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Publicado el: Mar, Jun 11th, 2013

El Legado de Mandela


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Mario Serrato 2013Por Mario Serrato

Mientras las personas que admiramos a Mandela y su incalculable capacidad de perdón y reconciliación, esperamos un desenlace fatal de su internación en un hospital, aquí en Colombia debemos atender los trinos desesperados de Alvaro Uribe contra los diálogos de La Habana. Se está yendo un grande, nos queda un mezquino.”

Estuvo 27 años preso en una cárcel del régimen mas opresivo que la humanidad haya conocido durante la posguerra. Presenció la muerte uno a uno de sus compañeros de gesta antiapartheid. Desde prisión confirmó el crimen de Steve Bikos, a quien asesinaron en una prisión mientras era torturado y después conoció, con el mundo por testigo, la orden dada por un juez de Pretoria en la que se impuso que las cenizas del joven dirigente fueran retornadas a la celda para cumplir la cadena perpetua que por traición le impuso un Tribunal de blancos sudafricanos.
En prisión le fueron prohibidas todas las formas de visita, esto implica la visita familiar, la conyugal, la de sus amigos, la de dirigentes mundiales que reclamaban su libertad.
Se enteró impotente en un celda del modo en que en Soweto eran asesinadas las personas que se atrevían a oponerse al régimen. Debió pasar varias veces el trago de amargo de ver a su mujer Winnie Mandela huir al exilio mientras las cartas en que se explicaban las razones eran destruidas por lo guardianes de la prisión en la que su cuerpo estaba preso y su espíritu libre como un ave luminosa.
Conoció los argumentos del apartheid y el idioma de sus captores con rigidez de notario, con el propósito de entender que esperanzas llegaban a sus frentes y a sus corazones mientras administraban el país. Y qué sueños le trasmitían a sus hijos en la intimidad de sus hogares.
Le pidió a sus seguidores reprimidos aprender a hablar la lengua de sus opresores para que todos pudieran entenderse mejor. Censuró desde la cárcel los actos violentos de los muchos bandos en que se encontraba dividido su país y tuvo palabras de elogio para todos, incluso para los Africanner racistas, cuando estos alcanzaban un acuerdo, un logro nacional o simplemente evitaban una confrontación violenta.
Al salir de la cárcel por la presión internacional, no tuvo un solo gesto de venganza, incluso se separó de su amada Winnie cuando confirmó que esta había tenido actos de brutalidad con algunos de sus detractores. Convocó a su país al dialogo, y abrió las puertas de su corazón y de su grandeza incluso a quienes lo calificaban de terrorista. Mientras consiguió que el régimen oprobioso de racistas se sentara en la mesa, se presentaron varias masacres contra su pueblo y por su pueblo, aun así, no se paró un solo segundo de la mesa de diálogo.
Acogió entre sus afectos a un equipo de rugby que representaba el modo deportivo del racismo sudafricano y le pidió a su pueblo que lo imitara.  Este equipo resultó ser campeón del mundo, con personas de raza negra en su selección, y logró de ese modo una modalidad de cohesión social pocas veces vistas en la historia de la humanidad.
Fue elegido presidente del su país y 9 de sus 15 ministerios fueron ocupados por personas de raza blanca en una muestra extraordinaria de su capacidad de perdón y su anhelo de paz y convivencia.
Hoy, en un hospital de Johanesburgo, este magnifico ejemplar de la especie humana está muriendo. Sus pulmones y su corazón le entregan al planeta entero los últimos suspiros y latidos de un episodio de la historia en el que Nelson Mandela nos mostró que la especie humana aun vale la pena, que la convivencia es posible y que los odios pueden ser superados por objetivos superiores, entre ellos, la paz.
Mientras las personas que admiramos a Mandela y su incalculable capacidad de perdón y reconciliación, esperamos un desenlace fatal de su internación en un hospital, aquí en Colombia debemos atender los trinos desesperados de Alvaro Uribe contra los diálogos de La Habana. Se está yendo un grande, nos queda un mezquino.

 

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