Publicado el: Mie, Ago 8th, 2012

Control al consumo de drogas: Un debate en mora


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Por Heyder Alfonso Camelo

La propuesta del Alcalde Gustavo Petro ha generado un debate pertinente dentro de una sociedad que ha sufrido un latente proceso de conservatización, la cual se encuentra en mora de abrir espacios de discusión con miras a plantear alternativas concretas al fracaso de la lucha anti drogas.Esta parece ser la consigna sobre la cual se sustenta la propuesta realizada por el Alcalde Gustavo Petro en cuanto a la creación de los Centros de Consumo Controlado de Drogas. Estos Centros pretenden desempeñar un papel de entes reguladores del consumo de drogas en la ciudad,  ofreciéndole al consumidor bien sea posibilidades de rehabilitación, o dentro del ejercicio de su autonomía, el consumo de droga con medicamentos que disminuyan la ansiedad. El impacto esperado, sostiene el Alcalde, es ofrecer una alternativa a la juventud que consume drogas que no recaiga exclusivamente en medidas punitivas; y de esta manera,  debilitar las redes de microtráfico de drogas en la ciudad de Bogotá.

La propuesta realizada sin duda alguna es controversial en un país que durante la última década ha sufrido un latente proceso de conservatización, no sólo institucional sino que también ha calado en los imaginarios sociales de los colombianos. Esto es evidente en las declaraciones dadas por el Procurador General Alejandro Ordoñez, quien de manera descomedida sostuvo que “no se puede prever que se va a reducir la violencia, al contrario se está es promoviendo, ya que está determinada por los adictos, exagerando un poco podríamos decir que en esa materia  el Alcalde se la fumó verde”, y de la Ministra de Salud  Beatriz Londoño quien enfatizó en la necesidad de fortalecer los programas de prevención del consumo de sustancias psicoactivas, porque se trata de un problema de salud pública y no de criminalización de los adictos y consumidores. Estas posturas dejan en evidencia tres elementos importantes para tener en cuenta.

El primero de ellos es el no- reconocimiento de la autonomía del individuo.  En un Estado de derecho, como lo sostendría Stuart Mill, la individualidad es uno de los principios esenciales del bienestar, pues la libertad del individuo se sostiene en parte por la posibilidad de poner en práctica sus opiniones por su cuenta y riesgo.  En otras palabras, se desconoce la capacidad que tienen las personas de tomar sus propias decisiones, demandando del Estado el respeto a su intimidad, siempre y cuando éstas no vayan en flagrante contravía del bien de la comunidad. El consumo de drogas es una expresión de la libertad humana, de las preferencias de las personas en cuanto a su forma y calidad de vida, siendo afectados por la generación de imaginarios colectivos en los cuales los valores de la sociedad son coercitivos ante los deseos de las personas.

El segundo es la manera en que se asume una relación directa entre actos criminales y consumo. Las afirmaciones del Procurador General representan una buena proporción de las posiciones asumidas por el grueso de la sociedad colombiana, y es que las personas que consumen drogas son generadoras de actos criminales. Se genera con estas posturas una estigmatización que afectan las formas alternativas de libre desarrollo de la personalidad,  trayendo consigo mecanismos de exclusión, de intolerancia, de estigmatización y de marginalización de aquellos seres que se “apartan” del consenso social; del sentido de lo bueno y lo malo.

El último elemento se centra en la ambigüedad del discurso del gobierno nacional. Por un lado el presidente Santos ha dado algunas puntadas en cuanto al debate del manejo de las drogas, a su legalización o despenalización en el plano internacional; de hecho la declaración dada por la Ministra de Salud refleja este discurso. Pero por otro, no se ha hecho nada para avanzar en la consecución de un cambio en la manera en que se afronta este fenómeno; es más,  según lo informado por los medios de comunicación,  se descartó de plano el anuncio realizado por el Alcalde de Bogotá, sin generar una discusión interna que permitiera abrir espacios de participación ciudadana, académica, de expertos en la materia. Se guarda con recelo al interior del país una idea ultra conservadora de los valores de la sociedad colombiana, pero de fronteras para afuera se proyectan debates de avanzada que no han repercutido en iniciativas concretas. Cabría preguntarse: ¿qué entiende el Gobierno Nacional cuando habla de las drogas como un asunto de salud pública?

El Alcalde Petro ha sido claro frente a estos tres elementos planteados. Con esta propuesta salvaguarda la autonomía del individuo, reconociendo y respetando las elecciones individuales,  y generando estrategias concretas de atención en términos de salud pública para aquellos que tomen una decisión en cuanto a su consumo; sea está con miras a una rehabilitación o un consumo controlado de drogas. Además, reconoce que el consumidor per se  no es un criminal, sino que plantea estos Centros como alternativa al microtráfico de drogas y las mafias que crean, desestructurando así los elementos que pueden alimentar la violencia alrededor del consumo de drogas. Por último, ha sido claro en que es necesaria la participación del Gobierno Nacional, ofreciéndole una oportunidad de iniciar el camino hacia la concreción de sus postulados en lo referente a las drogas, y siendo claro en que estas propuestas han tenido efectos positivos en países como Holanda y Noruega, donde el  consumo se ha mantenido estable con tendencia al descenso al ser entendido como un asunto de salud pública y sanidad, a través de la aplicación de estrategias concretas de atención. El control del consumo es una alternativa que plantea el Alcalde a las políticas punitivas en torno a la droga, que debería ser discutido con la seriedad que demanda los infructuosos intentos por eliminar un mercado ilegal con una rentabilidad desbordante.

 

 

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