Publicado el: Jue, Feb 14th, 2013

Estilos en la Administración en materia de Seguridad


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andrés_preciado-copiaPor: Andrés Preciado

Gestionar la seguridad requiere preparación y conocimiento profundo de las afectaciones y problemas de inseguridad, no “pantalones” como muchos pretenden hacer creer.

Se está abriendo paso en el país y en sus principales ciudades una discusión importante en cuanto al estilo que requiere la administración de la seguridad. Se quiere mostrar una disyuntiva entre “blandos” y “fuertes” desconociendo que gestionar la seguridad requiere más experticia y preparación que carácter.

El antecedente nacional es muy claro. Luego de dos gobiernos de seguridad democrática, Álvaro Uribe popularizó un estilo y forma de gobierno que le es muy particular, muy apegado a su personalidad, una forma de administración eficientista que se mezcla con rasgos fuertes y un carácter duro que le son propios.

Mal podríamos decir, como muchos aseguran, que los problemas de seguridad requieren para ser resueltos, per se, del carácter y “la testosterona” (por no usar otro término muy paisa, aunque vulgar) de los que Uribe hizo gala. No obstante se ha difundido una falsa división entre “tibios” y “fuertes” en cuanto a gestión de la seguridad se refiere.

Por ejemplo, se le critica al Presidente Santos cierta falta de carácter y de “pantalones”, en especial en lo concerniente a los actuales diálogos de paz con las FARC. De igual manera en Bogotá y Medellín se les reprocha a Gustavo Petro y Aníbal Gaviria, respectivamente, una supuesta falta de “cojones” y excesiva mano blanda con la delincuencia, únicamente por proponer políticas alternativas de tratamiento a problemas de seguridad nodales como el consumo de droga (Petro) o la forma de comunicar las condiciones de seguridad en comunas como la 8 en Medellín (Gaviria).

Nada más falso y alejado de la realidad que pretender gestionar las condiciones adversas de seguridad y convivencia, y administrar las políticas que buscan contrarrestarlas, con base en un modelo brabucón y altanero que tiene como único objetivo situar un muro entre “malos” y “buenos” olvidando la multicausalidad de los fenómenos de delincuencia que cada vez los sitúa más en ámbitos distintos al moral. Ya está demostrado que esa forma de administrar las condiciones de seguridad “ a las patadas” y discriminando “tibios y mamertos” no da mayores resultados, piénsese por ejemplo en administraciones modelos como las de Antanas Mockus, Enrique Peñalosa, Sergio Fajardo e incluso en funcionarios que con perfil moderado lograron resultados importantes en orden público, como el ex secretario de Gobierno de Antioquia, Andrés Julián Rendón.

Pretender que la seguridad es un asunto de “verracos”, de mano firme o de represión a ultranza, es desconocer una realidad que nos muestra en el país y todas sus grandes ciudades, condiciones de seguridad que entrecruzan fenónemos de ilegalidad con situaciones de informalidad o incluso apariencias de legalidad que cubren intereses criminales. Igualmente pasa con los actores involucrados en la delincuencia, donde en muchas ocasiones discernir entre los involucrados y los utilizados es más difícil de lo que el discurso de “fuertes y débiles” parece reconocer.

Antes que carácter, para gestionar la seguridad se requiere estudio e investigación rigurosa que de cuenta de diagnósticos certeros para nutrir la toma de decisiones, la planeación estratégica de políticas y programas, y el conocimiento y preparación de los decisores o administradores públicos.

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