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Publicado el: Jue, Sep 5th, 2013

El modelo económico no está en juego


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Por Unicor

unicor“En la economía colombiana ha prevalecido una visión liberal de “libre empresa” y conservadora “de privilegios”, tomada sin muchos acondicionamientos internos, de las potencias inglesa y más recientemente, americana.” 

Esa expresión ha sido repetida con insistencia por quienes hacen parte del gobierno nacional, desde el Presidente Santos, los delegados en la mesa de diálogos de la Habana, y por supuesto, los ministros y demás funcionarios que han tratado de frenar las protestas ciudadanas, han puesto énfasis en ello; en que el modelo económico no está en discusión, quieren desconocer los altos funcionarios que dicho modelo tiene mucho que ver con las expresiones de inconformismo general que se ven por estos días.

En la economía colombiana ha prevalecido una visión liberal de “libre empresa” y conservadora “de privilegios”, tomada sin muchos acondicionamientos internos, de las potencias inglesa y más recientemente, americana. Desde el liberalismo económico clásico, en el cual, teóricamente, el capital estaba al servicio de la economía, y los individuos más capacitados tenían el derecho a surgir “libertad económica individual”, sin pensar en igualdades, menos, en solidaridad social. Hasta llegar al modelo neoliberal importado en la década de los 90, el que nos impusieron con todo: privatizando servicios públicos a diestra y siniestra, basta solo ver como la salud, los servicios de agua potable, el saneamiento básico, y energía se convirtieron en grandes negocios privados, se montaron reformas tributarias a favor de las mismas minorías, se desprotegió la pequeña y mediana industria nacional, solo se favoreció a los mismos 4 o 5 cacaos, como al industrial  Fabio Echeverry Correa, quien cínicamente expreso “a la economía le va bien, otra cosa es que a Colombia le vaya mal”. El mismo intocable modelo para el establecimiento, auspicio el debilitamiento del estado garantista, menos control, menos regulación, más libre mercado y entrega de las riquezas a las potencias extranjeras, mano de obra barata, menos impuestos a las trans y multinacionales, importando baratijas y entregando nuestra riquezas ambientales, agrícolas y mineras al mejor postor, el que casi siempre resulta ser los mismos EE.UU.

Ni que decir de los tratados de libre comercio suscritos con economías mucho más poderosas que la nuestra, senadores como Jorge Robledo advirtieron sobre los nefastos efectos que dichos contratos de comercio traerían para la industria, la empresa y la agricultura nacional, sin embargo, el gobierno de turno, que es el mismo de ahora, hizo caso omiso sobre la devastación que se avecinaba, pero no contentos con eso, profundizaron las inequidades, la concentración de la tierra, la riqueza, y el abandono de todo el campo, el que según los entendidos, espera por esa política agraria, que no se ha realizado durante más de cuarenta años. Nuestros campesinos y empresarios del agro continúan luchando solos con espíritu patriótico por ofrecernos productos de primera calidad, abandonados por el desarrollo, por las ayudas técnicas y tecnológicas, sin tratamientos preferenciales de largo aliento por parte del Estado, sin carreteras, sin inversión real, haciendo frente a todas las adversidades, en la mitad de la violencia.

El modelo económico que defiende y entroniza el gobierno está en contra de la paz, de la reconciliación, del verdadero desarrollo humano, la burbuja de crecimiento, de estabilidad y de avance que nos quieren vender, toca a los mismos cacaos y a la inversión extranjera que usufructúa vilmente nuestros recursos. Así se siguen llevando nuestro petróleo y nosotros seguimos comprando la gasolina más cara de la región, usan nuestro espectro electromagnético a cambio de un servicio caro y deficiente de la telefonía celular. Esta inequidad también se refleja en las prioridades presupuestales del régimen, la inversión para el pago de la deuda publica extranjera y para la guerra sigue siendo muy generosa, esta última, llevándose aproximadamente el 10% del PIB, frente al 2.1% que se utiliza en inversión social.

El panorama presentando explica la inconformidad general, no porque Santos hable de paz, debemos entender que todos sus gestos son de paz, la paz se hace con reformas, con entrega, con un cambio de mentalidad y actitud política, pero ¿que hemos visto?, ¿que vemos hoy?, un gobierno que se sigue armando para la guerra, que no reconoce las necesidades más sentidas de los campesinos y de la ciudadanía en general, que continua su visión de Estado clientelista y oligarca. O será que ya olvidamos la reforma a la justicia que nos querían imponer para favorecer delincuentes de cuello blanco, la reforma a la salud que aseguró las ganancias de los privados, o la locomotora minería que continua acabando con nuestros mejores suelos por la codicia neoliberal.

El modelo político y económico que se hace intocable e innegociable para el gobierno es el culpable de la pobreza y la exclusión que afecta nuestro país, el supuesto crecimiento no ha favorecido a los excluidos, vasta reiterar las estadísticas nefandas: la economía crece a más de un 3% cada año, pero más de un tercio de los colombianos viven hoy en la indigencia, al 10% más pobre solo les corresponde el 1.1% del total de los ingresos nacionales, y como ha sido siempre, el 10% más rico se come el 46.1% de la riqueza nacional.

Conclusión: El modelo económico según el gobierno nacional, no se va a cambiar ni con paros, ni con diálogos, ni con marchas, estamos advertidos, el modelo solo podrá reformarse si se obtiene el poder político, ahí está la cuestión, si se gana el poder democrático y constitucional, se podrá intervenir profundo en las causas de la inequidad y de la guerra, si ganan los mismos, el modelo continuará. De nada sirven los diálogos, los paros y las marchas, si el día de las elecciones se decide reelegir, si se van a reelegir a los mismos, mejor, no protestar.

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