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Publicado el: Vie, Nov 9th, 2012

CUANDO CONSIGA TRABAJO DEJARE DE PROSTITUIR MI CUERPO

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Por: Edelmiro Franco V.

Texto inédito, escrito en Bogotá, 6 Dic-2007

-Estoy aquí para satisfacer sexualmente a los clientes…mi madre sabe que estoy aquí y sufre por ello…Cuando ella consiga trabajo yo dejare de prostituir mi cuerpo (…)  aquí solo hay placer  para los hombres (…)

Ella es Claudia una joven de 19 años, de ojos verdes y serios, de cabello negro ensortijado, delgada y perfumada, como debe estar para la noche. Es una de las cien o doscientas mujeres que ofrecen sus servicios de sexo en La Piscina,  uno de los sitios de prostitución más antiguos y de mayor reconocimiento en el centro de la capital colombiana.

Es un antiguo hotel de cinco plantas, remodelado para casa de citas con todos los servicios… servicios de sexo, licor y música. Está ubicado en el barrio Santafé, que en antaño fue un sector tradicional de la aristocracia bogotana, luego se convirtió  en sitio preferido de hoteles de segunda, moteles y hospedajes.

Y desde hace menos de cinco años, la alcaldía mayor de Bogotá oficializó el sector como la principal zona de tolerancia de la ciudad, donde se ofrece sexo las 24 horas del día, en las aceras y en las puertas de los viejos y destartalados hoteluchos.

Una zona que da inseguridad al transeúnte desprevenido que cruza de día las calles del barrio Santafé,  y miedo cuando se camina de noche entre putas mal vestidas y pintorreteadas, persiguiendo a sus evasivos y potenciales clientes.

Ahí esta La Piscina- con su aviso imponente  con luces azules destellantes- un sitio que marca la diferencia en el sector con  dos entradas diferentes, una para ingresar en vehículo y otra para los  que llegan  a pie o en taxi.

Las puertas están abiertas con más de una veintena de corpulentos hombres, la mayoría de ellos morenos con más de 1.70 de estatura, vestidos de jean oscuro, y chaqueta de colores negro y amarillo con la palabra: Seguridad.

Buenas noches- dice el portero a los visitantes, mientras trata de abrigarse con su chaqueta, gorra y guantes, de la baja temperatura que hay en la ciudad.

No pueden ingresar armas, ni cámaras fotográficas, ni celulares con cámaras incorporadas- agregó el hombre- al tiempo que hace una minuciosa requisa a cada uno de los clientes que  van llegando. No hay parte en el cuerpo que no se explore.

En la puerta no se ven mujeres, en el pasillo tampoco, solo  personal de seguridad, quienes escrutan con sus miradas y manos a los visitantes. Al final del pasillo de entrada esta el primer salón donde se encuentra el bar principal… hombres con cervezas en la mano, “nenas” que entran y salen aceleradas de sus camerinos con  sus sensuales trajes o sin trajes.

A la izquierda de este primer salón, hay una puerta color blanco y con cuadros de vidrios que separa la zona del show y del área del “amor”, a la que solo se ingresa con la “nena” para hacer sexo, previo pago de la tarifa: 20 dólares por los servicios de la chica y cuatro dólares por derecho a 20 minutos en la habitación. Cuando suena el timbre, es hora de levantarse y vestirse.

A la derecha, está el salón azul, con  una puerta y dos ventanales en arco con vista a  la  piscina. Aquí, están los clientes que solo pueden o quieren consumir cerveza.  Y en el área de la piscina está el salón rojo, escenario principal para los show que se hacen cada 20 minutos.

El salón rojo es para los clientes que consumen más de media botella de ron, aguardiente, vodka o whisky, y quienes tienen derecho a mesas que están alrededor de la piscina y a las mejores “nenas” que semidesnudas o desnudas buscan “una conquista” para la cama y así evitar que la noche se vaya en blanco.

Lo novedoso del lugar, es la piscina, que tiene un puente entre un lado y otro, con barandas de metal en color dorado, que a la vez es el escenario para los principales show de la noche, como el de la tigresa que sale de su guarida y al ritmo de la música electrónica, empieza a quitarse prenda por prenda hasta quedar en la desnudez plena.

O el show de la diabla que sale con su traje rojo para exorcizar a aquellos hombres que consumen y consumen licor para ganar el premio de tenerlas por unos minutos en sus mesas y contemplar el esplendor de su sexo, pero sin tocarlas.

Ellas antes de finalizar el espectáculo, van a las mesas de los clientes de categoría A, que son los del salón rojo, y hacen que ellos les quiten con la boca las prendas íntimas, se montan en sus piernas, en el cuello, pasan –como rápida pincelada- su sexo por la boca deslizándose por el tórax, mientras ellos tímidamente intentan tocar sus cuerpos.

-Sin tocar señores a las nenas, sin tocarlas. El que quiera sexo hay que pagarlo… ¡que viva el sexo…! aquí no se admiten maricas. Este es un club de hombres, de machos… ¡que viva el sexo señores…! – es la voz del disjokey que retumba en el salón desde su cabina de control en un extremo de la segunda planta.

La noche avanza, llega la embriaguez, hay un cambio de ritmo y se pasa de la  música electrónica, a la salsa dura, al vallenato, al baile en cada mesa, en cada salón, mientras el disjoky sigue animando la fiesta del sexo.

-Atención señores  nos visita esta noche  el clásico Luis Felipe González, el de “Nelson y sus estrellas”, el mismo de exitosos temas como: “La sirena viene hacia mi”, “La Flaquita”, “Abusadora”, “La Queridísima”, “La Gitana Enamorada” y “La Saporrita”.

-Como ven señores, aquí además de sexo tenemos invitados de calidad- decía con orgullo el disjoky, mientras el  veterano artista tomaba el micrófono y entre “nenas” y borrachos, cruzaba el salón rojo para cantar cuatro temas.

Con camisa gris oscuro, que hacia combinación con sus canas, Luis Felipe González, se paro sobre el puente en el centro de la piscina  para cantar “La sirena viene hacia mí/ voy a buscarla en mi son marinero/ y me espera para bailar/ junto a la orilla del mar”, que fue coreada a todo pulmón por las “nenas”, que por unos minutos se transformaron en cantantes y se olvidaron de su razón de ser: cabareteras.

-Y ahora vienen cosas mas ricas- repetía el disc-jockey – como preámbulo para los shows que se dan después de la media noche: sexo oral entre lesbianas, sexo entre una de las “nenas” y un modelo…sexo…sexo…sexo…

En la segunda planta- que es un inmenso salón con vista a la piscina- esta Claudia sentada en una silla de plástico color azul, esperando el turno para desnudar su delgado y delicado cuerpo ante los ojos de los espectadores.

-¿En que piensas?-pregunte- y antes de responder me fija una mirada coqueta, y dice: Estoy esperando mi turno y creo que no va alcanzar el tiempo, son las doce de la noche y no me llaman.

¿Te gusta este trabajo? No. ¿Por qué?: Estoy aquí  porque necesito vivir, porque mi mamá no tiene trabajo… ¿Ella sabe en que trabajas?: Si, ella lo sabe, ¡pobrecita! sufre mucho, pero no hay otra opción, es muy difícil conseguir otro trabajo… Hace una pausa, le brindo un trago de whisky, el alto volumen de la música impide que el diálogo sea más fluido.

¿Sus compañeras sienten placer por su trabajo?

-Ninguna siente placer. En esto no hay placer para nosotras. El placer es para ustedes los hombres… Mírelas a todas y dígame si ve un asomo de placer en ellas.

¿Qué sientes cuando tienes que hacer el amor con varios hombres en una noche?

-Nada, nada… Nosotras no hacemos el amor. Aquí se tira, se culea o como quiera llamarlo.

¿Se ha enamorado de un cliente?

No. Hay una regla en este negocio: No enamorarse del cliente.

¿Qué clientes frecuentan este lugar?

Aquí llega de todo…actores, políticos, profesores, abogados, periodistas, gente con dinero o sin dinero, algunos solo vienen a ver el show, y otros quieren la carta completa: show, trago y sexo… y nosotras estamos para satisfacerlos.

¿Qué piensas de tu futuro?

-Estoy esperando que mi mamá consiga trabajo y me retiro de este negocio. Me gusta la literatura, me gustaría estudiar publicidad, pero es muy costoso y no tengo como estudiar esa carrera…En mis ratos libres leo.

¿Qué lees?

-Ahora estoy leyendo a Cohelo y espero que este fin de semana me vaya bien para comprar “Memorias de mis putas tristes”, tengo muchos deseos de leerlo…. Perdona, debo dejarte porque voy a presentar mi show….

 

FIN

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