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Publicado el: Mie, Nov 14th, 2012

Cuando hablamos de Seguridad, ¿De qué hablamos?

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Por Unicor

El concepto de seguridad es de naturaleza compleja y cambiante, como tal, ofrece más preguntas que respuestas. Sin embargo, creo que las mayorías ordenadas en sociedad estamos de acuerdo de su necesidad, para garantizar por lo menos, en condiciones formales y generales, la convivencia colectiva.

No habrá necesidad para este artículo de repasar toda la teoría del estado de naturaleza del hombre de Tomas Hobbes en el Leviatán, relacionado con la guerra permanente entre los integrantes de la comunidad, una guerra tal que es la de todos contra todos, la que hará surgir el Estado como mal necesario para controlar los diferentes y desbordados instintos.

Desde esta perspectiva inicial, se entiende la necesidad de usar la fuerza estatal para garantizar la seguridad y el orden como presupuesto público, ¿si un Estado no tiene el monopolio de la fuerza y con él, los medios para garantizar la tranquilidad pública, de qué puede ser dueño? Cabe precisar que tal noción llevó a muchos teóricos y políticos a argumentar y abusar de tal prerrogativa, por siglos a toda costa se mantuvo el orden y la seguridad, empero como sinónimos de abuso oficial y de injusticia general. Solo hasta hace unos pocos años, se han incluido principios, valores y normativas de carácter humanístico, unos para defender al ser humano de la acción del Estado (el leviatán), y otras más avanzadas, para poner al ser humano como fin, de las políticas públicas de seguridad.

En la actualidad y sin mayores matices, observemos dos situaciones: a nivel nacional un gobierno defensor del status quo y una guerrilla apegada al menos teóricamente a su ideología, que se sientan en un mesa para dialogar sobre las condiciones de una negociación, y en su víspera, por parte del Estado: reforma tributaria clasista, fomento a la explotación “legal “ minera, eliminación de parafiscales, negación de nivelación salarial a trabajadores de la rama judicial, y como si fuera poco, declaraciones de guerra, del ministro de defensa, “la guerrilla habla de paz, porque las FFMM la han llevado a ello”, entre otras manifestaciones de buena voluntad. Por su parte la guerrilla, intensifica sus operaciones contra militares, policías y pueblos enteros, en el momento en que se escriben estas líneas, a miles de seres humanos ubicados en el Departamento del Choco, se les restringe y prohíbe el ejercicio de sus derechos fundamentales, como consecuencia del paro armado declarado por la Farc, que allá en el territorio es real y se constituye, así el gobierno nacional no lo pueda reconocer, en una verdadera norma jurídica. Es decir, en los dos casos predomina la defensa del interés estatal y del grupo que se arroga el mismo status, cada uno impone su modelo de seguridad, sin importar los derechos de las personas que habitan el territorio, que lo nutren, lo viven, y lo enriquecen, paradójicamente, al menos en teoría, fuente y sentido de la existencia de los unos o los otros.

En Bogotá donde se han incorporado desde los últimos gobiernos distritales elementos de seguridad y convivencia basados en el ser humano y en la garantía de las condiciones objetivas que permitan alcanzar su proyecto de vida, concepción que se ha caracterizado por aumentos formidables en el presupuesto, en la adquisición de vehículos, equipos, infraestructura y aumento de personal de la Policía Metropolitana. Además, de los cuantiosos recursos que financian planes y estrategias como los pactos de seguridad y convivencia, el funcionamiento de secretarias, subsecretarías y direcciones que se encargan de coordinar las actuaciones de las diferentes instancias administrativas, basados en los conceptos de corresponsabilidad y solidaridad ciudadana. Desde esta óptica en la que se evidencia un esfuerzo para conceptualizar y consolidar otra forma de entender la seguridad en la ciudad, que alterna la actuación coercitiva clásica de la autoridad de policía, con la gobernanza pública, también vale la pena preguntarnos como esta quedando el ciudadano.

Ya sabemos que a la par, o como una sombra de los delitos de alto impacto, de los homicidios, de los grandes titulares, existen los conflictos, las violencias y los delitos que no se denuncian, lo que se conoce como criminalidad oculta, vale preguntarnos, si los esfuerzos, las inversiones y los avances en esta materia, han llegado hasta allá:

Hasta el peatón que no va al parque del sector porque éste está colonizado por otro tipo de soberano; quien le puede imponer sus condiciones, impuestos y daños, hasta aquel que sabe que no puede pasar por determinada ruta porque lo roban, o si va en vehículo, le pueden arrebatar impunemente algún accesorio, o ha llegado a la mujer que aborda un taxi que es manejado por alguien que la ultraja porque no lleva el valor exacto de la carrera, o peor, paga con un billete de $50.000. Sin contar con los conflictos que se presentan por ejemplo, en las propiedades horizontales, donde es común ver, propietarios sujetos a todo tipo de abusos por parte de los consejos de administración, sin mayores recursos.

Como puede observarse desde los dos enfoques existen serias carencias, en el estatal, el concepto de poder y de seguridad institucional, aún, se mantiene por encima de los intereses de las personas expuestas directamente al riesgo, y en la ciudad aun no se ha conseguido que los ciudadanos se sientan seguros, plenos y tranquilos, en esta materia, parece ser que la postura políticamente correcta, es reconocer públicamente los avances sin importar como se consigan, con las armas o con el diálogo, lo aceptable es enfocarnos en ellos, admitiendo tácitamente que hay asuntos y zonas vedadas para llegar con elementos efectivos de seguridad, de lo cual es mejor no preguntar en publico.

Displaying 1 Comments
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  1. alexandra dice:

    Estoy totalmente de acuerdo! Si el enfoque de Derechos y la seguridad humana se expresa en documentos y publicaciones en Discurso!! Todo sige igual!! Q ha pasado con la mesa Bogota Region de la oficina de naciones unidas para el desarrollo regional y el compromiso de Bogota con su deuda social!

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