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Publicado el: Mar, Ago 28th, 2012

CAMINANDO POR LA SÉPTIMA (Preguntas de una peatonalizada)


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Por: Johanna Garzón

Desde que Bogotá empezó a crecer hacia el norte, la Calle Real era la principal vía de conexión entre la ciudad y sus municipios aledaños: Chapinero, Usaquén, Chía, etc. Luego, la Calle Real se llamó Avenida Alberto Lleras Camargo, cuando ya la ciudad se convertía en un Distrito Especial y finalmente siguió llamándose sólo Carrera Séptima, sin perder su relevancia histórica y ubicación privilegiada dentro del trazado vial de Bogotá.

En aquellos tiempos de la Calle Real ya era una costumbre para los bogotanos hacer una caminata de sur a norte de la pequeña ciudad recorriendo cafés y los establecimientos de comercio más reconocidos, que siempre encontraron un espacio en la Carrera Séptima; fue en ella donde nacieron las líneas del Tranvía de mulas –que partía de la Plaza de Bolívar y concluía en la Calle 24 en un principio- y por allí pasaron las comparsas del ya olvidado Carnaval de Bogotá, las marchas de los paros cívicos de los años 60 y 70, así como las hordas enfurecidas del Bogotazo. La Séptima siempre ha sido un espacio de expresión cívica, y una ruta obligada para conocer el corazón de la ciudad.

Desde mis épocas de estudiante siempre me gustó hacer el recorrido llamado “Septimazo”, que cubre el centro de la ciudad desde la Candelaria hasta donde los pies alcancen. Es un excelente ejercicio físico y pone en perspectiva histórica la realidad de esta zona de la ciudad; de allí que la idea de la peatonalización de esta vía, planteada y ejecutada por la Administración de Gustavo Petro,  me pareciera interesante en un principio, desde un punto de vista sociológico, de conexión del peatón con su ciudad.

No obstante, como usuaria frecuente de la Séptima y del transporte público en el centro de la ciudad, me encuentro frente al choque de dos derechos que me devuelven a la realidad. Mi primera reacción ante la medida fue darme cuenta de la milagrosa reducción del ruido en esta zona y la idealista que llevo dentro, se regocijó al ver a los peatones interactuando tranquilamente con esta vía; pero por otro lado, se hizo evidente para mí la poca planeación en términos de movilidad que tuvo esta medida.

Tradicionalmente, el centro ha tenido cuatro vías principales hacia el norte: la Avenida Circunvalar, y las carreras Tercera, Séptima y Décima. Al peatonalizar la Séptima, podría afirmarse que existen tres vías más de salida hacia el norte desde el centro de la Ciudad, pero al saber que la Carrera Tercera se encuentra en adecuación para las nuevas estaciones de Transmilenio y la Décima tiene un evidente problema de delincuencia y violencia que ha sido ampliamente documentado, queda sólo la Avenida Circunvalar como opción medianamente segura de tránsito de sur a norte desde el centro de la Ciudad; Infortunadamente, esta Avenida no cuenta con sistema de transporte público diferente al de taxis, por lo que los peatones que económicamente no podrían transportarse en taxi todos los días deben caminar hacia el punto donde se unen las carreras Séptima y Décima en el Centro Internacional –tramo donde la peatonalización termina- para poder acceder al transporte público, que vive embotellamientos que superan los 40 minutos para avanzar 4 o 5 cuadras, en una zona cuyas aceras están en construcción y son una pista de obstáculos.

Este primer punto es el final de la travesía que deben vivir los peatones que desean ir a sus hogares ubicados al norte de la ciudad. Su inicio está en la misma Séptima peatonalizada, pues la Administración asumió, bajo una posición bastante facilista, que todos los bogotanos que desarrollan sus actividades económicas y/o académicas en la Séptima entre las calles 19 y 24 son aptos para caminar o cuentan con una silla de ruedas en caso contrario. Varias veces, al caminar por esta zona, me pregunto qué medios utilizan aquellos peatones que usan muletas o bastón para llegar a la zona donde pueden acceder al transporte público, más aún en las horas de la noche. Una potencial respuesta es que existen algunas rutas de bus que cruzan la Séptima en las calles 24 y 22 de occidente a oriente, pero no todas estas rutas van hacia el norte o el occidente de la Ciudad, así que obligatoriamente algunas de estas personas discapacitadas deberán caminar en promedio de 8 a 10 cuadras para tomar un bus o colectivo. ¿Es esta una visión humana de Bogotá?

Este es un ejemplo de las preguntas que surgen en mí cuando recorro la Séptima en su tramo peatonal, y todas ellas me llevan a pensar que con la peatonalización de la Séptima ocurrió lo mismo que con el concierto de Paul McCartney en El Campín: fue una medida tomada desde un punto de vista romántico y que perdió el sentido práctico en su ejecución. No a todos los bogotanos les gusta Paul McCartney (así algunos seamos fanáticos), así que no todos deben pagar por verlo; del mismo modo, no todos usan la Séptima para conectarse emocionalmente con la ciudad –es más, la necesitan para llegar a sus hogares a la mayor brevedad y con la mayor comodidad posible-, entonces no todos deben pagar porque algunos quieran hacerlo.

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  1. Sin ofrecer seguridad al sector que parecen predios en toque de queda, donde hasta el Punto Rápido, termino cerrando a las 9.00 P. M. CAMBIANDO SU SERVICIO DE 24 HORAS.

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