no lo volví a ver.

Meses después mientras revisaba un expediente recordé cuando fue la ultima vez que  di un beso, y los dedos de las manos no me alcanzaron para contar los meses, ya hace más de diez meses pensé.

Y la idea de unos labios sensuales y una atmósfera romántica se fijo en la mente, tengo la impresión de que la imaginación tiene una fuerte atracción a la realidad,  los sueños son imanes que la vida te da.  Y así llego ese fragmento que pedí, llego Pedro del Mar a darme un beso.

Un martes me encontraba en Chapinero haciendo diligencias y me devolví a la oficina a las 6:00 p.m, encontré a mis jefes charlando de su juventud, las reminiscencias las traía una cita que tenia Francisco con el hijo de una amiga uruguaya a la que  conoció hace 30 años, había recibido un correo que le avisaba que el hijo estaba en Bogotá y quería que se conocieran. A las 7:00 p.m de aquel martes era la cita, me pidió el favor de acompañarlo, el encuentro era en un hotel a tres cuadras de la oficina.

Cuando llegamos al hotel en la puerta estaba un chico de 27 años. Los uruguayos y en especial este parecía bogotano, trigueño, pelo liso, 1.80 de estatura, tenia una mirada melancólica, tal vez por la forma caída de sus párpados, ojos chicos y una nariz que me llamo la atención, me pareció que le daba gracia a su rostro. Cinco minutos después salió del hotel Miguel, un hombre de unos cuarenta años de edad, ojos verdes, redondos que mantenía bien abiertos todo el tiempo, el era hermano mayor de Pedro. Al instante hubo una amena conversación,  buscamos un café para seguir la charla y recodar la amistad entre Francisco y la madre del par de uruguayos. Me senté al lado de Pedro y buscaba la oportunidad de hablarle solo a él, de momentos bajaba la mirada y me di cuenta que era tímido.

Al despedirnos Miguel me pidió el teléfono y pregunto si podía salir con ellos a conocer la ciudad, no le vi problema, por el contrario me agrado la idea de conocerlos. Al día siguiente me llamo Pedro, diciendo que viajaban a Medellín esa semana, por lo que la salida se adelantó y cuadramos vernos ese mismo día en la noche. Cuando llegué al hotel estaba de nuevo Pedro solo en la puerta, Miguel nunca apareció.

El centro de Bogotá lo conozco, identifico las zonas por las que se puede caminar y los sitios que me agradan. Guíe a Pedro a Cuba antigua, un bar de tablas de madera en el que ponen son, boleros y salsa, por suerte estaba solo, charlamos, nos reímos, me contó de su familia, de su trabajo, me coqueteaba muy tímidamente y esta vez me miraba a los ojos. Es un buen chico pensé, y, me gustaba la idea de que estuviera conmigo en cuba Antigua. Le pedí que bailará conmigo, lo pensó mucho porque lo intimidaban las tres personas de la barra y me decía que no sabia bailar.  Insistí y bailamos, fue el mejor bolero que he bailado en los últimos años, Pedro parecía poseído por el ritmo de  Ausencia  de Héctor Lavoe, me tomo  la espalda  y puso su pecho en el mío como todo un bolero, logre cerrar los ojos y escuchar la música entrar por mi cuerpo, es una imagen que no logro sacar de mi mente. Es un fragmento del amor con el que sueño. Unos minutos antes de que acabarse la canción sentí ese beso largo con sabor a bolero y por un instante quise llorar.

Salimos de Cuba antigua, nos tomamos una copa de tequila en una tienda y pedí un taxi, no lo volví a besar. Pedro se fue para Medellín, después viajó a Cuba y de ahí viajo a Brasil, nos escribimos frecuentemente recordando aquel beso, y para mi es ese otro fragmento de una idea de amor que llevo en la mente.

Ayer Volví a leer el poema de José Asunción Silva y no logré relacionarlo con los fragmentos  que llevo en la mente, los minutos me llevaron a una pequeña prosa que lleva como titulo la protesta de la musa, entendí entonces que el espíritu del poeta me estaba visitando y que era necesario escribir otro fragmento.

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