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Publicado el: Dom, Mar 24th, 2013

Debate sobre Tres Caínes no son “majaderías”


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carolinaPor Carolina Guevara

“En comunidades en donde la alfabetización es relativamente baja y hay una limitada circulación de periódicos, la televisión juega un papel crucial en la circulación de ideas.”

Existe actualmente un movimiento criticadísimo y apoyadísimo en Colombia a favor de la eliminación de la Telenovela “Tres Caínes”; y me ha surgido la imperiosa necesidad de aclarar dos cosas importantísimas que la crítica parece no estar teniendo en cuenta:

Primero es importante saber quiénes son los que han iniciado este movimiento. Por ejemplo, si revisamos el primer párrafo de una acción virtual promovida por la Organización Hijos e Hijas Colombia en la plataforma de acción social Avazz.com, nos encontramos con que son:

“Familiares, viudas, hijas e hijos de víctimas del paramilitarismo, gente indignada y ciudadanos que hemos sobrevivido al horror en un país en donde la violencia afectó tantas vidas, no nos cabe un golpe tan fuerte como la gran falacia con la que se está narrando la serie “Los Tres Caínes”.

Segundo, revisemos estudios de esos en los que los gobiernos y las universidades se gastan millones, que al parecer la crítica no ha visto, no se ha enterado de su existencia, no le importa que existan, o tal vez creen que son menos importantes que su experiencia como columnistas: por ejemplo, el estudio “Soap Operas and Fertility: Evidence from Brazil” (Telenovelas y Fertilidad: Estudio de datos en Brasil) de 2008, en donde se realiza un análisis del descenso de las tasas fertilidad en la población como consecuencia de la influencia de telenovelas en las cuales predominan familias con pocos hijos e hijas, y cuyas conclusiones indican que:

“En comunidades en donde la alfabetización es relativamente baja y hay una limitada circulación de periódicos, la televisión juega un papel crucial en la circulación de ideas. Nuestro trabajo sugiere que los programas dirigidos a la cultura de la población local tienen el potencial de llegar a una abrumadora cantidad de personas a un costo muy bajo, por lo que podrían ser utilizados por los políticos para transmitir importantes mensajes sociales y económicos… Un trabajo reciente de psicología social destaca el papel de los medios de comunicación y de las radionovelas en particular como una herramienta para la prevención de conflictos…”

Es verdad, este estudio es en Brasil y puede que para algunas personas carezca de validez para otra realidad como la colombiana. Entonces, para ejemplificar esto en el caso que nos ocupa, el colombiano, de una manera más experiencial hagamos un ejercicio de recordación: si en el año 2002 usted tenía más de 13 años, es muy probable que al escuchar “pirulin pin pon” su mente por reflejo piense en un hombre que echa su mano a la oreja y mueve su cuerpo en círculos. ¿Qué hizo su mente?  Respondió a un aprendizaje experiencial de su pasado. ¿Entiende usted entonces que las telenovelas influyen en lo que conocemos como aprendizaje social? Bueno, usted puede pensar que esto era solo un baile como La Macarena (aaah) y que no por recordar el baile del “pirulín” iba a adoptar comportamientos como por ejemplo vestirse como Pedro el Escamoso; pues entonces le pregunto, ¿no tuvo usted cierta empatía por este personaje, así como empatizó con Beto Reyes por allá por el año 2005? Muchos colombianos de todos los estratos empatizamos con estas dos personas muy a pesar de ser personajes que fácilmente harían sonrojar a más de uno por sus imprudencias y considerados peyorativamente en nuestra sociedad colombiana como “de quinta”, “galas”, “mañés”, “placeros”, “chabacanes”, etc. etc. Usted empatizó con ellos, se rió de ellos y seguramente en alguna fiesta o conversación informal los imitó o citó.  Pues niños y niñas, adolescentes, adultos están empatizando hoy con Carlos Castaño y sus secuaces, y es muy probable que en alguna conversación informal quieran imitarlos o citarlos (ya está pasando), muy a pesar de que en la novela los vean como “criminales y se relaten con claridad sus miserias”. ¿Cree usted que es sano para las víctimas saber que la población en general puede empatizar con sus victimarios, más aún cuando es una realidad vigente?

La pregunta sobre si Colombia está preparada para contar esta historia  está fuera de lugar porque Colombia la está viviendo, no estamos hablando de historia pasada, es historia presente y está vigente, el dolor de las víctimas está vigente, la impunidad está vigente, y las víctimas están vivas.

Si esta historia fuera en realidad una propuesta resultado de una investigación seria como lo indica el Sr. Mario Serrato en este mismo medio, su resultado sería diferente. Ambos sabemos, Sr. Serrato, que las novelas hacen lo posible por aumentar el rating para cobrar mayor precio por las pautas, no por informar o por mostrar una “propuesta o manera de ver la historia reciente del país”. ¿O estaría usted de acuerdo en que en una clase de historia o ciencias sociales de algún hijo o hija suya, el o la docente elimine los textos guía de la clase y más bien se echen la hora viendo la novela?

Es importantísimo que la crítica entienda o por lo menos quiera saber que, primero: las acciones emprendidas para sacar del aire y no distribuir la serie de televisión “Tres Caínes” han sido iniciativa de organizaciones como Hijos e Hijas Colombia que no son más que las personas que han sido directamente afectadas por los victimarios que vemos en la telenovela, y para quienes “las heridas de la guerra aún están abiertas”. Estas iniciativas no son como dice el columnista de El Espectador Mario Morales producto de unos cuantos indignados que Dios sabe si harán algún día algo concreto por alguna de las víctimas. Quienes promueven estas iniciativas, Sr. Morales, son las mismas víctimas, no personas con falta de oficio, son personas que se adueñan de su condición como sujetos de derecho y reclaman de protección del Estado y de reparación del daño, no simples víctimas sentadas… esperando. No, están actuando. Tampoco son como lo indica el Sr. Mario Serrato “censuradores de oficio”. Que yo sepa organizaciones como Hijos e Hijas Colombia “trabajan por la memoria y contra la impunidad”, y nunca he visto que esta organización promueva alguna acción de censura “de oficio”.

Segundo: que está comprobado, y no por el “conocimiento popular” sino por estudios de caso, de años de recopilación de datos, de análisis de diversas variables, que las telenovelas INFLUYEN en el comportamiento de la sociedad. No solo el caso de Brasil: revisen ustedes si no es cierto que el amor romántico que se produce en las novelas se reproduce en la sociedad.

Por otro lado, ya es suficiente con que las heridas abiertas de las víctimas tengan un poquito más de sal todos los días en cada emisión de la novela como para que dos respetados columnistas las insulten llamándoles “faltos de oficio” o “censuradores de oficio” que dicen “majaderías”.

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