Publicado el: Vie, Jun 13th, 2014

Definitivamente a votar por Santos


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Santos_07_03_59929Por Unicor/ 

“Por ellos, porque no hallan otros, – porque si no paramos la guerra no sabremos quienes más serán -, por la esperanza, es mejor votar por Santos y sus esfuerzos de paz.”

Después de una opaca campaña electoral caracterizada por los escándalos construidos por las dos campañas presidenciales que pasaron a segunda vuelta, y a pocos días de la realización de las votaciones que dirán quién de los dos, Santos o Zuluaga, será elegido presidente, empezamos a observar hechos y consecuencias que hoy hacen que la decisión del domingo 15 se torne evidente.

Petro fue el primero en interpretar la necesidad del momento, en uso de un pragmatismo constructivista decidió el apoyo a Santos en primera vuelta, le llovieron palos y piedras,  otra vez aliados y detractores hablaron de su supuesta incoherencia. Después de los resultados, la razón llego con hechos tozudos, la disputa democrática, a pesar de los buenos resultados de Clara López, estuvo cantada entre el candidato de Álvaro Uribe y el Presidente candidato. Se empezó a consolidar un panorama que puso a los colombianos y colombianas, entre una disyuntiva, polémica pero básica, decidir por la paz o la guerra.

Así es, las otras aspiraciones sociales y las muchas deficiencias del gobierno Santos relacionado con su nefasto modelo económico –renta capitalista, empezaron a ceder terreno ante la amenaza del recrudecimiento de la guerra: el inconformismo por las deficiencias en salud, en educación, en la atención de las solicitudes estructurales del sector agrario, el ataque indiscriminado a los recursos ambientales con su locomotora minera, el desconocimiento de las medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos humanos a favor del alcalde mayor de Bogotá Gustavo Petro, entre otras tantas equivocaciones, terminaron no siendo obstáculo para considerar el voto a Santos. Es preferible entre estas opciones para la presidencia que poco entusiasman a los sectores de izquierda y progresistas, votar por los esfuerzos de paz, que por la certeza de la guerra, no deben los hombres y las mujeres que aspiran y luchan por un mejor país, darle la espalda a esta realidad, la participación política exige asumir posiciones. Es más valida la posición de quienes defienden en el juego democrático la aspiración uribista de llevar a Oscar Iván Zuluaga a la presidencia, a la de quienes en una supuesta postura inmaculada se abstienen de no participar en la segunda vuleta, pues es obvio, que terminan favoreciendo la aspiración uribista.

Afortunadamente para la democracia, la izquierda y los sectores alternativos, Clara López lo entendió así, y hoy se une a quienes en franca mayoría apuestan por alcanzar acuerdos previos para la paz, para Clara es claro, las contradicciones profundas con los representantes del modelo económico imperante, continúan, ¡claro que sí!, sin embargo, las sociedades en sus contradicciones lógicas, tienen valores que nos son comunes y universales, la paz como el amor, el respeto, y la solidaridad, es uno de ellos.

Hay quienes se seguro de buena fe desconocen la tragedia de la violencia y sus aterradoras consecuencias, es posible que para algunos resulte difícil solidarizarse con quienes han sido víctimas del conflicto armado que desangra al país, es más, se sabe que hay personas que justifican dicha violencia. En este punto se puede gritar con profunda convicción y certeza, que quienes defienden y auspician el uso de la violencia armada contra otros seres humanos colombianos, están totalmente equivocados.  Es allí, donde a pesar de todo, se debe rodear al presidente Santos y sus esfuerzos de paz, el camino inicial es la reconciliación humana, las contradicciones que se mantienen, deberán ser resultas, lenta y progresivamente.

En verdad, solo en honor de las miles de víctimas que ha causado este conflicto armado, y sus diversos actores como las guerrillas, los paramilitares, los sectores degradados de la clase política, los empresarios y de la fuerza pública, por los muertos, los desmembrados, los desaparecidos, los huérfanos, las viudas, los desplazados y perseguidos, por quienes a pesar de haber sobrevivido a las masacres, ya nunca podrán ser felices,  merece la pena votar por la esperanza de la paz.

Por ellos, porque no hallan otros, – porque si no paramos la guerra no sabremos quienes más serán -, por la esperanza, es mejor votar por Santos y sus esfuerzos de paz.

Después de una opaca campaña electoral caracterizada por los escándalos construidos por las dos campañas presidenciales que pasaron a segunda vuelta, y a pocos días de la realización de las votaciones que dirán quién de los dos, Santos o Zuluaga, será elegido presidente, empezamos a observar hechos y consecuencias que hoy hacen que la decisión del domingo 15 se torne evidente.

Petro fue el primero en interpretar la necesidad del momento, en uso de un pragmatismo constructivista decidió el apoyo a Santos en primera vuelta, le llovieron palos y piedras,  otra vez aliados y detractores hablaron de su supuesta incoherencia. Después de los resultados, la razón llego con hechos tozudos, la disputa democrática, a pesar de los buenos resultados de Clara López, estuvo cantada entre el candidato de Álvaro Uribe y el Presidente candidato. Se empezó a consolidar un panorama que puso a los colombianos y colombianas, entre una disyuntiva, polémica pero básica, decidir por la paz o la guerra.

Así es, las otras aspiraciones sociales y las muchas deficiencias del gobierno Santos relacionado con su nefasto modelo económico –renta capitalista, empezaron a ceder terreno ante la amenaza del recrudecimiento de la guerra: el inconformismo por las deficiencias en salud, en educación, en la atención de las solicitudes estructurales del sector agrario, el ataque indiscriminado a los recursos ambientales con su locomotora minera, el desconocimiento de las medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos humanos a favor del alcalde mayor de Bogotá Gustavo Petro, entre otras tantas equivocaciones, terminaron no siendo obstáculo para considerar el voto a Santos. Es preferible entre estas opciones para la presidencia que poco entusiasman a los sectores de izquierda y progresistas, votar por los esfuerzos de paz, que por la certeza de la guerra, no deben los hombres y las mujeres que aspiran y luchan por un mejor país, darle la espalda a esta realidad, la participación política exige asumir posiciones. Es más valida la posición de quienes defienden en el juego democrático la aspiración uribista de llevar a Oscar Iván Zuluaga a la presidencia, a la de quienes en una supuesta postura inmaculada se abstienen de no participar en la segunda vuleta, pues es obvio, que terminan favoreciendo la aspiración uribista.

Afortunadamente para la democracia, la izquierda y los sectores alternativos, Clara López lo entendió así, y hoy se une a quienes en franca mayoría apuestan por alcanzar acuerdos previos para la paz, para Clara es claro, las contradicciones profundas con los representantes del modelo económico imperante, continúan, ¡claro que sí!, sin embargo, las sociedades en sus contradicciones lógicas, tienen valores que nos son comunes y universales, la paz como el amor, el respeto, y la solidaridad, es uno de ellos.

Hay quienes se seguro de buena fe desconocen la tragedia de la violencia y sus aterradoras consecuencias, es posible que para algunos resulte difícil solidarizarse con quienes han sido víctimas del conflicto armado que desangra al país, es más, se sabe que hay personas que justifican dicha violencia. En este punto se puede gritar con profunda convicción y certeza, que quienes defienden y auspician el uso de la violencia armada contra otros seres humanos colombianos, están totalmente equivocados.  Es allí, donde a pesar de todo, se debe rodear al presidente Santos y sus esfuerzos de paz, el camino inicial es la reconciliación humana, las contradicciones que se mantienen, deberán ser resultas, lenta y progresivamente.

En verdad, solo en honor de las miles de víctimas que ha causado este conflicto armado, y sus diversos actores como las guerrillas, los paramilitares, los sectores degradados de la clase política, los empresarios y de la fuerza pública, por los muertos, los desmembrados, los desaparecidos, los huérfanos, las viudas, los desplazados y perseguidos, por quienes a pesar de haber sobrevivido a las masacres, ya nunca podrán ser felices,  merece la pena votar por la esperanza de la paz.

Por ellos, porque no hallan otros, – porque si no paramos la guerra no sabremos quienes más serán -, por la esperanza, es mejor votar por Santos y sus esfuerzos de paz.

Después de una opaca campaña electoral caracterizada por los escándalos construidos por las dos campañas presidenciales que pasaron a segunda vuelta, y a pocos días de la realización de las votaciones que dirán quién de los dos, Santos o Zuluaga, será elegido presidente, empezamos a observar hechos y consecuencias que hoy hacen que la decisión del domingo 15 se torne evidente.

Petro fue el primero en interpretar la necesidad del momento, en uso de un pragmatismo constructivista decidió el apoyo a Santos en primera vuelta, le llovieron palos y piedras,  otra vez aliados y detractores hablaron de su supuesta incoherencia. Después de los resultados, la razón llego con hechos tozudos, la disputa democrática, a pesar de los buenos resultados de Clara López, estuvo cantada entre el candidato de Álvaro Uribe y el Presidente candidato. Se empezó a consolidar un panorama que puso a los colombianos y colombianas, entre una disyuntiva, polémica pero básica, decidir por la paz o la guerra.

Así es, las otras aspiraciones sociales y las muchas deficiencias del gobierno Santos relacionado con su nefasto modelo económico –renta capitalista, empezaron a ceder terreno ante la amenaza del recrudecimiento de la guerra: el inconformismo por las deficiencias en salud, en educación, en la atención de las solicitudes estructurales del sector agrario, el ataque indiscriminado a los recursos ambientales con su locomotora minera, el desconocimiento de las medidas cautelares ordenadas por la Comisión Interamericana de Derechos humanos a favor del alcalde mayor de Bogotá Gustavo Petro, entre otras tantas equivocaciones, terminaron no siendo obstáculo para considerar el voto a Santos. Es preferible entre estas opciones para la presidencia que poco entusiasman a los sectores de izquierda y progresistas, votar por los esfuerzos de paz, que por la certeza de la guerra, no deben los hombres y las mujeres que aspiran y luchan por un mejor país, darle la espalda a esta realidad, la participación política exige asumir posiciones. Es más valida la posición de quienes defienden en el juego democrático la aspiración uribista de llevar a Oscar Iván Zuluaga a la presidencia, a la de quienes en una supuesta postura inmaculada se abstienen de no participar en la segunda vuleta, pues es obvio, que terminan favoreciendo la aspiración uribista.

Afortunadamente para la democracia, la izquierda y los sectores alternativos, Clara López lo entendió así, y hoy se une a quienes en franca mayoría apuestan por alcanzar acuerdos previos para la paz, para Clara es claro, las contradicciones profundas con los representantes del modelo económico imperante, continúan, ¡claro que sí!, sin embargo, las sociedades en sus contradicciones lógicas, tienen valores que nos son comunes y universales, la paz como el amor, el respeto, y la solidaridad, es uno de ellos.

Hay quienes se seguro de buena fe desconocen la tragedia de la violencia y sus aterradoras consecuencias, es posible que para algunos resulte difícil solidarizarse con quienes han sido víctimas del conflicto armado que desangra al país, es más, se sabe que hay personas que justifican dicha violencia. En este punto se puede gritar con profunda convicción y certeza, que quienes defienden y auspician el uso de la violencia armada contra otros seres humanos colombianos, están totalmente equivocados.  Es allí, donde a pesar de todo, se debe rodear al presidente Santos y sus esfuerzos de paz, el camino inicial es la reconciliación humana, las contradicciones que se mantienen, deberán ser resultas, lenta y progresivamente.

En verdad, solo en honor de las miles de víctimas que ha causado este conflicto armado, y sus diversos actores como las guerrillas, los paramilitares, los sectores degradados de la clase política, los empresarios y de la fuerza pública, por los muertos, los desmembrados, los desaparecidos, los huérfanos, las viudas, los desplazados y perseguidos, por quienes a pesar de haber sobrevivido a las masacres, ya nunca podrán ser felices,  merece la pena votar por la esperanza de la paz.

Por ellos, porque no hallan otros, – porque si no paramos la guerra no sabremos quienes más serán -, por la esperanza, es mejor votar por Santos y sus esfuerzos de paz.

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