Publicado el: Lun, Abr 8th, 2013

Dos Amores Para No Olvidar.

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victoria rojoPor Victoria Rojo.

Pensar y recordar  no dejan de ser el ejercicio mas frecuente de la semana. Recuerdo a los hombres que he amado, porque si, después de mucho pensar he llegado a la conclusión que así como José Alfredo Jiménez, yo se querer. Y me enamore de Jacobo y Antonio, caballeros que me hicieron sucumbir en sus encantos.

A Jacobo lo conocí un día sin darme cuenta mientras tomaba vino, sentada en las escaleras de la Universidad, me lo presento un amigo de mi amigo.  Estudiábamos  en la facultad de Educación, en la Universidad Distrital.

La sede de la Macarena es un edificio construido por Rogelio Salmona que se adentra en los cerros de Bogotá. La Distri para mi fue la serranía del encuentro con la literatura y la filosofía, con el constante cuestionamiento de la vida, y fueron los paceros  a quienes más escuché, sentada en los adoquines, entre humos y  fríos, mientras disfrutábamos de una vista de la Bogotá en Expansión, de la transformación del centro y de la diversidad de la Universidad publica.

Somos seres sociales y los viernes eso se nota más, aparecen extraños que se van a quedar por siempre en la memoria. Jacobo para el 2005 era un chico alto, de pelo liso, con facciones indígenas, tenía buen verbo, irónicamente se burlaba de todo, del uribismo, del mamertismo, de las manifestaciones, no parecía estar matriculado en ninguna corriente política.  Siempre me ha gustado escuchar a la gente, y Jacobo me hacia reír, su ironía es mi mejor recuerdo.

Fue un buen amigo, el no me atraía físicamente, yo andaba en otros rollos, pero me gustaba su compañía, lo buscaba para almorzar, ir al Mambo a ver películas, tomábamos el mismo bus y yo aprovechaba para mostrarle las lecturas de turno. Mientras tanto empezaron los rumores, y  las preguntas frente a la relación con el,  a los que siempre respondí.

-Jacobo es solo un parcero. El y yo no tenemos nada.

Y lo tuvimos todo, un año después de conocerlo nos besamos, me confeso que estaba cansado de ser mi amigo, que no quería saber mas de mis romances fortuitos con otros chicos, que estaba tragado.  Yo también me había dado cuenta que el era la persona con la que mejor me sentía.

Cuando cumplí 19 años me regalo en dos hojas de papel poesía impresa de Jorge Luis Borges. En ellas el Everness. Hoy una oda al amor de Jacobo.

 Sólo una cosa no hay. Es el olvido

Dios que salva el metal salva escoria

y cifra en Su profética memoria

las lunas que serán y las que han sido.

 

Ya todo esta. Los miles de reflejos

que entre los dos crepúsculos del día

tu rostro fue dejando en los espejos

y los que ira dejando todavía.

y todo es una parte del diverso

cristal de esa memoria, el universo;

no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierra tu paso;

sólo del otro lado del ocaso

verás los Arquetipos y Esplendores.

 A los 24 años conocí a Antonio, también un viernes, me lo presento un amigo de un amigo a las afueras de la Universidad Libre, donde hice una segunda carrera universitaria. Antonio militaba en un partido político de izquierda y trabajaba en el Congreso para un Senador de la Republica, hablaba mucho, tenia un discurso político, documentaba detalladamente como unos jóvenes habían alcanzado una curul. Lo escuche con atención.

Paradójicamente mi amigo Juan Pablo también lo conoció ese día, Juan era candidato a Edil de una localidad y Antonio le daría unos consejos, la cita estaba cuadrada semanas atrás. Ese día me encontré casualmente a Juan Pablo quien me invito al encuentro. Una vez mas un extraño entro a mi vida.

Hablamos aproximadamente una hora en un café, a las 9:00 pm comenzaron a sonar los celulares de Juan y de Carlos el amigo de Antonio, eran las llamadas de sus novias quienes los solicitaban. La reunión se dio por terminada y cuando nos despedíamos Antonio me pregunto si tenia planes.

-Voy a la casa. Respondí.

-Me gustaría escuchar mas de ti, yo hable mucho, te invito una cerveza. Me dijo Antonio.

Varias preguntas me habían surgido después de escucharlo, me gusto la iniciativa que tomo. Así  me quede a conocerle.

Un hombre mayor que yo 10 años, con una personalidad arrolladora, que sabia de música, de cine, de política, encantador a simple vista. Me enamoré perdidamente de el. Conoció a mis padres, paso navidad en mi casa, tuvimos lo que llaman una relación intensa.

Yo siempre recordé aquel viernes, un 11 de Noviembre, así que un año después salimos a celebrar. A el le gustaba el buen vino, no reparaba en visitar restaurantes costosos, para esa fecha me invitó al restaurante más lindo al que he entrado en Bogotá. Boleros en vivo, los meseros extrañamente atentos, me recibieron el abrigo, me jalaron la silla. Una  velada romántica.

Tome varios Martini antes de ordenar el plato fuerte.  Antonio se paro y pidió una canción a los músicos, 10 minutos después sonó este bolero de Armando Manzanero, con dedicatoria a la mujer de la vida de Antonio.

Somos novios,

pues los dos sentimos mutuo amor profundo

y con eso ya ganamos

lo mas grande de este mundo.

Nos amamos, nos besamos,

como novios nos deseamos

y hasta a veces sin motivo,

sin razón nos enojamos.

Somos novios,

mantenemos un cariño limpio y puro,

como todos, procuramos

el momento mas obscuro

para hablarnos, para darnos el mas dulce de los besos,

recordar de que color son los cerezos,

sin hacer mas comentarios

somos novios, somos novios.

Los boleros siempre me han gustado, es la poesía hecha música, es la humanidad en una melodía, en eso estábamos de acuerdo con Antonio, y no perdíamos oportunidad para escuchar y cantarnos uno.

Antonio y Jacobo son los dos amores que he tenido, con ninguno pasaría el resto de mi vida. Los conocí y  ame lo suficiente  para tomar esa decisión.

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