Publicado el: Jue, Mar 10th, 2016

DISTRITOS ESPECIALES DE PAZ

Tico PinedaPor: Héctor Pineda S.

Con días o meses de retraso, naturales en todo proceso aunque no lo quieran entender por estas fechas los que les encanta las fechas fatales (incluido en ese club a Antonio Navarro Wolf), el proceso que se lleva en La Habana inevitablemente seguirá su camino del final de la guerra con la guerrilla de las FARC y, ojalá, se inaugure lo más pronto posible el proceso con el ELN.


Así pues, por allá por la Isla cubana los vientos, así trasciende, son de ánimo y confianza en llegar  a los acuerdos necesarios para detener los tiros, por acá, en los salones del Congreso donde se cocinan las leyes que faciliten la dinámica del proceso, los vientos soplan a favor de la paz. Gobierno y Centro Democrático, ver para creer, llegan al acuerdo de prorrogar e incorporar en la ley de “orden público” las autorizaciones para el necesario paso de la ubicación (en áreas rurales) de los contingentes de la guerrilla para la verificación del cese bilateral del fuego y, más adelante, la dejación de las armas y el transito del ejercicio de la política sin armas por parte de las FARC y, ojalá no suceda lo contrario, las suficientes garantías por parte del Estado para que la política de los argumentos y las ideas no sean acalladas por el fuego violento de organizaciones criminales aún activas.

El camino ha transitar estará lleno de dificultades. Nada fácil, seguramente, aterrizar en la realidad, más en la realidad territorial, la letra de lo pactado en La Habana, sin hablar, por supuesto, de la inmensa dificultad de animar la suficiente participación ciudadana para validar los pactado entre Gobierno y guerrilla mediante el mecanismo de refrendación, en el cual porfía el Gobierno Nacional  (Plebiscito).

Pero seamos optimistas. Pensemos que todo saldrá adelante. Digamos que no seguirán asesinando líderes de derechos humanos, que víctimas reclamantes de los predios que le fueron robado a punta de tiros, en su reclamaciones, se la garantiza la vida, que los jóvenes residentes en barriadas pobres no se les asesina por pensar distinto, en fin, que Colombia inaugura una Era en la que el respeto por la diferencia es una realidad, en la que reconciliación entre los colombianos se hace realidad. En ese ambiente, insisto de ideal optimismo,  debemos encarar con toda responsabilidad el inmenso desafío de aterrizar el pacto del final de la guerra en la dimensión territorial, con sus atribuciones y dificultades.

Es allí en el territorio donde hay que poner la lupa para superar dificultades por cuanto que la institucionalidad diseñada para momentos de normalidad, probablemente, se verá alterada en la vida cotidiana. Transito de visitantes institucionales, políticos, familiares y hasta  de “sapos”, de aquí para allá, alteraran el normal vivir en las zonas y entorno donde se establezcan se hará la concentración de la tropa en transito a la desmovilización armada. Más alteración, por supuesto, cuando esos contingentes humanos tomen la decisión de reiniciar sus vidas, ya de civiles, en municipios o veredas (territorios pobres) donde la institucionalidad territorial se verá sometida a todo tipo de tensiones. Ubicación laboral sostenible, cuando los indicadores no son los más propicios, necesidades de vivienda digna, ubicación escolar, servicios públicos, normalizar economías, en fin, nuevas obligaciones para territorios, muchos empobrecidos, repito, en una coyuntura económica desfavorable.

Así las cosas, no prever mecanismos solidarios territoriales, los que ofrece la LOOT son precarios,  puede llevar a mayores dificultades. Creo, entonces, que es oportuno pensar en la propuesta de Distritos Especiales de Paz, diseño transitorio territorial que presenté, hace un cuarto de siglos, en la Asamblea Constituyente.

tikopineda@gmail.com

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