Publicado el: Mar, Ago 14th, 2012

El consumo de drogas: una realidad latente


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Informe Especial. Por Jaime Alberto Barrientos.  Aumento en el consumo, diversificación de expendios y opiniones encontradas, la regla preponderante en la última semana.

El pasado 4 de agosto el alcalde Gustavo Petro le concedió una entrevista a Yamid Amat en la que le recordó algo que muchos tienen presente en Bogotá: “Buena parte de la violencia y criminalidad que aún queda en la ciudad tiene una derivación del consumo y tráfico pequeño de drogas”. Y a renglón seguido le soltó una perla que puso a todos a hablar: “Nosotros deberíamos permitir unos centros para adictos que hagan el tratamiento, no solamente con drogas que quiten la ansiedad, sino que incluso el adicto pueda consumir relativamente controlado, sin provocar daño a la sociedad”.

Y aunque Petro estaba pensando en una forma de combatir una parte de la violencia que afecta la ciudad, el gran debate se dio en torno a las drogas. Fue tan fuerte la controversia que todos metieron baza y la propuesta llegó hasta oídos del gobierno que frenó la iniciativa argumentando que ésta debería pasar por el Congreso algo que el alcalde aceptó dejándola reducida a la implementación de unos buses que atenderían a los drogadictos en su sitio de consumo.

El péndulo de la opinión fue de un lado a otro y se dijeron cosas como que el alcalde buscaba legalizar el consumo, que se pensaban utilizar dineros del Estado para adquirir las drogas que serían entregadas a los adictos y hasta que se crearían zonas de consumo en la ciudad.

Lo cierto es que en Bogotá, así como en otras ciudades del país, la adicción a las drogas es un problema real. Según un informe del Centro de Estudios y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana, de la Alcaldía Mayor de Bogotá, en la capital hay más de 145 mil drogadictos; de ellos 125 mil consumen marihuana; 9 mil, cocaína; 7 mil, bazuco; y 1.200 éxtasis y otras sustancias.

De acuerdo con el mismo estudio, en los estratos uno, dos y tres se consume en su mayoría marihuana y bazuco; mientras que en los estratos cuatro, cinco y seis, prefieren la cocaína, el éxtasis y otras drogas sintéticas.

En 2008, un estudio realizado por el gobierno colombiano arrojó que en el país había 450 mil consumidores de marihuana, 140 mil de cocaína, 34 mil de bazuco, 31 mil de éxtasis y 3 mil de heroína.

En Cali, Medellín y Barranquilla se viven situaciones parecidas con la consecuente afectación de la seguridad provocada, sobretodo, por los adictos de estratos bajos que no tienen el suficiente capital para sostener su adicción ante lo cual optan por robar o empeñar cosas de sus casas (por lo general electrodomésticos) para obtener dinero que termina en los bolsillos de los expendedores. Otros más son capaces de herir o matar a alguno de sus compañeros de adicción para “meterse un pitazo” de bazuco o marihuana, aunque esta situación no se da solo en estratos bajos. Paula*, una estudiante de una reconocida universidad de Bogotá, recordó que el hermano de una compañera suya “se sacaba las cosas de la casa” y las empeñaba para poder pagar los 30 mil pesos que le cuesta cada gramo de cocaína. Ella le reveló a Actualidad Urbana que un día, estando en un reconocido centro de diversión gay, “un transgenerista me atacó en el baño y me obligó a consumir”.

En Bogotá, hay diversos puntos identificados por la ciudadanía y las autoridades como focos de expendio y consumo de sustancias psicoactivas. Nombres como El Bronx, La Favorita, San Bernardo, La Ele, El Parque Lourdes, El Chorro de Quevedo y la Zona Rosa son familiares para quienes consumen este tipo de sustancias. Sin embargo, y a pesar de que la Policía realiza constantes operativos de incautación de droga y captura de expendedores, los puntos críticos siguen allí, tan campantes. Con un agravante, la venta de droga se ha venido esparciendo paulatinamente hacia otros puntos.

Son frecuentes los informes que señalan que en colegios y universidades, públicas y privadas, se expenden y se consumen drogas, y es real que en muchos casos esos fueron los sitios del primer contacto con un moño (bolsita con una pequeña cantidad de marihuana), un pase, fuetazo, fozito o fuá (línea de cocaína) o una pepa (por lo general éxtasis, aunque también se pueden encontrar otras drogas sintéticas). Tal es el caso de Juanita*, quien a los 14 años tuvo su primer vuelo con un cigarrillo de marihuana que le dio a probar un compañero de curso. “Yo estudiaba en un colegio campestre y nos íbamos por allá al lado de los árboles a fumar. Ya después pusieron cámaras y quién sabe cómo será ahora”, recuerda ella ocho años después declarando que hoy se encuentra “limpia”.

Según el informe de la Alcaldía, de los 1.632 homicidios registrados en la ciudad entre enero y diciembre de 2011, 252 (15,4%) estuvieron relacionados con los estupefacientes y de los 329 homicidios de habitantes de calle, 90% están relacionados con el consumo.

Por eso, y volviendo a la entrevista con Yamid Amat, el alcalde aseguró que si se implementan estos centros de atención a los drogadictos, “como plan piloto en las áreas más violentas de la ciudad, el año entrante tendríamos una caída aún mayor del delito total: desde el homicidio hasta el robo de celulares”. Para el alcalde “el microtráfico, donde están el jíbaro, la olla, es una organización piramidal armada, que no es la gran mafia. ¿Esa organización de qué vive? (…) Con este plan se acabará la banda mafiosa y desestimularemos el delito para el vicio”.

Tratando de validar su propuesta, Petro sacó a relucir experiencias de otras partes del mundo como Madrid, Barcelona, Vancouver o Berna en donde ya existen centros de este tipo; o California (Estados Unidos) y Ámsterdam (Holanda), en donde se estudian diferentes alternativas de consumo en una creciente población consumidora de marihuana; y las más recientes iniciativas como la del presidente Mujica de Uruguay, quien propuso oficialmente que el gobierno asuma la producción y distribución de marihuana, o la de Chile, en donde el Congreso debe evaluar un proyecto para legalizar el cultivo y el consumo personal y terapéutico de la marihuana.

“Si el Gobierno acepta que se haga ese experimento de permitir el consumo controlado y guiar hacia la desintoxicación médica y sicológica en esas áreas de Bogotá, donde se mata la gente, llegaremos a una ciudad con índices de violencia comparables a las ciudades más pacíficas de Europa”, dijo el burgomaestre capitalino cuando presentó su polémica propuesta.

En Colombia son muchas las iniciativas que se ha presentado frente a este fenómeno, desde una política pública nacional en la que el Gobierno habla de la descentralización como una herramienta “primaria a la esencia y razón de ser del Estado”, principio sobre el cual se podría apoyar Petro para sacar adelante su idea. Además, en Bogotá ya existe un proyecto de acuerdo para tratar el tema en donde se reconoce que Colombia pasó de ser un país productor a ser un país consumidor de sustancias psicotrópicas basados en información de la Presidencia de la República y la Dirección Nacional de Estupefacientes que dicen que entre 1996 y 1999 se pasó de una población consumidora de cocaína del 0.9% al 3.5% y que para 2001 llegaba a 4.5%, mientras que para la marihuana los consumidores fluctuaron entre 5.4% y 9.2%, en donde el mayor porcentaje de consumidores se encuentra entre los 18 y los 24 años.

A nivel mundial, Naciones Unidas estima que en 2009 entre 149 y 272 millones de personas de todo el mundo (del 3,3% al 6,1% de la población de entre 15 y 64 años de edad) consumieron sustancias ilícitas como mínimo una vez en el año anterior.

Entre lo expertos las posiciones para el tratamiento de este problema son diversas y van desde aquellos que aprueban la posición del procurador Alejandro Ordóñez quien aseguró que la propuesta era ilegal hasta aquellos que dicen que se quedó corta.

El jefe del ministerio público rechazó la propuesta diciendo que era ilegal y hasta inconstitucional y dudó de que con ella se acabara la delincuencia y anotó que en lugar de contrarrestar el consumo lo que se haría sería estimularlo.

Para Augusto Pérez, especialista en adicciones y director de la corporación Nuevos Rumbos, que se centra en la atención a los drogadictos, se trata de “un gran reto, porque rehabilitar a miles de consumidores de bazuco es una tarea muy compleja”. Pérez declaró a la AFP que “si los centros acogieran realmente a consumidores de bazuco sería algo muy novedoso en Colombia y en el mundo, pues hasta ahora los países europeos sólo atienden a heroinómanos”.

Lo extraño es que el propio gobierno nacional sancionó en julio de este año una ley que reconoce que la adicción a las drogas debe ser tratada como un problema de salud pública, y los consumidores como pacientes y no como delincuentes. Además, desde 1994 en Colombia se despenalizó la tenencia de una dosis personal de drogas, establecida en un gramo de cocaína o 20 gramos de marihuana.

“Colombia gasta millones de pesos y de dólares en la lucha contra las drogas, pero muy poco destina a tratamientos integrales de rehabilitación”, dijo a la AFP Álvaro Enciso, presidente de la fundación La Luz, dedicada a la atención de adictos, y añadió que “la propuesta de Petro abrió el debate sobre el consumo interno de marihuana, cocaína, bazuco y heroína, droga esta última que está aumentando considerablemente su consumo en la capital”.

En Barranquilla, dos psiquiatras, un toxicólogo y un abogado constitucionalista consultados por El Heraldo se mostraron de acuerdo con la propuesta de Petro, mientras que el secretario de Salud Departamental rechazó la propuesta.

Juan Isaac Llanos, médico psiquiatra, dijo que “la idea no es descabellada, quien la critique sin fundamento raya en la ignorancia. Sería bueno que en Barranquilla crearan uno de estos centros pero invitaría a que las autoridades se sentaran con los conocedores de la materia, como psiquiatras, psicólogos y terapeutas ocupacionales para mirar cómo se puede organizar” y agregó que en Barranquilla 75% de las consultas que atienden los psiquiatras es por consumo de drogas psicotrópicas y psicoactivas que producen adicción.

Agustín Guerrero, médico toxicólogo, estuvo de acuerdo con la decisión de la Corte Constitucional cuando dijo que “la adicción a las drogas es una enfermedad y debe ser tratada por el Estado con programas que le permitan al drogadicto recuperarse, estableciéndose la obligatoriedad de tratamientos”. Este toxicólogo afirmó que a los drogadictos no se les ofrece una verdadera asistencia para evitar que tengan recaídas o para ayudarlos a salir del problema.

Para Pedro Gómez, también médico psiquiatra, aunque en nuestro medio la heroína no es un problema mayor, “lo cierto es que mucha gente que consume cocaína y bazuco delinque para poder sostener su adicción. En algunos sitios del mundo con esta medida han podido bajar los índices de criminalidad de personas desesperadas por el consumo”, y luego anotó que “la creación de un centro de consumo controlado, bien planificado, en determinado sitio en Barranquilla, donde hay personas que delinquen, podría tener un impacto positivo”.

El abogado constitucionalista Fernando Borda, aseguró que la propuesta necesita un marco jurídico “porque en la Constitución prima la vida” y explicó que esa es la única forma que existe en este momento para poder bajar el consumo de drogas. “En países europeos ha dado buenos resultados y Colombia está entrando en esa etapa porque las personas adictas son enfermas y necesitan un tratamiento médico y no policivo”.

Por su parte, el toxicólogo Camilo Uribe le aseguró al Canal Caracol que crear estos centros de atención al drogadicto no es una solución para quitarle clientes al microtráfico. “No me puedo yo imaginar un lugar donde un adicto vaya a consumir por ejemplo LSD, desencadene una psicosis tóxica, salga y después cometa 20 homicidios, y el Estado sea copartícipe de ese tipo de situaciones”.

El psicólogo Wilson Ruiz, quien presta sus servicios a Fundar, fundación creada para la investigación, prevención y el tratamiento de las adicciones, asegura que Bogotá se podría convertir en un “atractivo turístico” para los consumidores de droga de otras ciudades o incluso otros países.

Miguel Cote, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Nacional, le dijo a City Tv que “es fundamental tener una ruta de atención pronta, rápida y oportuna y tener diferentes niveles de atención” y anotó que aunque es una propuesta muy bien intencionada es ingenua porque “no se hace desde una perspectiva integral, en contradicción de leyes vigentes y políticas que ya existen. Un centro de consumo controlado podría estar por fuera de la ley”.

Sustancias como la cocaína, la heroína y el alcohol, son las más consumidas por los jóvenes en Cali. Así lo detectó la Secretaría de Salud del municipio y la dirección de toxicología del Hospital Universitario del Valle. La situación es preocupante porque la mayoría de los consumidores son menores de edad. A través de un estudio, la Secretaría de Salud de Cali encontró que las personas que se vinculan al consumo de sustancias psicoactivas son cada vez más jóvenes y que, al igual que en otras ciudades, el consumo se da entre compañeros de colegio.

En 2010, el entonces, secretario de Salud de Cali, Alejandro Varela, explicó que en esa ciudad se presentó un notable crecimiento en el número de personas que consumen sustancias psicoactivas, se redujo la edad a la cual se involucran en el consumo y se aumentó la potencia de las drogas usadas. “Encontramos la mezcla de medicamentos psiquiátricos con alcohol, que funciona como un estimulante”, dijo Varela en esa ocasión al canal ET – El Tiempo, mientras que el médico Maurix Fernando Rojas, del Hospital Universitario del Valle, principal receptor de jóvenes intoxicados en esa parte del país, agregó que entre 2005 y 2010 detectaron que “las tres principales razones por las cuales ingresa un paciente a nuestra institución son: complicaciones derivadas del consumo de alcohol, depresión respiratoria por heroína, dolor torácico y agitación psicomotora por cocaína”.

En Medellín, quienes ayudan a las personas con adicción consideran que hay estrategias que vale la pena estudiar. Según Arnold Valencia, de la Fundación La Luz, “estas propuestas son buenas para personas que no quieran dejar de consumir, que quieran seguir activos en el consumo, para que no corra riesgo su vida, ni su entorno”.

El secretario de Salud de Bogotá, Guillermo Alfonso Jaramillo, aclaró que la propuesta únicamente establece el suministro de drogas permitidas por la ley, para disminuir la ansiedad de lo adictos. “Vamos a trabajar con las drogas que están aceptadas, que podemos usar con prescripción médica, que no están disponibles en el mercado y que están controladas” explicó Jaramillo.

Por ahora, la administración distrital anunció la entrada en funcionamiento de Centros de Atención Médica para Adictos a las Drogas (Camad) ambulantes y la idea es que en septiembre de este año los primeros dos vehículos rueden por las calles del Bronx y San Bernardo, en el centro de Bogotá, y donde están las “ollas” (expendidos) más grandes de Bogotá. Para ello, se han destinado 2.400 millones de pesos.

Esa acción no parece suficiente ya que en total, en la ciudad, la Policía ha identificado más de 450 puntos de venta de estupefacientes, teniendo como las localidades más afectadas a Santa Fe, Los Mártires y La Candelaria, seguidas de Chapinero, Barrios Unidos y Teusaquillo. Fue por ello que durante la pasada administración se implantó el toque de queda para menores de edad en algunas zonas de las localidades de Los Mártires, Antonio Nariño, Kennedy, Engativá, Usaquén, Suba y Bosa.

Aunque, como se sabe los puntos de consumo se han ido trasladando a parques de barrio, plazoletas, discotecas y zonas de bares en medio de los barrios como Modelia, Las Américas o Venecia. Según una denuncia del concejal Felipe Ríos, parques como los de Primavera, Bonanza, San Roque, Divino Salvador y 24 parques más son utilizados por los jóvenes para el consumo de sustancias psicoactivas, especialmente marihuana. El funcionario dijo que una muestra de la falta del control al consumo de droga se refleja en estudios recientes, según los cuales, el 26 por ciento de los ciudadanos no utiliza los parques de barrio por temor a los problemas de inseguridad.

Jorge* le contó a Actualidad Urbana que es normal ver a los jíbaros (expendedores) en los alrededores o en la misma puerta de los bares y discotecas de música electrónica comerciando con cocaína, éxtasis y otras drogas, a lo cual se suma Juanita* quien agrega que una sola dosis de cocaína no es suficiente para una noche de rumba y que ella, en sus tiempos, tenía que comprar hasta seis dosis.

Según los mismos consumidores, si la cocaína es pura el gramo puede costar entre 30 y 50 mil pesos, según el sitio, y si no es tan pura, puede llegar a costar hasta 15 mil. Según un estudio de la propia Procuraduría, el bazuco lo adquieren en El Bronx o en las plazas de Paloquemao, Las Ferias y Quirigua y la unidad puede costar hasta dos mil pesos y algunos ofrecen con el producto pipas para su consumo a 1.500 pesos. Dicho estudio, realizado por el Instituto de Estudios del Ministerio Público (Iemp), asegura que muchos de los expendios se localizan en los alrededores de los colegios y que los jíbaros muchas veces se camuflan como vendedores ambulantes o vendedores de minutos.

Y como ya lo había revelado una encuesta de la Cámara de Comercio de Bogotá hecha en 2008, este fenómeno genera sensación de inseguridad entre los vecinos del sector donde se expende. Según la Policía Metropolitana, durante los procesos de incautación se han encontrado hasta 500 modalidades de caletas para ocultar la droga, así como todo un esquema de seguridad que va desde los campaneros, hasta los guardas privados o “sayayines”.

Sin embargo, la droga ya se puede encontrar hasta en internet. Un estudio de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) deja ver que el aumento en las ventas de drogas ilícitas a través de las llamadas farmacias clandestinas en internet es motivo de inquietud según aseguró su presidente, Hamid Ghodse.

Lo cierto es que, como lo asegura un estudio de la Dirección Nacional de Estupefacientes, es claro que en sociedades como la bogotana, las personas y en especial la población infantil, adolescente y en general juvenil, se encuentra en busca de nuevas sensaciones, con gran curiosidad, con un insaciable afán de posicionarse en un entorno social y muchas otras circunstancias sobrevinientes, que son utilizados como pretexto para optar por el consumo de sustancias psicotrópicas ya conocidas o aquellas nuevas que a diario incursionan, acrecentando el ya amplio espectro de drogas para el consumo.

Los consumidores de drogas de altos estratos no tienen problemas económicos para conseguir la droga, pero los de estratos bajos tienen que robar para conseguirla. Hay siete mil consumidores de bazuco en estratos uno, dos y tres y nueve mil de cocaína en estratos cuatro, cinco y seis.

(*) Nombre cambiado.

Foto tomada de http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/ndetalle/article/adiccion-a-las-drogas-asunto-de-salud-publica.html

Displaying 1 Comments
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  1. Pablocasso dice:

    La opinión que se muestra sobre el LSD parece ser algo exagerada. No hay un estudio contundente que relacione la psicosis con el acido lisérgico. Este escrito es muy concreto y despeja las dudas que dejó la entrevista de Petro. Aunque sería interesante saber más sobre si hay una cultura, es decir, una compresión, con respecto al uso de las drogas en Colombia. Algo que trascienda de los típicos marcos. Asimismo, la “cifrología” es contundente, pero no revela todos los motivos precisos de los consumidores. Gracias.

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