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Publicado el: Mar, Oct 9th, 2012

El Che hoy

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Por Guillermo Segovia Mora

Hace 45 años fue asesinado Ernesto Guevara de la Serna, Che para la posteridad. El legado del que nacido en Rosario, Argentina,  se hizo revolucionario como testigo de la realidad lacerante de los pobres de Bolivia, Perú y Guatemala, adhirió a la gesta rebelde de Fidel Castro en México, tuvo su bautizo de fuego y fue constructor de la nueva Cuba, cayó asesinado en Bolivia  y se calificó como latinoamericano  a secas,  se palpa en los  procesos más importantes que vive Latinoamérica, en la batalla de ideas que hoy descarta las armas -al decir de Fidel Castro-, en la fascinación que produce su imagen, en las biografías e investigaciones que provoca, en la literatura, el cine y el arte que motiva.

De la Sierra a La Higuera

En sus viajes por Latinoamérica, el Che joven palpó la miseria, el engaño del reformismo, el vasallaje a la Casa Blanca y el tutelaje del imperio, condiciones objetivas que  lo llevaron a la convicción de la necesidad de un cambio por la vía revolucionaria. Aunque creía que las masas populares podían llegar al poder por la vía electoral, sabía que en aquel momento, años 60, era imposible que se les respetara el triunfo y menos que se dieran trasformaciones sociales. Con el Ejército Rebelde liderado por Fidel Castro, tomó el poder en Cuba el 1º. de Enero de 1959. Presidió los tribunales revolucionarios que juzgaron a quienes el pueblo identificó como criminales del régimen batistiano, muchos de los cuales fueron condenados y ajusticiados, actuación que le generó rencores lógicos entre los allegados de los sentenciados y se convirtió en argumento político de los enemigos y detractores suyos y de la revolución.

Asumió importantes cargos en la conducción económica del proceso hacia la construcción del socialismo y teorizó, actuó  y polemizó desde el marxismo. Promovió la reforma agraria,  la planificación centralizada,  la industrialización, el trabajo voluntario  y los estímulos morales. Algunos de sus argumentos están vigentes, otros se demostraron erróneos, muchos aún esperan su momento. Cuestionó el burocratismo, la ineficiencia y el afán de lucro. Concibió y trató de formar con el ejemplo al hombre nuevo del siglo XXI como un ser forjado en la ética, el amor y la solidaridad. Representó a Cuba con dignidad, sinceridad y energía en los grandes escenarios diplomáticos del mundo, donde impactó su discurso contundente y elocuente. Fue un convencido y radical antimperialista. Denunció los desequilibrios de la economía mundial, reclamó equidad de los países socialistas y logró con ellos acuerdos favorables sin renunciar a cuestionarlos, con razones probadas a finales de siglo cuando se vinieron abajo y Cuba, con el Che ya ausente físicamente pero presente con sus ideales, superó ese  duro trance.

Su convicción de que Cuba era apenas un paso en el camino de la emancipación de los pueblos lo llevó a retirarse de las responsabilidades gubernamentales para volver al combate, primero por la liberación del  Congo, de donde retornaría frustrado y, luego, en Bolivia donde encontraría la muerte. La experiencia de la Sierra Maestra y la victoria de  la revolución, en la que fue protagonista como estoico y avezado combatiente, se tradujo en  la teoría del foco guerrillero, destacamento de revolucionarios en armas que habrían de desatar las condiciones subjetivas para el levantamiento popular, concepción que resultó inviable en otros entornos. Con su propia vida selló su compromiso voluntarioso  en La Higuera, donde por órdenes superiores, lo asesinó el 9 de Octubre de 1967, en presencia de agentes de la CIA, un oficial nativo al que médicos cubanos le devolvieron la vista 40 años después. En Cuba fue declarado Héroe Nacional y se convirtió en estandarte de las luchas populares en el mundo.

Una imagen ubicua y sempiterna

Hace un par de años se conmemoró  el cincuenta aniversario de la imagen del Che Guevara que con el tiempo se convirtió en icono de la rebeldía universal y es una de las más importantes y la más reproducida de la historia de la fotografía. El 4 de Marzo de 1960, apenas unos meses después del triunfo de la Revolución Cubana, un sabotaje de la CIA hizo estallar en el puerto habanero la embarcación La Coubre que contenía munición de origen belga comprada por el gobierno revolucionario, causando decenas de muertos. Al día siguiente, en segundo plano de la tribuna de la ceremonia fúnebre, hizo discreta presencia el Che. En algún momento,  mientras Fidel honraba a los mártires y señalaba a los criminales, se asomó a ver la multitud indignada.

El fotógrafo Alberto Korda obturó su máquina captando un instante que trascendió el siglo en una hermosa fotografía. Al  centro, en medio plano, el Che bravío. De la boina negra adornada por la estrella de cinco puntas, insignia del grado de Comandante, caía una desordenada melena al viento, resaltada por la chaqueta de cuero cerrada hasta el cuello. Su mirada herida, profunda y viril  reflejaba el dolor del pueblo en la plaza. A la derecha, tras él, una palmera cubana. En el flanco izquierdo, distante, un hombre a quien con los años se identificaría como Jorge Masetti, periodista argentino fundador de Prensa Latina, muerto en un intento de implantación guerrillera en ese país. En otra toma del rollo, en la primera fila de la tarima,  un poco delante del Che, Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre,  filósofos y escritores existencialistas que encontraron en Cuba una esperanza, escuchan la prédica iracunda y acongojada  de Fidel.

En su laboratorio, Korda recortó la foto dejando al Che solo lindando con el cielo y la tituló El Guerrillero Heroico. Al comienzo fue utilizada para ilustrar avisos de prensa de convocatorias a eventos y charlas del Comandante. El fotógrafo facilitó algunas copias a amigos y visitantes extranjeros. Tras la especulación sobre  su presencia al mando de un destacamento guerrillero en Bolivia, la revista parisina Paris Match la usó como portada. El editor comunista milanés Giangiacomo Feltrinelli, a quien Korda había regalado un par de impresiones, la reprodujo en un millón de afiches con la frase de despedida de la carta a Fidel, Hasta la victoria siempre, para hacer visible a la guerrilla boliviana, y con ella ilustró el Diario del Che en Bolivia que puso a circular por el mundo un año después de su muerte, luego de la edición oficial en Cuba, que fue posible gracias a que el arrepentido Ministro del Interior de Bolivia lo hizo llegar a La Habana junto con las manos del guerrero, que los militares le habían cercenado para probar su identidad.

Sobre el mismo retrato, el artista  cubano Frémez hizo la primera versión gráfica en su país, para el afiche de convocatoria al homenaje de  despedida del guerrillero, configurando el rostro con una trama de puntos negros difuminados con intensidad ascendente, acompañado abajo con la leyenda Hasta la victoria siempre y la firma del Che, también en negro, todo en fondo rojo, el color del único papel de que se disponía. Sobre una bandera de Cuba, la imagen agigantada, escogida por Celia Sánchez Manduley, cubrió el edificio del Ministerio del Interior, vecino a la Plaza de la Revolución, en el acto solemne del 18 de Octubre de 1967, y luego fue silueteada en acero en el mismo lugar, como recuerdo perenne.

El irlandés Jim Fizpatrick, con su versión al estilo de la Marilyn Monroe de Andy Wharol,  afianzó la universalidad del ícono de un personaje que ya era figura mundial. Fue la contribución del pop-art, en pleno auge entonces  (junto con The Beatles, la píldora anticonceptiva, el movimiento esudiantil y el repudio a la agresión estadounidense a Vietnam), que con la simplicidad de perfiles y superficies de su concepción reduccionista, estereotípica e igualitaria,  facilitó la reproducción de la imagen con aerosoles, screen, siluetas, offset y otros medios fácilmente disponibles, con los que se fijó en volantes, afiches, paredes, camisetas y pendones que caracterizaron e identifican movilizaciones y rebeldías.

Así, la foto se convirtió en el símbolo del movimiento contestatario que sacudía a Occidente a finales de los años 60, una  década de cambios, y en adelante ha inspirado  la creatividad de la plástica cubana y mundial y con variaciones de todo tipo recorre el mundo con su significado de indignación, indocilidad, reto y clamor de justicia. Su popularidad, desde luego, también la convirtió en objeto de consumo, lo que, sin embargo, no reduce el significado, como se analiza ligeramente, porque quien diseña los productos o los porta o usa sabe de qué valores y actitudes se trata, así el objetivo para unos sean las monedas y para otros la exhibición.

La fascinante historia de la foto, sus aplicaciones artísticas  y usos comerciales fue apreciada con el nombre de Narrativa de un relato: el Che de Korda, en el Museo de la Fotografía de los Ángeles, el Victoria y Albert Museum de Londres,  el Centro Internacional de la Fotografía de Nueva York y en la Tiennale Bovisa de Milán y, en 2008, con algunas modificaciones, en  el Palacio de la Virreina de Barcelona, bajo el título ¡Che! Revolución y Mercado, exhibiciones preparadas por  Trisha Ziff, quien junto con Luis López dirigió, a partir de la muestra, el documental  Chevolución, con testimonios de admiradores del Che como Gael García, Antonio Banderas y Garry Adams del IRA; la hija de Korda y Liborio Noval, otro fotógrafo de la Revolución, recientemente fallecido.

Si Korda logró el retrato que dio a conocer al Che en el mundo y lo convirtió en ícono de la rebeldía, el fotógrafo boliviano Freddy Alborta, admirador de Guevara, con los 77 registros de su aprisionamiento y muerte, logrados, como lo reconociera, en un ambiente de misticismo y misterio pero negando que tuviera intenciones de darle una dimensión religiosa –la que sin embargo impregnaba el escenario con campesinos en oración penitente y el Che yerto sobre una alberca como arquetipo de la muerte en Occidente-,  logró encuadres que aseguraron su canonización. Según el crítico inglés John Berger, al comparar esas fotos con las pinturas clásicas La lección de anatomía del Doctor Tulp de Rembrant y Cristo en escorzo de Mantegna -a las que debe agregarse  El Cristo muerto de Holbein el joven y  la mítica pasión de Cristo-, la composición tradicional del cuadro empleada por Alborta, inmersa en el imaginario colectivo occidental, enlaza sus registros con esas representaciones de Jesús, dándoles una aureola de misticismo.

Con  las fotos los militares buscaban mostrar la veracidad de la muerte,  para lo cual incluso limpiaron el cuerpo, despojándolo de andrajos y barro, y acicalaron el rostro de Guevara, pero el arte y la magia de la fotografía, con los misterios que rodearon las instantáneas, potenció la mitología.  Hoy aún se venera a San Ernesto de La Higuera, el profeta martirizado. Pero para la acción, sigue hablando la foto de Korda en las marchas estudiantiles latinoamericanas, las acampadas de los indignados europeos, el  Occupy Wall Street, la lucha palestina y las barriadas africanas. En todo lugar donde se rebelan o resisten los de abajo.

Con la CIA y el FBI en los talones

En 1997, con motivo del treinta aniversario del asesinato del Che, la editora Ocean Press puso en circulación en inglés el libro El Che Guevara y el FBI. Documentos de la policía política de los Estados Unidos sobre el revolucionario latinoamericano, de los abogados progresistas estadounidenses Michael Ratner y Michael Steven Smith, editado en español en el 2000 por Siglo XXI de México. Contiene 109 documentos del FBI desclasificados en 1985 por solicitud de los autores amparada en la Ley de Libertad de Información. No acudieron a otras agencias, pero varios de los reportes reproducen informes de la CIA, el Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado, embajadas estadounidenses y otras dependencias especializadas en espionaje y contrainsurgencia.

En la introducción, los abogados, basados en los archivos, constatan los estereotipos sobre los latinoamericanos incultos y antiestadounidenses por “celos y resentimientos infantiles” y deducen que en muchos casos los reportes están elaborados con información falsa pero plausible para el gobierno o consecuente con los deseos de las agencias o grupos interesados, como los supuestos desacuerdos entre Fidel y El Che por el liderazgo y el alineamiento internacional, las tensiones de Cuba con la URSS y China, el destino de Guevara una vez se ausentó definitivamente -lo veían en todas partes- y las especulaciones sobre su muerte -antes de Bolivia lo mataron varias veces-.

Según los registros, el Che fue motivo de seguimiento temprano, desde su paso por Miami al final de su primera excursión latinoamericana (“Diarios de Motocicleta”), en 1952,  el cual cesó en 1968,  meses después de su muerte en Bolivia, encontrándose informes de infiltrados en la guerrilla de la Sierra Maestra y transcripciones de discursos en vivo exclusivas. Si bien los documentos no son explícitos sobre planes para asesinarlo y están muy tachonados, en ellos es evidente que los servicios secretos se empleaban a fondo en neutralizarlo, mientras boinas verdes gringos asesoraban a los ranger bolivianos en contraguerrilla. Se corrobora así lo que ya habían demostrado varios años antes los escritores cubanos Adys Cupull y Froilán González, en el libro La CIA contra el Che, a partir de investigación de campo, entrevistas, incluidos ex-agentes de la central, archivos latinoamericanos y fuentes cubanas.

Una década después del libro Ratner y Smith, el levantamiento de la reserva de los archivos secretos por el Gobierno Clinton y el Congreso permitió a los periodistas Mario Cereghino, argentino, y Vicenzo Vacile, italiano, acceder a una documentación más amplia sobre el asunto, publicada en 2008 por RBA de España, con el nombre de Che Guevara Top Secret. La guerrilla boliviana en los documentos del Departamento de Estado y la CIA. Se trata de documentos de fuentes estadounidenses sobre la situación boliviana correspondientes a los años 1963-64 y 1967-68, algunos ya publicados por Ratner y Smith.

Refrescan hechos tan interesantes como el reporte del supuesto acercamiento del Che Guevara      -que Ratner y Smith deducen inducido por los agentes gringos- a Richard Goodwin,  representante del Presidente  John Kennedy, en una reunión en Montevideo en 1961 en búsqueda de un modus vivendi, que si bien no fructificó podría evidenciar las diferencias entre las vías diplomáticas del ejecutivo y las de hecho de los servicios secretos, o las dos caras de la misma moneda. Lo contradictorio, aunque no tanto viniendo de la diplomacia detectivesca de los Estados Unidos, es que documentos posteriores involucran al propio Goodwin tratando de influenciar con  falsedades, la información sobre las relaciones cubano-soviéticas para ambientar fracturas desfavorables a la isla caribeña. Las reuniones con el Che, con ocasión de la cumbre de Montevideo, provocaron los golpes de Estado que derrocaron a los presidentes Quadros de Brasil y  Frondizi de Argentina.

El intento de acercamiento, en apariencia, se repitió en diciembre de 1964, cuando a instancias de la periodista Lisa Howard -quien moriría en extrañas circunstancias- el senador Eugene McCarthy, candidato presidencial demócrata en 1968 contrario a la intervención en Vietnam y entonces cercano a Robert Kennedy, se encontró con el Che en un apartamento en Manhattan para tratar sobre alternativas para superar sus conflictivas relaciones en la perspectiva de una posible presidencia de su amigo, asesinado, como su hermano, un tiempo después. Enterado el Departamento de Estado desautorizó de manera fulminante tales acercamientos. Este hecho fue corroborado por el juez Jim Garrison quien sigue la hipótesis de un complot de la mafia, los anticastristas y la CIA en el asesinato de John Kennedy.

A partir de los archivos, los periodistas muestran  la desconfianza del embajador estadounidense Henderson sobre las alarmas planteadas por el gobierno boliviano acerca de la amenaza de guerrilla en su país y, luego, por la supuesta presencia del Che, que considera exageradas para justificar la petición de ayuda. El escepticismo del diplomático, aducen, se debía a que los servicios secretos lo mantuvieron al margen de la información y sus operaciones, por ser de la cuerda de Kennedy y aconsejar el respeto y no aniquilamiento de los prisioneros.

Tras deslizar un par de frases comprometedoras contra la URSS en la muerte del Che; basados en lo sostenido varias veces, años después, por el agente de la CIA Félix Rodríguez, quien intentó interrogar a Guevara -quien lo llamó  “gusano” por su origen cubano- y fue testigo de su asesinato, afirman que la orden de ejecución no provino de la agencia sino del alto mando boliviano asustado con las repercusiones internacionales de un juicio al guerrillero. Supuestamente, los agentes estadounidenses querían trasladarlo vivo a Panamá. De ser cierto, el temor y ciego anticomunismo de los militares bolivianos privó a los EE.UU. de la posibilidad de intentar utilizarlo para vapulear a Cuba y contribuyó a convertir al Che en un mito.

El sortilegio de la rebeldía

Famosos de actividades, personalidades y creencias disímiles han contribuido con el tributo al Che por identificarse con su mensaje de justicia e irreverencia. El futbolista Diego Maradona lo lleva tatuado en el hombro y es pública la admiración del francés Tierry Henry y de Sergio el “Kun” Agüero;  el boxeador Myke Tison se lo estampó en el abdomen. El líder del movimiento gay en Chile lo reivindica. El rockero Carlos Santana, asistió a la entrega del Oscar en 2005 con una camiseta con su imagen, Jhony Deep lo lleva en una cadena en su cuello. Rubén Blades  cantó su hazaña en el tema Juan González “de la sierra sale un grito: no ha muerto en vano compadre”.  Andrés Calamaro, Maná, Manu Chao, Vicentico y los Fabulosos Cadillacs (“El gallo rojo”), Charly García, Rage Against The Machine (Rabia contra la máquina), La Bambarabanda, Komplot y Madonna, se suman a cientos de bandas y cantantes de todo género que le han dedicado composiciones y han incorporado su imagen a sus cuerpos, sus conciertos y producciones.

A los  homenajes musicales y poéticos en todo el mundo ya conocidos, de Carlos Puebla (“Hasta siempre Comandante”, con más de 200 versiones), Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Victor Jara, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Nathalia Cardone, María Farantouri y  Frank Fernández, aclamado pianista cubano que musicalizó filmes en su honor,  se agregan los más recientes del español Alberto Iglesias (banda musical de Guerrilla),  el argentino Gustavo Santaolalla ( banda de Diarios de Motocicleta, que incluye la bella canción Al otro lado del río de Jorge Drexler) y la hermosa cantata Diario del Regreso con poemas de Hamlet Lima Quintana, musicalizada por Oscar Cardozo Ocampo e interpretada por Jairo, argentinos, con la orquestación de músicos argentinos y la Sinfónica villaclareña, estrenada el 14 de junio de 2000 en  el mausoleo al Che en Santa Clara, frente a la Plaza de la Revolución, atiborrada de gente emocionada y nostálgica, como homenaje a los 72 años de su nacimiento.

El Che ya es parte del imaginario libertario  y personaje de la historia así las irrupciones extremistas intenten negarlo. La estatua que lo recordaba fue decapitada con dinamita  en Santiago de Chile tras el golpe de 1973 pero al regresar su cuerpo a Cuba, un majestuoso memorial lo esperaba en Santa Clara en 1997, al cumplirse 30 años de su asesinato, y dos gigantescas estatuas se descubrían en Rosario, su ciudad natal y en El Alto, Bolivia, en el cuarenta aniversario.  Un busto, una tienda, su rostro en las paredes de las casas y la escuela donde lo asesinaron convertida en museo lo recuerdan en La Higuera y un mausoleo en lugar de su  primer entierro en Vallegrande, su estela habita en Cuba y en el corazón de los cubanos.

Los años recientes han sido prolijos en nuevas biografías y publicación de documentos relacionados con el Che. El prestigioso periodista John Lee Anderson, tras una investigación de una década presentó un denso y documentado volumen, el novelista mexicano Paco Ignacio Taibo II un apasionado y vibrante recorrido por su parábola vital, Jorge Castañeda, en la Vida en rojo, impone la conclusión, acorde con sus posiciones políticas, de que la suerte del Che estuvo en manos de Fidel y de Moscú, el argentino Paco O´Donell lo reivindica desde la polifonía al igual que su compatriota Coco López.

Walter Salles, con el protagónico de Gael García, llevó al cine los  diarios del primer viaje del joven Guevara por Latinoamérica, Steven Sodeberg, con Benicio del Toro como El Che, produjo los largometrajes El Argentino y Guerrilla; el documental homenaje El Hombre Nuevo de Bauer Tristán, con imágenes y documentos inéditos facilitados por la familia y el gobierno cubano así como involuntariamente por las reticentes autoridades bolivianas, al momento de la grabación, fue premiado en Canadá en 2009 y Un hombre de este mundo de Marcelo Schapces,  mediante testimonios evidencia la calidad humana y el compromiso humanista de Guevara.

El sociólogo Juan José Sebreli, conocido por su crítico ensayo Buenos Aires, vida cotidiana y alienación, en un  viraje ideológico total, en el libro Comediantes y mártires: ensayo contra los mitos, dedica un capítulo al Che con exhibición de erudición y cultura para intentar hacer incuestionables sus asertos. En su nueva óptica, el revolucionario no fue más que un joven amargado y vengativo por ausencia de familia, un aventurero mesiánico fugado de la literatura, un ególatra y narcisista, un ser mediocre, un farsante intelectual que vivió y murió para hacer de su muerte un mito y llevó a muchos a morir por egoísmo.

Para que Sabreli le reconociera algo, según su diatriba, Guevara debió nacer aprendido y haberse comportado con los atributos del político cínico de hoy, calcular y engañar, renunciar a la indignación con la injusticia y a la utopía, abrazar el neoliberalismo y la democracia tutelada y ser adivino. En la misma línea, aunque más lugar común, Enrique Krause intenta abordar al Che en otro libro panfletario de la derecha latinoamericana. La novela Método práctico de guerrilla, del joven autor brasileño Marcelo Ferroni, según la presentación de contratapa “utiliza las armas de la ficción para recuperar y traicionar biografías, diarios y declaraciones”, inventando un guerrillero brasileño y explotando morbosamente los momentos dramáticos vividos por la guerrilla, en la nueva tendencia de la industria editorial de alterar escandalosamente hechos históricos como atractivo de venta.

El Che está vivo

En una de las ferias de innovaciones tecnológicas más importantes del mundo, Las Vegas, Nevada, Enero de 2012, Mercedes Benz, la fábrica de autos para los multimillonarios, presenta un nuevo modelo. Los creativos publicitarios despliegan al fondo del escenario la más famosa imagen del Che Guevara remplazando en la boina la estrella de cinco puntas por  el símbolo de la marca y el letrero ¡Viva la Revolución! El presentador justifica el contrasentido con el argumento de que el auto invita a compartir y si eso es revolucionario, “bienvenida la revolución”, con tal de vender.

Desde luego que la reacción de la comunidad cubano-estadounidense anticastrista no se hizo esperar y ante el temor de perder clientes, la agencia de publicidad y la fábrica se disculparon con cualquier tontería, de las que se acepta siempre y cuando incluya desaprobación al gobierno de Cuba. Lo que no se entiende es cómo estos genios pretenden cautivar a unos consumistas alienados artífices y súbditos del capitalismo salvaje, con la presencia y las ideas de quien dio su vida combatiendo  ese modelo de explotación por responsable del hambre que avergüenza a la humanidad, a menos que en el fondo consientan en la verdad de su mensaje.

Evo Morales, indígena aymará, Presidente de Bolivia, gestor de los cambios más importantes de la historia de ese país en la afirmación de derechos para las minorías nativas, llega a La Habana a comienzos de Octubre de 2012 en visita de Estado. En la parte izquierda de su tradicional saco, adornado con tejidos de motivos precolombinos, luce un adhesivo con la imagen del Che. La hija de uno de los militares bolivianos que  combatieron contra Guevara ha dicho que hay que apoyar a Evo porque lucha por lo que murió el argentino.

Casi al tiempo, una congresista de La Florida, EE.UU, irrumpe iracunda en los medios de comunicación para denunciar el despropósito de la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA), que, para celebrar el Mes de la Hispanidad,  envió un correo electrónico ilustrado con una imagen, probablemente tomada en Cuba, en la que tras una carreta tirada por un caballo,  asoma  un mural en la pared con la efigie de Ernesto Che Guevara y la frase “Hasta la victoria siempre”. Los funcionarios de la entidad se apresuraron  a ofrecer disculpas por el “descuido” de algún subalterno que, seguro, sabía lo que hacía.

El nombre del Che se reivindica en la Venezuela Bolivariana de Hugo Chávez. Aunque Guevara sostuvo que había que derrocar y sustituir el ejército al servicio del poder dominante, en otro contexto, Chávez, un soldado admirador del Che, derrocó el poder tradicional por la vía electoral como alternativa de un país al borde, pero logró hacerse al control de las fuerzas armadas para adelantar una gestión de hondo calado social en el sendero guevarista y, por paradojas de la historia, 45 años después de la captura herido del guerrillero, gana por cuarta vez en  las urnas el respaldo para continuar el proceso. En Colombia, la guerrilla más vieja del continente, tácticamente distante pero ideológicamente identificada con el Che,  asume el reto de negociar una salida política al conflicto armado que por medio siglo ha desangrado al país, con la demanda de tierra  y justicia  para los pobres del campo que abanderó Guevara, como condición de la renuncia a la vía armada.

El Che llega a los convites de la opulencia,  donde lo utilizan pero lo aborrecen, para aguar la fiesta, se presenta en sitios impensables de repente, recordando su existencia, Cuba lo abraza y él la protege y si en otros lugares el decurso de la historia impuso diferentes caminos para llegar a los mismos destinos,  no cabe duda de que en ellos camina.

 

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