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Publicado el: Mie, Sep 26th, 2012

EL MATRIMONIO DE BOGOTÁ

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Por: Héctor Pineda S. *

En el debate constituyente, a diferencia de Santa Marta y Cartagena, Bogotá hizo “capitulación” con respecto al tema electoral. Los votantes de Bogotá quedaron inhibidos para decidir sobre la elección de Gobernador y, de igual manera, los residentes de Cundinamarca no pueden elegir a la Primera Autoridad Distrital. La condición de Capital, tanto de  Colombia y del Departamento de Cundinamarca, se mantuvo inalterable.

La decisión de desagregar electoral y administrativamente Bogotá de Cundinamarca (debía ser igual para Atlántico y Bolívar) surgió en el momento en que a Bogotá se definió como Distrito Capital. Se tomó, entre varias razones, para poner fin al desequilibrio perverso en el cual, antes de 1991, Bogotá terminaba decidiendo sobre el territorio de la provincia imponiendo alcaldes y gobernadores desde Bogotá y tragándose el territorio de la Sabana, anexando municipios vecinos. Adicionalmente, también se hizo para avanzar en el modelo de Estado  regional gradual,  por el que optó el Constituyente de 1991 en el ordenamiento territorial. Algunos políticos cundinamarqueses, como era de esperarse, no les gustó.

La consentida “capitulación”, a la fecha, ha servido para que cada territorio, en el marco de su autonomía, alcanzara su mayoría de edad, encontrara su particular vocación, desplegando su propia personalidad. Pero, también, el camino recorrido se ha encargado de mostrar la interdependencia y variedad de asuntos comunes de Bogotá con sus vecinos. Recuperación de la olvidada  infraestructura férrea,  para incorporarla al urgente multimodal sistema integrado de transporte regional (sistema férreo ligero); la interdependencia alimentaria; la dependencia de Bogotá de las fuentes de suministro de agua para calmar la sed de casi ocho millones de almas; la localización en tierras del vecindario de los nacimientos hídricos y territorios paramunos compartidos que, entre otros factores, indican la urgente necesidad de abandonar las relaciones de concubinato y articulaciones territoriales efímeras (los “Contratos Plan”) que ha mantenido, en las últimas dos décadas, Bogotá con el vecindario, por unas más estables y duraderas: un matrimonio

Un matrimonio de Bogotá y sus vecinos, no sólo lo quiere el alcalde de Bogotá Gustavo Petro que sea materializada en el marco de las variadas modalidades de articulación que nos ofrece la LOOT (Ley Orgánica del Ordenamiento Territorial) sino que, de igual manera,   así lo dicta lo establecido en la letra de la ley distrital del Plan de Desarrollo Distrital de la Bogotá Humana.

Pero sabemos que esa boda tiene malquerientes. El mismo día en el que sin pudor abrimos el corazón y se le expresó amor eterno a los territorios vecinos, con “pedida de mano” incluida, surgieron voces de envidia sembrando cizañas y malquerencia. Opositores saben que un enlace matrimonial de la “Bogotá Humana” con Cundinamarca, Boyacá, Meta, entre otros, es el nacimiento de un nuevo territorio de región sostenible, de desarrollo en armonía con la naturaleza, de articulación internacional, incluyente y dispuesto a brindar todo el apoyo a los más débiles y desprotegidos, defendiendo lo público y dispuesto a erradicar todo tipo de mafias corruptas y criminales que se alimentan de la depredación y el despojo. Ello, por supuesto, no le agrada a los “carruseles”.

El matrimonio de Bogotá y los territorios vecinos, como Región Administrativa de Planeación Especial (RAPE), es un avance en la armonización de la planeación en los asuntos vitales; es echar a andar un enfoque compartido de política pública y avanzar en la perspectiva de un “Acuerdo en lo Fundamental” para proteger el agua, desatrancar la movilidad, proteger los páramos, avanzar en la articulación vial (doméstica e internacional) sin depredar la naturaleza y poner el territorio al servicio de la paz, entre otras. Un matrimonio necesario, urgente ¿La Consejera, Parody, acepta ser madrina de la boda? De todas maneras, estamos invitados.

*Constituyente de 1991

 

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