Publicado el: Lun, Abr 4th, 2016

DURO CAMINO EL DE LA RECONCILIACIÓN

Tico PinedaPor: Héctor Pineda S.

La intolerancia cuestiona los amores de guerrilleros en tregua. Algunos medios, al peor estilo de la “frivolidad rosa”, le ponen combustible a la candela. Fotos de enemigos que hoy juntos realizan labores de paz, no las  aceptan. Duro camino el de la reconciliación.


Terminó la Semana Mayor. La publicación de algunas fotos en la que se muestran a algunos voceros de la guerrilla en La Habana “pasando bueno”, con desenfreno, camanduleros, públicos militantes del Centro Democrático, no han ahorrado insultos, malas palabras, expresiones de odio  y, como escriben en unos “trinos”, hasta amenazas de “tiros de nueve milímetros”.

Quienes conocen los asuntos de la vida después de la guerra, más en los albores de finalizar la confrontación armada, saben que en esos preámbulos se experimenta un sentimiento de exaltación. Se quiere exprimir todo el jugo a las sensaciones que brotan a borbotones sentados en la tranquilidad del fin del final del tropel bélico. Se habla con el que quiera escuchar interminables peroratas sobre guerras; recuerdos quedan en la palabra escrita, relatando cada uno de los momentos, lejanos o próximos, del periplo vital que le ha correspondido vivir; se baila, se camina, se respira con nuevos ritmos, encontrando en el aire la tranquilidad de no tener que acostarse y dormir sobresaltado, a la espera de la llegada inesperada del enemigo, alejados del acecho de la muerte. Todo parece nuevo, días bien planchados, como acabados de hacer, llenan las horas de la nueva manera que se empieza a vivir en las puertas del final de la guerra pactado.

También hay espacio para los afectos profundos. Algunos, así están redactados en testimonios escritos “para no morir”, son reencuentros de amores pasados, restaurados en el renovado ambiente de una mundo sin disparos, sin allanamientos, sin los sobresaltos del ladrido de los perros o de las ramas secas quebradas por el andar de los animales de la noche. Se disfruta con la calma de quien saborea un deliciosos postre, de a poquito, sin apuros por terminar, arropados en sabanas que cubren colchones blandos, alejados de los maltratos de las “paseras” forradas con hojas húmedas y podridas convertidas en camastros improvisados o de las maromas en las hamacas estrechas del morral de campaña guerrera, habilitadas para los alebrestes de los amores después del tiroteo. Alientos se descubren. Mapas son hallados en los montículos muchas veces repasados; el aroma del sexo, sin remedio, actúa  como el bálsamo para sanar heridas y cicatrices que deja la guerra. Las conversaciones con palabras aladas, revoloteando en el humo exhalado de un cigarrillo de tabaco cerrero, llenan el espacio de recuerdos, ausencias y premoniciones. Otros amores llegan desde la guerra para continuar trasegando sin las botas impermeables para sortear lodazales. Ahora con los pies enfundados en sandalias para caminar sin prisa, andan por senderos  de cemento de extraviada textura y color desde tiempos de la infancia vividos encaramados en montañas y trochas de páramos. Otros, para no contrariar los designios inmutables de las líneas de la mano, sin aviso, llegan.

Las fotos de los voceros de las FARC exhibiendo sus amores en las calles de La Habana desataron las amarras de la rabia del denominado uribismo. Sin contemplaciones expresaron cuanta grosería se les ocurrió. Imaginan pornográfica situaciones que expresan sin pudor. Hacen fotomontajes, experticia que adquirieron en la larga batalla, con todas las combinaciones de formas de lucha, refugiados unos en las trincheras de la institucionalidad de las Fuerzas Armadas y, por supuesto, otros disparando desde el paramilitarismo.

La intolerancia cuestiona los amores de guerrilleros en tregua. Algunos medios, al peor estilo de la “frivolidad rosa”, le ponen combustible a la candela. Fotos de enemigos que hoy juntos realizan labores de paz, no las  aceptan. Duro camino el de la reconciliación.

Alargue:  ¿Hasta Cuando los asesinatos de líderes sociales?

 

tikopineda@gmail.com

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