Publicado el: Mie, Abr 29th, 2015

Continúan los Diálogos, a pesar de los Soldados e Indígenas Inmolados


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caucaindigenasPor: Carlos Ortega, Profesor Universidad de La Guajira

En un país como Colombia, en donde los medios de comunicación están en manos de los monopolios nacionales aliados con las corporaciones multinacionales del capitalismo voraz, no es posible hacer ninguna crítica significativa sobre su naturaleza impúdica e indecente con respecto a la violación constante de los derechos humanos elementales, que la comunidad reclama como suyos en su necesidad esencial por la verdad y la justicia, a no ser que a estos medios oficiales se les ocurra, en un rapto de conciencia ética y moral, hacerse una autocrítica, y reportar los hechos de manera clara y objetiva y presentar las noticias sin el tinte político con el que se tiñen actualmente en nuestro país.

No es posible llegar a las grandes masas con mensajes nuevos y renovadores porque los medios de comunicación están allí precisamente para que eso no ocurra.  No es posible pensar por ejemplo que Caracol vaya a poner en duda las “atrocidades” del sistema político venezolano, porque eso haría poner a dudar también a su gran audiencia, y de pronto la gente podría empezar a pensar que el sistema venezolano también tiene sus bondades.  Caracol demostró en el pasado mundial de fútbol que superaba ampliamente a su gran contendor, RCN. Ni siquiera éste pudo adoptar una posición crítica al respecto. La pelea es por los niveles de sintonía. Después del mundial de fútbol Caracol tenía que mantener esos mismos elevados niveles de rating.  RCN, en su afán por nivelarlos, casi que saca al aire una telenovela sobre Radamel Falcao.  Menos mal que no le hicieron ese mal a este esmerado goleador colombiano, quien las ha visto verdes en el Manchester United últimamente, después de haber sido príncipe en Mónaco durante dos temporadas. Pero lograron su cometido con la telenovela de Diomedes Díaz.

Vemos también que los medios masivos de comunicación en Colombia han perdido de vista los acontecimientos realmente importantes que configuran el presente y definen la historia de nuestro país. Hace unas semanas se celebró en Bogotá, por ejemplo, la semana del Arte y la Cultura por la Paz, en la que hubo cine, foros, conciertos, con la participación de importantes personajes nacionales e internacionales, ferias y una multitudinaria marcha el 9 de abril. Los medios oficiales sólo cubrieron esta última, obviamente por su carácter multitudinario, como la “marcha de la izquierda”.  Como si los que estuviéramos decididos por la paz en Colombia tuviéramos que estar por fuerza mayor en la izquierda, o tuviéramos que ser guerrilleros o de cualquier modo simpatizantes de los grupos terroristas, como se les ha llamado, estigmatizado y perseguido a agremiaciones como el Congreso de los Pueblos, Marcha Patriótica, Coordinadora Nacional Agraria, ASI, MAIS, MANE, ASPU, sectores de partidos políticos como la Unión Patriótica, el Polo Democrático, Partido Comunista Colombiano, personajes de la vida pública nacional, víctimas del conflicto, desplazados, etc. Todos tratados de manera infame, silenciados o ignorados de manera sistemática por los medios de comunicación oficiales.

O por el contrario, estos medios sobredimensionan los hechos, como a mediados de Abril pasado, con el fin de saturar con el veneno del odio a los colombianos para que pidan bombardear y matar a todos esos guerrilleros que asesinaron de manera tan cobarde y brutal a once indefensos soldados que hacían operativos de protección a la población civil y que en esos momentos se resguardaban de la lluvia bajo el techo de un coliseo en la vereda La Esperanza, municipio de Buenos Aires en el departamento del Cauca.  Se organizaron marchas de rechazo a las FARC en todo el país, a las que Caracol y RCN dieron cubrimiento total, presentando el drama de cada una de las familias de los soldados y las protestas airadas de la población que exigía, como lo hizo el procurador, el reinicio de los bombardeos.  El presidente Santos fue recibido en medio de silbatinas, por parte de soldados y familiares, los que lo exhortaban a acabar con los diálogos de paz. Y aunque los medios hayan logrado con este cubrimiento especial que aumentaran los bombardeos y se intensificara la guerra en todo el país, para el beneplácito de su gran audiencia que pide a gritos más guerra y violencia, no lograron su cometido final cual era el de la suspensión de los diálogos de paz en la Habana.

Fue así como un día después, en la misma zona del Cauca, fueron asesinados seis comuneros indígenas en extrañas circunstancias, y otros dos más se encuentran desaparecidos.  Líderes de estas comunidades atribuyen los asesinatos al recrudecimiento de la guerra del ejército nacional contra la guerrilla de las FARC. Los señores de la guerra se han anotado uno más en esta goleada que nos han empacado a los colombianos. Los soldados son los héroes inmolados y todos los colombianos somos la tropa que clama venganza; los indígenas comuneros son sólo cifras que equivalen a ceros. Falta ver los resultados que ofrezca la comisión del Frente Amplio por la Paz que se desplazó al Cauca para verificar los hechos controvertidos que terminaron con la muerte de los once soldados y la de los seis cabildantes indígenas.  ¿Será que podremos ver los resultados de ese informe en Caracol o RCN en los próximos días?

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