Publicado el: Vie, Feb 5th, 2016

Daniel Santos, anacobero y libertario

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Guillermo Segovia Mora/ 

Se necesita ser bien jodido para que en Cuba lo apoden a uno anacobero, término ñáñigo de la hermandad abakuá con que se designa al diablo y que por extensión se utiliza para señalar al disoluto y fiestero.

A fuerza de cantar durante sus primeros años en La Habana de los años 40 un tema así denominado, como por su espíritu gocetas, fue el remoquete con que se hizo famoso el boricua, de Trastalleres, Santurce, Daniel Doroteo Santos Betancur, quien por estos días de febrero (el 5 o 6 de 1916, no está claro) estaría cumpliendo cien años de nacido, debido a que por cuestiones astrológicas adelantó 5 meses su advenimiento.

Hijo de pobres, carpintero y costurera, sin niñez, pues pronto la vida lo puso a rebuscarse la comida de la familia, también fue temprana su incursión en la música de la mano del compositor boricua Pedro Flórez quien lo descubrió en un cabaret de Nueva York y lo llevó a cantar con su cuarteto hasta alcanzar la fama en el bolero. De ahí a Cuba y Latinoamérica. Desde entonces no paró de componer, cantar y grabar con orquestas y grupos famosos o improvisar formaciones para registrar en el acetato versiones e inspiraciones que le demandaba un público cada vez más enamorado de su particular estilo, a través de los traganíqueles, las presentaciones y los discos. Más de 400 composiciones y mil 200 temas y 120 larga duración grabados dan testimonio de su ardorosa y prolija carrera.

Con corazón de pueblo

Su etapa con la Sonora Matancera en Cuba en los 50 fue suceso de beneficio mutuo pero no se quedan atrás sus grabaciones con el Cuarteto Flórez, Conjunto Sociedad, Johny Segguí, Xavier Cugat, Moncho Usera, Wisso Rivas, Pérez Prado, René Hernández, la Orquesta Casino, Los Jóvenes del Cayo, Rómulo Morán, las sonoras Caracas, Mexicana Caribe y de Lucho Macedo. También con Jhonny Pacheco, Héctor Lavoe, Yomo Toro y la Fania, el Conjunto Clásico, la Charanga Vallenata y decenas de formaciones incluidas las colombianas de Pedro Laza y sus Pelayeros –Candela-, Los Diplomáticos y las de estudio que le armó Discos Fuentes.

Su fuerte, indudablemente, el bolero con esas cumbres El preso, Despedida, Linda, Virgen de medianoche, Perdón, Esperanza inútil, Dos gardenias, Llevarás la marca (Corazón de pueblo), Se vende una casita, Cruel condena, Desgracia, La pared y un largo etcétera, aunque la guaracha y la salsa no se le quedaron atrás con ese golpe irresistible para el rumbero de El tibiri tabará, Déjala dar contra el suelo, Así es la humanidad, Vive como yo, El sofá, Bigote e´gato, El bobo de la yuca, Sabrosito, El mambo es universal, Y qué mi socio, Asopao de pollo, Toma jabón pa´que laves, Candela y decenas más. Pero también hizo suyas baladas como El triste, Amada Amante, Déjenme si estoy llorando, La estrella de David y una interpretación estremecedora de Temes. Cantó Rock and roll, cumbia, merengue, música santera, jamaiquina y haitiana. En lunfardo, inglés y creole.

Gustaba y se convirtió en un ídolo porque en sus cantos sabrosos, lamentos sentimentales y relatos jocosos de los oficios y vida del hombre común estaba retratada la patria grande. “Yo conozco todos esos barrios de Latinoamérica, he estado en todas sus barras, me he dado el trago con todos sus borrachos (…) En estos lugares hay poco dinero, y donde hay poco dinero, hay delincuencia, hay necesidad, hay que robar. Esa es la realidad de esos sectores marginados que tanto han contribuido al desarrollo de la música popular latinoamericana”, le dijo a Josean Ramos en Vengo a decirle adiós a los muchachos.

Adorado en los antros mexicanos, homenajeó en discos a Agustín Lara, Pedro Infante, Javier Solís, José Alfredo Jiménez, Los Hermanos Martínez Gil y Los Panchos. En Perú elevó culto a Chabuca Granda y el folklor andino. Rindió tributo a sus paisanos Pedro Flórez, Rafael Hernández y Bobby Capó y cantó con Myrta Silva. Con su amigo de juergas Julio Jaramillo, el “Jilguero de América”, grabó a dúo entre copas y se hizo querer en las barras del Ecuador y a la muerte de éste le ofrendó un soberbio tributo junto con Orlando Contreras, otro cultor de despechos y nostalgias. En Nicaragua, según recuerda Sergio Ramírez, cincuentón y descuidado, hacía llorar a las coperas con su oración a la Virgen de medianoche. Interpretó tangos famosos y le compuso un homenaje a Gardel aunque en Argentina lo considerarán ordinario por su estilo.

Pero el amorío con Colombia fue especial. Se oyó en bares y cantinas de todo el país, sus presentaciones en griles y televisión eran un éxito. Grabó a su acomodo en Medellín -en el barrio Guayaquil lo nombraron “El jefe”-, su versión guarachera de Se casó Drácula del paisa Gildardo Montoya es reliquia. En Cali se plantó 6 años para convivir con una sardina 35 años menor con quien trajo al mundo dos de la docena de hijos que tuvo, en igual número de casorios, bautizando al varón Daniel Albizu, para recordar al patriota puertorriqueño adalid de la independencia de ese pedazo de Latinoamérica forzosamente adscrito a Estados Unidos. En la sultana, era un consentido de El obrero, San Nicolás y la Loma de la Cruz, trabó amistad con el tumaqueño “Tito Cortés”, un imitador suyo con estilo propio, grabaron al alimón y a cual más hacían y hacen llorar o bailotear a sus fanáticos.

Para que no quedara duda del afecto por la patria de su amigo García Márquez, quien menciona sus cuitas en Relato de un Náufrago y le declaro su admiración en voz alta, bajo la dirección de Javier Vázquez y una nómina estelar de salseros produjo, con la Charanga Vallenata, El marimbero, un tributo al vallenato con temas insignia como Río Badillo, Cóndor Legendario, Mercedes, Las tapas, La muerte de Abel Antonio. A Gabo le dedicó el álbum El hijo del telegrafista y el tema ídem de su autoría, en memoria de la masacre de las bananeras, acompañado de Por ella y La potra zaina. Entre rarezas dejó una grabación de Espumas de Jorge Villamil y un elogio a Vargas Vila por irreverente.

Daniel el travieso

Tuvo fama bien ganada de mujeriego, marihuanero, peleón y borrachín, aspectos que por interés o ignorancia de sus seguidores y promotores, ocultan aristas más provocadoras y progresistas de un irremediable bohemio con gran sensibilidad social. El preso, surge de un carcelazo en la Habana, de los que se repetirían varios en distintos sitios por escándalos, reclamos contractuales o represión policial, como en la cárcel El Hormiguero de Managua donde fue a parar por un enredo que encubría el castigo de negarse a cantar para el sátrapa Somoza o en Dominicana por burlarse el tirano Trujillo en la radio. Los boleros Amnistía y Patricia, son clamores a favor de convictos compuestos en Cuba y Cautiverio y Cataplún.. pa´dentro surgieron tras las rejas en Guayaquil, Ecuador. Su apoyo a la independencia de Puerto Rico y la Revolución Cubana le granjeó malquerencias en Estados Unidos.

Tenía clara la razón de su popularidad, como se lo expresó a Josean Ramos: “Yo entro a cualquier barrio del mundo, porque en todos se habla un idioma común, el idioma de la pobreza, y aunque haya matones, tecatos, putas o contrabandistas, siempre me respetan. Para otros son barrios malos, para mí no. Yo sé lo que ha pasado esa gente porque yo nací así, qué carajo. Nací pobre y al pobre le echan la culpa de todo lo malo, pero eso no es así. Hay gente noble en esos lugares atestados de dolor”. Decía que garbaba para ellos, que ahorraban los centavos para comprar sus discos porque los ricos podían pagar costosas entradas a tabernas y conciertos.

A sus expensas grabó su tema Sierra Maestra en homenaje a Fidel Castro y los “barbudos”,con la que bautizó Orquesta de Orestes Santos, y lo donó a los grupos de apoyo del Movimiento 26 de Julio en Nueva York. Cuando Radio Rebelde, dirigida por el “Che” Guevara, lo irradió por orden de Fidel se convirtió en himno de la insurrección contra Batista en Cuba. Fue perseguido por el FBI y se llegó a creer que era un agente cubano. Requerido por si Fidel había comprado su composición siempre manifestó: “La escribí porque me salió de los cojones, porque yo soy un hombre libre y no me pagó nada, porque yo cuando escribo cosas por conciencia no cobro”.» Luego haría famoso su estribillo “Si Fidel es comunista que me apunten en la lista” para saludar las primeras medidas del gobierno castrista. Si bien no regresó a Cuba después de los años 60 y dicen que se distanció por algunas decisiones de Castro, jamás se pronunció en contra de la Revolución Cubana.

Del dolor de su patria hizo célebres Lamento borincano de Rafael Hernández. En 1960, con la orquesta de Mike Hernández, grabó La masacre de Ponce, larga duración que además del sentido bolero denuncia, contiene varias proclamas independentistas. Con el también boricua “Davilita” grabó uno de los manifiestos más radicales contra la anexión con el nombre Los patriotas y otro con poemas de José Corretjer, con su también compatriota Claudio Ferrer, el conocido Yankee Go Home (Fuera yanquis), inspirados en la prédica de Pedro Albizu Campo, que también inflamara la conciencia de Filiberto Ojeda, el trompetista de la Sonora Ponceña masacrado por el FBI en el patio de su casa en San Juan luego de heroica resistencia y por quien reclama Calle 13. Paradójicamente, Santos murió el 27 de noviembre en Ocala, Florida, Estados Unidos. Su cuerpo fue enterrado en san Juan junto a las tumbas del patriota Pedro Albizu y el compositor Pedro Flórez.

En los 70, junto con una gigantesca orquesta formada por miembros de la Guardia Nacional de Panamá grabó El revolucionario elogioso de la obra del General Omar Torrijos y en defensa de la soberanía del canal. Cuando el pueblo nicaragüense se levantó contra el oprobio del somocismo, junto con su connacional Danny Rivera promovió colectas solidarias en República Dominicana a favor del Frente Sandinista. Reprochado por esas actuaciones, con inteligencia para no generar reacciones contrarias afirmaba que no le gustaba la política pero odiaba el sufrimiento de los pueblos.

Sin embargo, documentos a punto de perderse, descubiertos por Ramos para la nueva edición de su libro con motivo del centenario, corroboran el compromiso rebelde del “Inquieto anacobero”, como varias letras dedicadas a luchadores sociales, entre ellos el sacerdote colombiano Camilo Torres, muerto en combate hace 50 años (15 de febrero de 1966) en las filas del Ejército de Liberación Nacional. Una de las estrofas dice: “Murió cual mueren los héroes que quieren a su patria de verdad y dan el todo por nada contra toda adversidad. Hombre de honor y coraje, roca de la lealtad, sufriendo sin inmutarse la injuria, la calumnia y la maldad”.

Que estos aspectos de su pensamiento y actuaciones fueran poco difundidos, en la filosofía de la vida de Daniel Santos tenía una explicación, en esta época de valores pervertidos, como se lo plateó a Cesar Pagano (Revista 99.1, No. 11, 1996): “Dígales que yo fumo marihuana, que yo me meto un “pase”, que tomo licor, porque si dice que Daniel Santos es una bella persona, nadie compra la porquería de libro ese. Si dice que yo soy patriota, que me gusta ayudar a los pobres, que soy solidario, eso no sirve. Si tú eres bueno, nadie te quiere hermano”.

Pero guardaba esperanzas. “La causa nacionalista y de justicia social puede decaer durante un período, pero vuelve a resurgir. Mientras haya maldades, hambre y malicia, tiene que surgir alguien que grite, porque los que tienen no gritan. Gritamos nosotros los que no tenemos nada, y por el grito de nosotros los que no tenemos nada es que se hacen muchas cosas enderezadas a acabar con esas situaciones injustas”.

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