Publicado el: Mar, Feb 5th, 2013

Cine, masturbación y sentimientos de libertad.


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victoria rojo

Por Victoria Rojo.

“Puedo decir con seguridad que alcanzar un orgasmo por mi me cambio la vida, que sentí una sorpresa indescriptible frente a una satisfacción mas allá de lo sexual ya que en ese instante sentí la independencia y la libertad”.

La intención  con la que inicie este escrito, fue recordar el momento en que perdí la virginidad; después de dos párrafos me encontré con un texto aburrido, sin romance, poco erótico, con un tono forzado y fabricado. Llegué entonces a la conclusión que así fue esa primera vez y que no amerita importancia. Gracias a Dios en la vida sexual tenemos varias primeras veces, como la primera vez que sentimos un orgasmo, la primera vez que tenemos sexo en un lugar público, la primera vez que se esta en un trio, sexo anal o se hace algo prohibido, para mi la primera vez más importante, fue el día que me masturbe y logre un orgasmo, uno de los más queridos y recordados, uno logrado por mi solita.

Puedo decir con seguridad que alcanzar un orgasmo por mi me cambio la vida, que sentí una sorpresa indescriptible frente a una satisfacción mas allá de lo sexual ya que en ese instante sentí la independencia y la libertad.  Esto sucedió a los 23, seis años después de haber perdido la “virginidad”.

Nunca olvidaré ese 1º de enero de 2009. Como es acostumbrado en la casa después del trasnocho, de los tragos con la familia y la indigestión, este día se convierte en ese momento del año con un único fin, descanso y silencio.  Me levantaba de la cama lo necesario para ir al baño, comer frutas del canasto de la mesa, saborear el añejo del calentado de Cena y tomar vino seco.

Aleja una amiga del barrio en la víspera del año nuevo me había hablado de un asado, así que la llame a ver como andaba el ambiente por allá. Me insistió que saliera,  y nos tomáramos una cerveza, que estaba hablando carreta con Juancho y Danny. Quise salir a dar el primer vuelto del año y ver los rostros de los  amigos de siempre, los amigos de infancia. Me dispuse al encuentro y estuve con ellos hasta las 10:00 p.m.

En ese entonces yo andaba en la época de los cambios, había terminado materias en la universidad, meses atrás  había terminado con una relación de cuatro años en  la que exploré los beneficios del sexo y establecí una especie de manual en mi cuerpo para poder alcanzar el orgasmo. Lo complicado de esto es que desarrolle una dependencia a un chico que trajo muchos problemas a mi vida,  la situación me hacía sentir achantada y hasta preocupada porque no tenía con quien “llegar al cielo”.

Volví a mi  casa,  entré a la habitación, prendí la tv, me empijame y me  acosté para ver algo mientras conciliaba el sueño. Me gustan mucho los canales locales e institucionales de Bogotá, en especial uno que se llama Señal Colombia al que siempre le he agradecido por aquel momento.

Estaban pasando una película colombiana de los años 80s, hasta hace muy poco el titulo fue un misterio para mí porque comencé a verla como diez minutos después del inicio, la peli recreaba la historia de una familia de los años 50s en una provincia de Colombia, con un contenido bastante político, describiendo la cotidianidad de una hacienda. Logró capturar mi atención e interés porque vi los rostros muy jóvenes de actores que hoy veo en  las novelas, rostros como los de Carmenza Gómez que ahora hace de cincuentona y para la peli tenía unos 30 años… la trama giraba en la historia  de dos medio- hermanos enamorados de la misma chica, Margarita, que mostraba una atracción por Martin el campesino, el que ensillaba los caballos, andaba de ruana y era hijo de la empleada domestica.

Gracias a la escena donde Margarita, Abel y Martin jugaron a las escondidas al estilo americano fue que me excite, lo suficiente para desafiar mis instintos y asumir el deber de generarme  placer. Martin  encontró a Margarita que se había llenado de espinas la ropa y magistralmente comienzan la búsqueda de los besos, las miradas, la seducción…en ese momento mi cuerpo mojo la ropa interior, igual que cuando beso bien rico, extrañamente estaba  sola.

Sola,  y  con un punto  a favor, mucha información para potencializar el placer, tengo claro que en mi vagina hay un punto exacto que cuando se  frota con el ritmo que tienen las guitarras en el rock and roll enloquezco de placer.  Ese primero de enero mientras veía señal Colombia, cerré  los ojos y llevé en la mente la  melodía de  back in black  de ACDC, a la par que mi mano encontraba el punto exacto. Con desespero me quite la pijama y sentí como se mojaban mis  dedos y todo el cuerpo se me estremecía,  me acaricie los pezones deseando sintonizarlos con el éxtasis que me hacía  morderme los labios.

Sentí pena, si, pero me acorde que estaba sola y me acomode como quise, aguante las ganas de gritar y se asomo una sonrisa en mi rostro al descubrir que no tenía que hablar para dar instrucciones, que al abrir los ojos no había nadie más a quien le perteneciera esos minutos de placer, eran totalmente míos.

Fueron diez minutos inolvidables y por esto el primero de enero de 2009 es memorable en mi vida, fue la primera vez que sentí la libertad de tener un orgasmo propio; experimente el sentimiento de autosuficiencia y tranquilidad, hubo una descarga total de energía… nada que envidiarle al recuerdo de los mejores momentos en la cama con mi ex.

Después de explotar no sabía en que andaban en la tv, Margarita se había casado con Abel, Martin la había secuestrado y matado a Abel. La llevaba a un campamento guerrillero, hubo una serie de escenas que me gustaron mucho, un enfrentamiento armado ejército -guerrilla, rostros de instituciones en la actuación y una escena hermosa en la que Martha Liliana Ruiz “Margarita” tiene un hijo en la selva.

Yo estaba contenta, había visto Caín, tremenda película de Gustavo Nieto Roa, que me sirvió de inspiración para “llegar al cielo agarrada a mí”.

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