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Publicado el: Lun, Ene 27th, 2014

Canal Capital: revolución comunicacional


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canal-capitalPor Guillermo Segovia Mora

A Guillermo Asprilla y a su voz necesaria

“Atacan al canal por estar al servicio de las nuevas ciudadanías, por anticiparse a la demanda social por una  política pública de comunicación que garantice el pluralismo,  y con ello contribuir a forjar una verdadera democracia. Les fastidia que muestre el rumbo y que es posible una “televisión más humana”  

No son gratuitos los insultos y las diatribas contra Hollman Morris. Es el precio de convertir, gracias a su inteligencia  gerencial y talento periodístico, un anónimo premio de consolación  del gobierno de turno, en un  canal  de televisión moderno, con una planta de trabajo muy profesional, recursos tecnológicos avanzados y una programación innovadora y contundente, pero más allá, porque  su visión revolucionaria de lo que debe ser la televisión pública, tiene boquiabierto a más de uno.

Con el enrevesado argumento de que la cobertura de las reacciones, movilizaciones y manifestaciones en la Plaza de Bolívar, en contra de la decisión de la Procuraduría de sepultar la carrera política de Gustavo Petro y truncar su gobierno de nueva izquierda, y la trasmisión de sus discursos contundentes desde el balcón de la alcaldía, constituyen una infracción a la ley -que no existe- , periodistas áulicos, políticos represores y comentaristas reaccionarios, chillan para que se “ponga en cintura” al canal, es decir, piden censura, en contra de los derechos y las libertades constitucionales. Pero la razón es otra: querían que la noticia más importante de Bogotá en el siglo XXI y una de las más importantes de su historia se silenciara, que Petro no fuera escuchado, que esa verdad no se supiera, que ese pueblo no se viera, que ese ejemplo no cundiera. ¡Cuánto se lamentan!

En menos de dos años, Canal Capital creció progresivamente en audiencia por la calidad, variedad, profundidad y alternatividad de su propuesta televisiva, se posicionó como el canal público de mayor incidencia entre líderes jóvenes (Cifras y  Conceptos), fue incluido y reconocido por la ciudadanía bogotana por vez primera y como la cuarta mejor entidad del Distrito Capital en la encuesta “Bogotá, cómo vamos”, avalada nada menos que por El Tiempo, la Cámara de Comercio y la Fundación Corona, firmó convenio de cooperación con la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos para asesorar sobre su experiencia en el mundo, obtuvo el galardón  del Círculo de Periodista de Bogotá a la mejor serie periodística y las embajadas de Francia y Suecia le otorgaron el Premio “Antonio Nariño” por la promoción de la Paz y los Derechos Humanos.

Logros que quieren enterrar unos opinadores envidiosos y vengativos porque el canal le mostró al mundo un suceso que deseaban tapar con su ceguera, para manipularlo en función de la  confabulación que busca acabar a como dé lugar con el gobierno de la “Bogotá Humana”, y cumplió su misión con la verdad y la democracia.  Que es un medio público gimotean, ocultando que lo hacen desde medios públicos concesionados y deberían contarle a sus audiencias sus inclinaciones políticas, intereses económicos y relaciones familiares, y las de sus patrones. La gente tiene derecho a saber que los medios de comunicación privados manejan la información a conveniencia de esas realidades y que la tal objetividad que reclaman no existe.

Televisión para interpelar la democracia

De manera demagógica, porque así se gobierna y se legisla el país, el Acuerdo 19 de 1995   le señaló como objetivo al canal público de Bogotá: contribuir con el desarrollo humano, social y cultural e incluir a los movimientos sociales  que actúan en la ciudad. Nada para un funcionario de oficio. Todo un desafío de la modernidad para un profesional. Ojala,  los que intentan confundir a la gente, cuestionando la orientación de canal, tengan el caletre para comprender  la hondura, no calculada por sus hacedores, de esa disposición, aunque la sigan interpretando a su acomodo.

Darle sentido a ese mandato legal es lo que está haciendo ese “remedo de periodista”, al decir de un insolente quintacolumnista del uribismo, y del que intentan burlarse periodistas que posan de críticos y chistosos, ignorando que el humor también está travesado por la ideología y que con sus posturas se hacen peones del atraso por un caldo. Bien decía el gran maestro Charles Chaplin que “el verdadero valor de un hombre es su carácter, sus ideas y la nobleza de sus ideales”.

El  Alcalde Gustavo Petro, un demócrata en sentido profundo -con el tiempo se reconocerá su talante y su grandeza- nombró a Hollman Morris gerente del canal público de la ciudad,  no para mandar a servir tintos, como quisieran tantos  bobos, ni para hacerle propaganda -ninguno de los dos tiene ese talante- sino para ejercer una política pública de televisión que dé alcance real a la participación ciudadana, en línea con  los ejes que orientan el Plan de Desarrollo “Bogotá Humana”, una propuesta de gobierno que recoge como propósitos, los más avanzados desafíos de la humanidad para preservarse y garantizar vida en el planeta, contra la cual el statu quo ha puesto a funcionar toda su maquinaria -mediática, económica, política, burocrática y jurídica- pero se encontró con una muralla.

Superar la segregación y discriminación social, combatir la depredación y adaptar  la ciudad a los efectos del cambio climático, ordenar su desarrollo en torno al agua, densificar su crecimiento hacia el centro, defender lo público y combatir  la corrupción, son los principios de la propuesta  mandatada por los electores de Petro, y, a partir de su elección, gobernante de TODA la ciudadanía de Bogotá, así relinche la politología de derecha. Estratégicamente un golpe a la yugular al modelo neoliberal de urbe para el consumo y negocio de unos pocos. Y por eso la guerra sin cuartel contra el Alcalde y el canal.

Irrupción de las nuevas ciudadanías

Por primera vez en Colombia, la protección de la naturaleza y los animales, el cuidado del ambiente, los asuntos internacionales, la paz y los derechos humanos, la agenda pública de los sectores populares, los actores y temas políticos de la oposición al modelo neoliberal imperante en  el país, del que Bogotá se les descarriló, la diversidad y la diferencia, temas ignorados por los grandes medios o tratados con la lente de los poderosos, tienen una franja de opinión que cuestiona, informa y enseña, con una nómina de periodistas y analistas acreditada y plural.

Como nunca antes los indígenas y afrocolombianos disponen de un espacio autónomo para trasmitir su realidad y sus aspiraciones. De forma excepcional,  la comunidad LGBTI, la juventud y las mujeres cuentan con espacios que, más allá de publicitar supuestas aperturas,  tratan con idoneidad emancipadora sus problemáticas. Las personas con habilidades especiales encuentran una programación que toma en cuenta sus derechos y se trasmite en captura de texto cerrada  y lenguaje de señas. La libertad de credo y la espiritualidad tienen cabida sin dogmatismos. Las ideas políticas fluyen con equilibrio, rompiendo el monopolio subyugador del bipartidismo. Se habla de sexo sin tapujos pero con sobriedad.

Agradece una ciudadanía hambrienta de verdad no mediatizada, programas como “Sueños compartidos”, una alegoría de Nuestra América, testimoniada desde los dolores de las dictaduras y las alegrías de las victorias de sus pueblos; “Hagamos memoria” y “Las víctimas de Pablo Escobar”, valiente recordatorio de la sangría con la que el sistema (las criminales alianzas del poder) ha tratado de segar  nuestros anhelos de cambio; video clips que retratan la ciudad en toda su extensión urbanística y humana y mensajes aleccionadores de pensadores, humanistas y defensores de los derechos humanos para hacer conciencia.

“Crónicas de un sueño”, el pasado reciente dramatizado con los lentes de la actualidad, lo que hace más contundente su revelación de las infamias contra nuestro pueblo; “El Espejo” con la muestra irreverente de los creadores de imagen; los programas infantiles y juveniles hechos por sus protagonistas desde su visión de futuro y no por adultos infantiles y sus deformaciones perversas. “El primer café” que le da al formato insulso de la radio revista en los demás canales, un contenido que respeta  la inteligencia de los televidentes.  Los siempre postergados tienen ahora pantalla.

Contrataciones y trasmisiones  especiales le han permitido a la pobrería disfrutar espectáculos como el de Paul McCartney y el Concierto de la Esperanza, que nos deleitó con Manu Chau y Café Tacuba, y en su tercera versión, el 14 de mayo, nos consentirá y concienciará con Calle 13. Los festivales musicales desde el parque y el Metal de las Montañas de Ciudad Bolívar. La  Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela (OSSBV) dirigida por el prestigioso maestro Gustavo Dudamel en la interpretación premonitoria del “Concierto de la Esperanza” de Wagner, “Bogotá es Beethoven” y la “Misa Latinoamericana” dirigida por el gran pianista cubano José María Vitier, coberturas y alianzas estratégicas con las  que puso en las pantallas la “alta cultura” al alcance  de los excluidos.

Información desde abajo

Las ideologías profesionales sirven de sustento para apuntalar el sistema dominante, situación que ya se comienza a cuestionar, y por eso no es de extrañar que el periodismo funja como muñeco de ventrílocuo para hacerle creer a la masa que las ganancias de los ricos son patrimonio de todos, que la pobreza es circunstancial y autogenerada,  que el Estado es el régimen común y no el aparato administrador de los pocos que detentan el poder y que las determinaciones del Procurador son apegadas a la ley y no baculazos de la reacción, para aplastar la propuesta alternativa que gobierna Bogotá y tenderle cerco con alambre de púas al que piense en atreverse en el país y a los diálogos de La Habana.

Noticias Capital, el informativo del canal, asume con calidad, en una ruptura trascendental en los medios, el periodismo alternativo y alterativo: pantalla para los hasta ahora invisibilizados e ignorados, sus visiones, sus narrativas, sus realizaciones, sus agendas, su hacer y su saber. Los movimientos sociales y sus representantes. Deporte en dosis adecuada y promoviendo la convivencia. La cultura en clave popular. Los hechos nacionales y mundiales en contexto, no la cómplice constatación de la mirada dominante que como tal proclaman los medios privados, sino la búsqueda y puesta en común de las causas reales de los conflictos, las determinaciones del poder y las luchas y conquistas del pueblo agraviado.

Como al actual Canal Capital no le pueden cuestionar su calidad, profesionalismo y criterio incluyente, los opinadores reaccionarios y otros aparentemente especialistas pero despistados o toderos en naderías, pretenden descalificarlo por parcialidad. Y lo es, no con la imparcialidad  hipócrita de los medios del empresariado, sino con una clara opción por los pobres,  los movimientos sociales y el universo  popular. Por eso lo quieren callar. A propósito dijo  José Martí: “Odio la pluma que no vale para clavar la verdad en los corazones y sirve para que los hombres defiendan lo contrario de lo que les manda la verdadera conciencia, que está en el honor, y nunca fuera de él”.

Con un criterio periodístico que asume lo más avanzado del quehacer  profesional, las noticias de Canal Capital no son las que dicta la agenda oficial, aunque no dejen de aparecer por su importancia coyuntural o general, sino las de mayor relevancia para la sociedad, en perspectiva de cambio. Los esfuerzos de la gente por salir adelante luchando contra un statu quo que no deja, la organización para reclamar sus derechos, la cultura y el arte que brotan en los barrios y las hazañas de vida de los ninguneados.

 

Lo que no quieren que se sepa

Desde luego, el canal cubre la visión y acciones del gobierno de Petro, lo que tiene la legitimidad del reclamo ciudadano ante la manipulación y el veto de la mayoría de los medios privados sobre la Administración Distrital.  “Ya está claro” que como se descuidaron para impedir su elección, los noticieros son la voz oficial del complot para acabar con Petro y su programa de gobierno, utilizando los más arteros mecanismos de manipulación, descalificación, distorsión  y falsedad, “1, 2,3” mentiras una y otra vez. A lo que hay que agregar que varios periodistas tienen relaciones íntimas con el cartel de las basuras cuya desprivatización desató las iras  contra “Bogotá Humana”. Los epítetos con los que descalifican a Petro en sus notas de opinión e informativas, no son más que la mediocre aplicación de una matriz sicológica para generar imaginarios adversos, pero en eso también están fracasando.

En Canal Capital es noticia, por ejemplo, que Petro está liquidando el régimen corrupto que ha gobernado Bogotá durante medio siglo, incluyendo la farsa de Garzón y la canallada  de los Moreno  y compañía,  empoderando y politizando una sociedad en alto porcentaje alienada para que asuma con conciencia su futuro;  que la mortalidad infantil en menores de 5 años se redujo a cero, a la par con Cuba -donde se sostiene con un heroico esfuerzo social- y los países capitalistas más desarrollados; que en pleno corazón de la ciudad se inició la construcción de La Hoja, una moderna unidad de vivienda para 350 familias de desplazados y en Bosa de la sede de la Universidad Distrital que tendrá cupo para 7 mil universitarios de sectores populares.

Es titular que los homicidios han tenido una reducción histórica colosal desde la catastrófica cifra de 80 asesinatos por cada cien mil habitantes de la alcaldía de Jaime Castro; que se redujo  la contaminación del aire en una ciudad que competía locamente por ser la más podrida del mundo, que aumnetó la estructura ecológica de la ciudad, y que decenas de miles de bogotanos y bogotanas indignados con la amañada decisión del Procurador de destituir e inhabilitar al alcalde, con la toma de la Plaza de Bolívar le están dando un vuelco histórico a la democracia para dotarla de contenido. Es lo que intentan callar y no han podido. Todas  estas noticias en el último mes, el más intenso en la intentona golpista.

Por qué tanta tirria

La plutocracia que  usó el espectro electromagnético para quedarse (Rojas Pinilla trajo la televisión para “agarrar” pueblo), tapar fraudes (Lleras mandó a todos a dormir el 19 de abril de 1970), para reprimir (López justificó los muertos del Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre de 1977), para infamar (Betancur con sus ministros Jaime Castro y Nohemí Sanín ordenó pasar fútbol mientras se daba la carnicería del Palacio de Justicia, por la que debe responder el Estado según fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos), para despistar (Gaviria juró ante cámaras la Constitución Socia de 1991 e impuso por fuera de ellas el dogma neoliberal).

Los que siempre han tenido a disposición los espacios televisivos  para engañar (los ocho años de Uribe y sus consejos comunitarios avasalladores), para negar al pueblo (“El tal Paro Nacional Agrario no existe”, dijo Santos en octubre de 2013, cuando los dignos paperos lo pusieron en jaque con su carácter).  Esa misma gente, pretendía  que las acciones, razones y denuncias del gobierno legítimo de Bogotá no se conocieran, para sellar con el silencio la faena ignominiosa en curso en diferentes frentes y que quisieron  rematar con las arbitrariedades de la Procuraduría. Y, como dijo Mar Candela, porque le temen al alcalde: “Petro no tiene discurso. Él es su discurso”.

Los medios de la trama corrupta, en defensa de los intereses de los oligopolios, y algunos que posaban de liberales,  pelaron el cobre frente al apoyo multitudinario a Petro y su incidencia en los sucesos jurídicos que pusieron a tambalear el golpe político contra el Alcalde: enfocan a plano cerrado la plaza, restan en vez de sumar, titulan canalladas, editorializan la información, redactan con las  tripas viliosas, denigran de la gente, se descaran intentando confundir, se regodean con el Procurador de su “hazaña”, callan o sesgan los discursos y logros de Petro. Inventan una crisis de la Acción de Tutela por su éxito en defensa de los derechos políticos pero pasaron de agache ante la reciente reforma que la condiciona a la regla fiscal, es decir, que la realización de derechos queda relegada por siempre.

Y aún así, se fueron de jeta al vacío, porque este pueblo no es pendejo. Por eso sabe que la andanada contra Canal Capital hace parte de la misma componenda, porque le puso pantalla a la rebelión popular y les dañó el torcido. Cuánta razón tenía ese maestro del periodismo que sigue siendo Richard Kapucinsky, cuando afirmó que “Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”.

Canal Capital escucha y amplifica la voz de los que los demás medios ignoran, devela las causas que otros ocultan, grita las verdades que otros silencian, desnuda con elegancia lo que otros con ordinariez tapan, comunica desde las fronteras que los demás desconocen, educa y entretiene críticamente,  y de esa forma contribuye a crear conciencia, politizar y empoderar a la mayoría en una sociedad desequilibrada, que está en franca rebeldía contra el orden establecido. No hay que separar el repudio al Procurador del rechazo ciudadano a Uribe y la apatía con  la reelección de Santos.

Atacan al canal por estar al servicio de las nuevas ciudadanías, por anticiparse a la demanda social por una  política pública de comunicación que garantice el pluralismo, medios democratizados en su propiedad, formatos, producción y contenidos para hacer realidad el Derecho a la Información y con ello contribuir a forjar una verdadera democracia. Les fastidia que muestre el rumbo y que es posible una “televisión más humana”

Displaying 3 Comments
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  1. nelson ruiz dice:

    No contentos con criticar al canal capital , nos impusieron dentro de los noticieros alocuciones que en otros espacios nunca los verian

  2. […] Proviene de algunos pocos empleados de la industria informativa que “les fastidia que Canal Capital muestre el rumbo de que es posible una televisión más humana”, como lo describe el periodista Guillermo Segovia en Actualidad Urbana. […]

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