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Publicado el: Jue, Nov 21st, 2013

EL FANTASMA DE SARAMAGO


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Tico PinedaPor: Héctor Pineda S.

“La solución del problema está en hallar el modo de que la pasión vehemente y la mesurada frialdad vayan unidas en un mismo espíritu. La política se lleva con la cabeza y no con otras partes del cuerpo”.

Como le sucedía desde el nacimiento, aquella mañana del segundo día de enero, la “presencia” se manifestó en un viento frÍo. La sombra, después del golpe climático, de pie, se posó detrás del espaldar de la silla en donde, sentado, repasaba el escrito de la plana académica. Sin espantarse, acostumbrado a la compañía de apariciones de fábulas de tiempos pretéritos, releyó la cita sobre la que había perorado en el debate de fin de curso: “La solución del problema está en hallar el modo de que la pasión vehemente y la mesurada frialdad vayan unidas en un mismo espíritu. La política se lleva con la cabeza y no con otras partes del cuerpo”.

Concluyó la lectura, enrolló al cuello la ruana tejida con hilos de lana virgen, calentó  las manos con el vaho del aliento, en un intento por mitigar el gélido de la habitación exacerbado por el frío de cementerio que deambula adherido a la piel invisible de los fantasmas y se dijo: “que chanda, en nada se parece a la política del amor que brota de las entrañas”. Exhausto, sin percatarse, se durmió recostado al antebrazo colocado al borde del teclado del computador.

Se soñó en el domingo de elecciones. A las ocho de la mañana, cuando los rayos del sol paramuno despejan la bruma de la cresta de los Cerros, se escuchó el Himno Nacional y, acompañado del Consejo de Ministros, de la Alta Oficialidad de todas las armas y la Primera autoridad de la Iglesia Católica, en medio del barullo de cámaras y micrófonos, tomado de la mano pecosa de su famélica esposa, el Presidente abrió la jornada electoral haciendo invocaciones sobre la importancia que, “para reafirmar la salud de la democracia y de la patria”, tenía el certamen electoral. Acto seguido, como en las imágenes que se trasmiten por televisión, contempló al Jefe del Estado caminar, ocultando los ojos en el oscuro del vidrio “transición”, hasta la mitad de la Plaza del Padre Fundador en donde se ubica la Primera Mesa Electoral y, sonriendo, exhibió la tarjeta doblada antes de introducir su voto en la urna. Sin sonrojo, para contrariedad de las colectividades de la oposición, en la expresión del rostro revelaba que había votado por si mismo. “El Presidente ya tiene su primer voto e inicia ganando las elecciones”, se atrevió a comentar el director de noticias de la radio.

Todas los signos indicaban que sería una jornada sin sobresaltos. La noticia sobre la quema de un par de urnas electorales en algún pueblo extraviado de la Cordillera; la captura del traficante de votos y el inevitable triunfo de congresistas que, apenas unos días antes, habían sido señalados por la oposición como agentes de la mafias y de financiar la campaña y sus partidos con “platas mal habidas”. Todo hacia parte del rito simbólico con los que manifestaba, desde hacía años, “la democracia más añeja del Continente”.

Sin embargo, después del medio día, como extraída de la letra de la ficción, ríos incontenibles de gente prorrumpieron en las calles, invadieron los puestos de votación y atoraron las urnas electorales de votos marcados en blanco. Nunca se supo cuantos votos se depositaron. Al igual que en aquel domingo 19 perdido de la historia, se impuso el “Toque de Queda”. Tanquetas artilladas patrullaron la soledad de las calles. Por la televisión repetían los cinco goles que la Selección le había propinado al “Campeón del Mundo”.

Despertó sobresaltado. Desperezándose contempló la carátula de la novela y, como una revelación, recordó el epitafio del escritor: “indignado por estar muerto, por haber muerto sin cambiar el mundo”.

ticopin57@hotmail.com

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