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Publicado el: Vie, Jun 13th, 2014

El mejor candidato: La Paz


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guillermo-segoviaGuillermo Segovia Mora/ 

Hoy suena extraño un país en el mundo en el que el próximo período presidencial lo está definiendo la posición de los candidatos opcionados frente a la paz.

En otros lares las demandas sociales imponen las prioridades. Aquí, no obstante que son apabullantes y urgentes, han cedido escalones para colocar como apremiante la bandera de la paz.

Ya el asunto no es si la paz se tornó en el emblema demagógico de un presidente contradictorio y oportunista, neoliberal y asistencialista, guerrerista y dialogante, tradicional y reformista. Lo compromete la paz.

En Juan Manuel Santos casi todo es discordante pero el proceso de negociación para la solución política del conflicto armado interno, en curso exitoso con las Farc y su inicio con el ELN, obedece a la madurez que reclamó Estanislao Zuleta  para  poder llegar a la paz y es de su autoría.

Una concepción y una metodología coherentes para avanzar en la búsqueda acuerdos, flexibilidad y claridad mutua del horizonte y los límites, reconociendo a las víctimas y la necesidad de la memoria histórica de la tragedia, podrían llevar a la desmovilización de la guerrilla más antigua del mundo por acuerdo político y a la paz de Colombia.

Por eso fue un error monumental, por haber avanzado tanto en ese propósito, que, ante  la embestida ultraderechista, Santos, temeroso de que el Procurador lo enredara a él en su inquisidora misión, hubiera firmado la destitución de Gustavo Petro, hijo de un proceso y su aliado en el propósito de la paz.

El Alcalde Petro se fajó como titán, parado en razones, para no dejarse sacar, frente al montaje injurioso y ultramontana, al que cedió temeroso y en equivocado cálculo electoral oportunista el gobierno destituyéndolo, cálculo que se demostró errado con los resultados  electorales de Bogotá donde perdió votación en lugar de aumentar. Petro advirtió el costo de esa decisión para el proceso de paz.

En la lucha de sus votantes por defender sus derechos y los del alcalde se logró el retorno transitorio a su cargo, después de haber agitado la Plaza de Bolívar y varias ciudades, debido a una nueva acción de tutela en la que el juez ordenó al Presidente acatar las medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana y éste cumplió por tratarse de “orden de la justicia colombiana”, reforzada luego por determinación similar del Consejo de Estado. La decisión de Santos se entendió como un gesto de rectificación y de invitación a apoyar el frente por la paz.

Entre tanto, los enemigos de una solución política avanzaron en su estrategia distorsionadora y de sabotaje, con filtraciones desde el interior de la Fuerza Pública, espionaje, publicación de información confidencial, propaganda negra y guerra sucia. La posición del uribismo, a través del expresidente y de su candidato Zuluaga, de negar el conflicto, ignorar las víctimas y ofrecer una paz por rendición y entrega, solo posible con aquél como figura tutelar, es un retroceso a la guerra. Las cosas iban mal para la paz.

De nuevo Petro con un agudo olfato político, advertido que la campaña de la ultraderecha avanzaba peligrosamente, a través de los activistas del movimiento Progresistas más cercanos, suscribió un acuerdo programático con el Partido Liberal, miembro de la coalición de gobierno, dando la clara señal de apoyar electoramente en primera vuelta a Santos y vivificar el proceso de paz.

Santos perdió por poco pero la paz se tornó en el elemento unificador de todas las fuerzas de izquierda y movimientos sociales -con las puristas y contradictorias excepciones  de Jorge Robledo, William Ospina y algún liderazgo del voto en blanco. La avalancha de  adhesiones dio la razón a la estratégica, temprana y urgente decisión de Petro, cuestionada acremente por incomprensión,  de optar por apoyar el proceso de paz.

Colombia hoy se debate en la encrucijada. Las acechanzas  del capitalismo salvaje, el autoritarismo, el guerrerismo y el revanchismo constituyen un peligro interno y en las fronteras. En un hecho histórico un sector amplio de la sociedad, mostrando madurez y cultura política, se ha puesto de lado de la paz y a partir de esa convergencia, logrado el objetivo  de la firma, será vital en la refrendación de los acuerdos y en el posconflicto, será presión y ojo vivo, será alternativa. La opción es entre el temor y la esperanza. Y no hay duda, votaremos por quien pueda hacer realidad nuestro anhelo de paz.

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