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Publicado el: Mar, Nov 25th, 2014

EL NAUFRAGIO DEL MAMERTO ARREPENTIDO


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Tico PinedaPor: Héctor Pineda S.

 “No existe espécimen más peligrosos que un mamerto arrepentido”, se decía en los corrillos de la izquierda colombiana antes del desbarajuste del “muro de Berlín”, cuando se referían a aquellos personajes que, superada la fiebre de los “incendios de la rebeldía”, sin pudor, echan al olvido el prestigio, reconocimiento y hasta plata que amasaron a costa de la militancia  y la solidaridad en las trincheras de la revolución. En el otoñal andar, varios de ellos, empiezan a desandar el camino andado, reculan, hacen actos de contrición y “propósitos de enmienda”,  hablan mal de sus viejos amigos y camaradas y, finalmente, se guarecen, escampando en las barricadas ideológicas de la derecha, a veces, de la derecha extrema.

 El mamerto arrepentido, empujado por la necesidad de obtener el reconocimiento y la aceptación en los cocteles y festejos atiborrados por los personajes de clase de los que se ufana hablar mal y criticar, con un vaso de licor fino del cual sus papilas no saben diferenciar de los rones de estibador que ingería en su pasado reciente escuchando tangos y música social, como un reptil (entre serpiente y lagarto) llena los corrillo sobre chismes, dolencias y debilidades carnales de sus antiguos camaradas. “Sabe que el viejo padece un cáncer de próstata incurable”, suelta con calculada imprudencia el comentario en el circulo de obispos, políticos, periodistas y militares que le escuchan con desconfiado desdén. Sin embargo, sabe el arrepentido mamerto que la información será corroborada y confirmada y, desde ese momento, se convertirá en fuente fidedigna para indagar sobre la contraparte y, sin sonrojo, transmutará en “Cardenal” o papista del bando contrario.

 No recuerda el mamerto arrepentido, usualmente, la juvenil militancia en la rebeldía comunista, e intenta borrar los escritos encendidos del periodismo revolucionario de las agencias de noticias y revistas de izquierda y, muchas veces, disfraza de periodismo las fotos y reportajes bien vendidos de cuanto rebelde armado se le cruzó en el camino. Las novelas desentrañando las borracheras descomunales con los escritores del “boom”, son apenas un recuerdo de guayabo de los tiempos de la  exquisita izquierda aferrada a la diplomacia de sus padres o parientes cercanos. El paradigma del “mamerto arrepentido”, aun con sus antiparras de intelectual de izquierda, no ahorra tinta en sus escritos para denigrar y echar pestes contra los líderes y los procesos de izquierda. Entre más fuerte sea el comentario o señalamiento contra sus antiguos acompañantes de viaje, mayor tranquilidad le produce en la conciencia, a sabiendas que, más temprano que tarde, le será recompensado su inmejorable aporte para evitar la perturbación de la “tranquilidad de la patria”.

 El mamerto arrepentido, a los pocos días de la voltereta ideológica, calcinado por el fuego de la nueva doctrina que alienta su ánimo, cae inevitablemente en un inatajable deterioro de toda creatividad. Sus escritos se plagan de lugares comunes y frases extraídas de los manuales ríspidos de luchas contrainsurgentes y cartillas anticomunistas. “Idiotas útiles”,  “vocero del castrochavismo”, “agentes de la amenaza terrorista”, “guerrilleros disfrazados de campesinos”, “capitulaciones del Estado al terrorismo”, “promotores del socialismo del siglo XXI”, entre otras, son las frases pendencieras proferidas por el mamerto arrepentidas, recibidas y publicadas con fruición en los altoparlantes de medios escritos y hablados que le alimentan. Festeja a carcajada suelta en cocteles de clubes sociales, a lado de los dueños de las empresas que contratan sus servicios en bien pagadas asesorías de imagen. Al contrario de la ilusión que los anima para cambiar de bando, casi siempre, termina en un naufragio en las aguas tristes de la mediocridad. ¿Me equivoco Plinio?

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