Publicado el: Lun, Ago 25th, 2014

EL PLOMO Y EL EXCREMENTO


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german-vargas-llerasImagínense que alguien le pone excremento de cerdo a la tubería que lleva el agua para el consumo humano hasta el grifo terminal en sus casas. O la pluma, como le llaman mis hermanos costeños. El argumento de quien apela a semejante práctica se soporta en que con excremento de cerdo se protege mejor el tubo por el que pasa el agua de modo que la tubería  dura más y los costos de mantenimiento se abaratan para la empresa que suministra el preciado líquido.

Aunque suene raro, produzca asco y afecte la salud humana,  no resulta exagerado el ejemplo si se piensa en lo siguiente: En 1922 el ingeniero de la General Motors Company, GMC, Thomas Medgley Jr, observó que la combustión de los motores de los vehículos producidos en su empresa presentaba un sonoro “petardeo”, situación que incomodaba al conductor y afectaba el desempeño del motor. Después de ensayar 144 compuestos, encontró que el plomo era el más eficiente en su propósito de evitar el incómodo sonido. También resultó ser el más barato.

Desde el 2 febrero de 1923, fecha en que se vendió el primer galón de gasolina con plomo,  hasta la década de 1990, la aplicación de Medgley jr esparció en la atmósfera de la tierra más de 375 mil toneladas del pesado metal durante casi un siglo. Los publicistas de la GMC recomendaron llamar a la aplicación “tetraetilo” y sugirieron retirar el vocablo  “plomo” de su etiqueta.

Cientos de científicos advirtieron al sistema de salud de los Estados Unidos sobre el daño que causaba el plomo en la salud humana, y sin embargo fueron desoídos debido a que otros científicos, contratados por los magnates de la industria automotriz y las gasolineras, aseguraban, con datos en las manos, que el plomo no causaba ningún daño a la salud ni al ambiente.

John McNeill, periodista de mediados del siglo pasado, afirmó con dolor en el corazón y con razón en sus argumentos, que el invento de Medgley Jr, “Tuvo más impacto nocivo en la tierra que cualquier otro organismo vivo”.

El tipo ese Medgley Jr, no quedó contento con su primer invento por lo que durante 1930 desarrolló el  gas freón, elemento básico de los aerosoles, también aplicado en neveras, equipos de aire acondicionado y electrodomésticos en general. En 2010 el protocolo de Montreal prohibió su producción. Para entonces la capa de ozono se encontraba tan deteriorada que en algunos lugares del mundo fue  necesario disponer modalidades extremas de protección con los cuales evitar los daños que producen los rayos ultravioleta.

Así suene irónico, Medgley Jr, fue condecorado con la medalla de la Sociedad Americana de Química por allá en 1944, cuando los científicos y el sistema de salud eran conocedores de los daños causados con sus aplicaciones.

¿A qué se debe que científicos, industriales y organismos de salud se hicieran los de la vista gorda con aquella realidad desoladora? La explicación es simple: Millones de dólares. Montañas de dinero. Ganancias descomunales. Cantidades inverosímiles de plata se irrigaron al sistema de modo que convirtieron realidades incuestionables en verdades a medias, en argumentos de políticos demagogos y en explicaciones sin soporte.

Cuando Medgley Jr lanzó al mundo sus soluciones dañinas no existían mecanismos legales capaces de impedir su introducción, utilización y masificación. El hombre y la naturaleza no tenían modo de defenderse.

Hoy en América Latina y gracias a un convenio que algunas naciones han firmado con la OIT, el cual se incorporó a las constituciones de los países suscriptores, se obliga a los gobiernos a adelantar consultas previas con las comunidades con el fin de informar, mitigar o impedir el impacto que ocasionaría en sus vidas el desarrollo de actividades mineras, agrícolas, industriales o cualquier otra forma de aprovechamiento a gran escala de la dotación ambiental o la invención de aparatos capaces de causar daños en la salud humana y la naturaleza.

Gracias a la consulta previa, en muchas regiones de América latina y del mundo se han modificado planes de intervención sobre terrenos y zonas en los que se inobservaban realidades socio ambientales de gran importancia.

Fue la consulta previa la que logró que las comunidades asentadas en un territorio de interés para la industria obtuvieran beneficios con su explotación y no  solo los vestigios del plomo, la miseria, el sudor del obrero o huecos descomunales como el que dejarán en El Cerrejón, después de 2034, los mineros dueños de la concesión en cuanto hayan extraído el último gramo de carbón.

Consultas previas de envergadura mundial en las que todos seamos tenidos en cuenta e informados con claridad sobre las consecuencias de la intervención. Consultas previas en las que todos opinemos, con información soportada en la realidad, en relación con el desarrollo sostenible. Consultas previas en las que se considere y respete nuestro consentimiento y en las que se antepongan válidas razones ambientales sobre mezquinos intereses económicos, es lo que necesita el mundo entero.

En Colombia el nuevo vicepresidente, Germán Vargas Lleras,  ha iniciado su periodo señalando que en la consulta previa se agazapan sectores de la población que tienen por único propósito impedir el desarrollo, encarecer los costos de la producción y chantajear a los industriales que solo generan, según él, desarrollo y fomento del empleo.

Asegura el aristócrata bogotano que la consulta previa es un foco de corrupción y que algunos asesores obtienen beneficios inmerecidos en perjuicio de las mismas comunidades. En pocas palabras, la consulta previa solo ha servido para dar de comer a asesores parásitos y para incrementar, sin razón alguna, los costos de la actividad agroindustrial y minera.

El gobierno se lanza con toda su fuerza contra la consulta previa. Su intención es erradicarla y para ello se ocupa de criminalizarla, deformarla y reducirla. Sin duda alguna habrá personas en las comunidades que usen la consulta previa en su beneficio personal. Al igual que los políticos usan los dineros del erario para comprar votos o matar connacionales. Sin embargo nadie piensa en retirarles  el derecho a actuar y participar en  política.

 

Los Thomas Medgley Jr del mundo siguen vivos empleando formas de causar daño, ahora personificados en todos los políticos que de un modo u otro atacan a quienes se oponen a que sus actividades y prácticas nocivas deterioren aún más el único planeta que tenemos y el único sitio en el que podemos vivir en el universo.

Si el concepto de desarrollo sostenible y el derecho a estar  informados sobre los impactos de un invento o una intervención sobre un nicho de interés ambiental hubieran sido consultados a tiempo a los habitantes de la tierra, seguramente Thomas Medgley Jr no habría causado daños tan irreparables a la humanidad y al planeta.

Permitir que Germán Vargas Lleras triunfe en su insidiosa guerra contra la consulta previa, equivale a permitir que las tuberías por donde se conduce el agua que tomamos, sean reparadas y mantenidas con excremento de cerdo. Seguramente para muchos políticos esa es la forma de concebir el desarrollo sostenible.

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