Publicado el: Sab, Abr 27th, 2013

El matrimonio Gay


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Planton en la Plaza de bolívar de BogotaPor Unicor//

“Incluso conocí a un arquitecto, brillante, dedicado a su mamá, que se dejó morir de inanición poco después de que ella se enteró de que era homosexual y que le dijo: lo prefiero muerto que marica. Nosotros resolvimos, como familia, ponernos como una mole de concreto para proteger a Arturo mientras crecía y se fortalecía para defenderse solo. En ese camino de aprendizaje conoció a Sebastián”.
Este párrafo es de Martha Lucía Cuéllar, la mujer que defendió la causa de la comunidad LGBTI en el Congreso, (El Espectador viernes 26 de abril de 2013). Madre de Arturo San Juan, activista LGBTI; quien a la vez fue compañero de Sebastián Romero, Edil de Chapinero; quien falleció en Febrero de 2011.

La discusión sobre la conveniencia de que se apruebe o no en el congreso el matrimonio Gay puede ser abordada desde diferentes perspectivas todas validas y respetables dentro de un Estado constitucional y democrático de derecho: la religiosa, la laica, la política, la académica, la biológica, antropológica, la jurídica, económica, la psicológica, la moral, la cultural, la científica, entre muchas otras, se puede también mirar desde lo simplemente humano.

El proyecto que fue hundido por una mayoría de senadores, en uso de sus facultades y competencias, desde un criterio civilista y moderno debió ser sin duda  aprobado. No son superiores los argumentos en contra que los argumentos a favor. Desde la dialéctica, como forma de la persuasión razonada y en el contexto del estado social y constitucional de derecho, el reconocimiento del matrimonio gay no es sino una prolongación del avance de los principios y valores constitucionales. También se hace insostenible desde el plano ético y jurídico, la imposición de discriminaciones entre iguales, entre seres que comparten las mismas características tanto materiales, espirituales como racionales.

Las posiciones en contra cimentadas sobre todo en concepciones religiosas, culturales y finalmente, en prejuicios, es decir; en juicios previos fundados o infundados, por lo tanto, ubicados en el subconsciente de cada uno de los seres humanos que votaron en contra; son fáciles de contradecir: Según la Constitución de 1991, aún vigente, los derechos fundamentales, entre ellos, la dignidad, la igualdad, el libre desarrollo de la personalidad, son prevalentes, hacen parte del núcleo duro constitucional, por tanto, el hecho que en un articulo, el 42 en la definición de la familia, y que hace parte del  Capitulo II de los derechos sociales, económicos y culturales; los constituyentes se hayan referido a un hombre y una mujer para la conformación de una familia, y para contraer matrimonio, no se puede interpretar como la negación del derecho al matrimonio entre parejas homosexuales. Recordemos que la Constitución no crea derechos, su mayor obligación es protegerlos. No porque un derecho no este en el texto constitucional, se puede desconocer por parte de las autoridades y la sociedad en general: Esto va en contra de los derechos fundamentales y desvirtúa la aplicación del bloque de constitucionalidad, que para estos efectos, prevalece. Hablar de proscripciones de otra índole para desconocer la igualdad material, resulta menos convincente, para resumir; las personas que sienten atracción, que desean amar y compartir, o conformar familia, o adoptar un niño o niña; con otras personas de su mismo sexo, son iguales en toda la extensión de la acepción, a quienes expresan otro tipo de gustos, deseos y sentimientos, como por ejemplo, los heterosexuales, bisexuales, y otras formas diversas de orientación sexual. Resulta por tanto insostenible negar el derecho al matrimonio a quienes tienen el carácter suficiente para asumir su sexualidad diversa y su deseo de desarrollar su personalidad plena, dentro de una sociedad, igualmente múltiple en sus expresiones.

La religión, los conceptos morales, y los agregados culturales, tampoco resultan eficaces para oponerse al matrimonio gay. Sin entrar a valorar a los que profesan alguna fe o creencia religiosa, es claro que el Estado colombiano, no tiene subordinación alguna frente a ellas, la moral es un concepto al que le han pretendido atribuir poderes excluyentes y descalificadores; sin caer en relativismos, habría que afirmar desde el texto constitucional, que la única moral prevaleciente es la que garantiza los valores de la civilidad y la vida feliz para todos y todas. Echando una mirada a los valores culturales, se sabe que muchos de ellos, desde la antigüedad, defendían y justificaban actuaciones contrarias a los derechos, a la igualdad y dignidad de los seres humanos. Varios de los que votaron negativo el matrimonio gay, con seguridad en otras épocas, podrían haber sido los discriminados por su color de piel, por ser mujer, por no tener bienes, por lo que pensaban, o por lo que querían, ¿Cuántos en el senado votaron en contra de su propio ser?.

Debería entonces tratarse el tema desde una visión conciliadora e integradora, con todas las garantías que ofrece el marco constitucional de una sociedad que desea transitar por caminos realmente democráticos. No se pudo en esta ocasión, los legisladores dijeron no al matrimonio gay, están en todo su derecho, personas en la sociedad les dieron poder para decidir, a la vez, la Corte Constitucional como otro poder constituido, es insuficiente para enarbolar la lucha. No alcanzándose el consenso entre subsistemas, siguiendo Habermas, habrá que resolver la tensión de forma democrática, entre mayorías y minorías; hoy las mayorías dijeron No. ¿Será que en las próximas elecciones parlamentarias, se puede cambiar la correlación de fuerzas, y las ciudadanías activas logran poner en mayoría, a quienes propugnan por la sociedad igualitaria que avanza?

Mientras eso pasa, no queda sino como Doña Martha Lucía, poner una mole de concreto frente a los gays, y frente a todos los que piensan, sienten y actúan diferente. No se puede permitir que en contra del amor, de los valores humanos y la razón universal; que la ignorancia y la intolerancia, sometan a tantos seres humanos, a la discriminación, y a la tristeza de vivir una vida segmentada.

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