BOGOTÁ REGIÓN: ¿ÁREA METROPOLITANA O ANEXIÓN?

conurbacionPor: Héctor Pineda S.

“…el desafuero de la conurbación sigue derramándose hacia la Sabana en una dinámica de pavimentación de suelos agrícolas y destrozo de estructuras ambientales esenciales, en una anexión por las vías de hecho”


 

A Bogotá, en lo que respecta a institucionalidad que armoniza las relaciones político administrativas con el vecindario municipal, hasta la fecha, no le ha ido bien. Sin importar el número de votos que le aporta la ciudad y sus municipios aledaños a Senadores y Representantes a la Cámara, el asunto de una legislación que intente ordenar el desborde territorial de la Capital de la República sobre las tierras de la llamada “Sabana de Bogotá” no ha contado con respaldo en el Congreso. El legislador, por decirlo de alguna manera, se ha mostrado renuente en la expedición de la ley metropolitana.

Para intentar explicar lo que viene sucediendo, ojalá no me señalen de polarizador, vale pena recordar que sobre el ordenamiento territorial, hace medio siglo, se abrió la posibilidad de asociar a Bogotá con las entidades territoriales departamentales en Regiones Administrativas y hacer asociaciones con los municipios en Áreas Metropolitanas. Lo primero, la Región, Bogotá y los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Meta y Tolima, en un esfuerzo de concertación simétrico, se han asociado en la Región Central, primera de esta índole después de la vigencia de la Constitución de 1991. En contrario, la institucionalidad metropolitana se mantiene congelada.

Por supuesto que no hay que olvidar que los debates y estudios sobre el tipo de asociación que debe adoptar Bogotá son abundantes. Fórmulas asociativas de frágil vinculación jurídica se han movido durante estos años de aquí y de allá. El liderazgo de allá, como se sabe, lo ejerce la tutela departamental con la ausencia, la más de las veces, de la institucionalidad local. En otras palabras, la voz de los municipios, sus alcaldes y Concejos se mantiene al margen del debate y, como se evidencia, las decisiones que se toman en cada uno de los municipios, casi siempre, responde a los intereses del grupo dominante de turno, sobre todo en lo que respecta al cambio de usos del suelo y ventajas impositivas. Los consensos para armonizar el orden del territorio, hasta ahora, han naufragado. El debate sobre una poderosa asociación metropolitana se extravía en un enmarañado y altisonante debate de circunstancias subalternas.

Por otra parte, al evidente desinterés en el Congreso, la verdad sea dicha, desde lo local, “de abajo hacia arriba” como se suele decir, también es inocultable. Reflexiones y procesos no se debaten en las Corporaciones municipales que, entre otras, son las encargadas de aprobar o improbar los POT,  “hojas de ruta” que garantizan la armonía y la sostenibilidad del territorio. La desarticulación, como estalla cada tanto, ha servido para que Bogotá, muchas veces con soberbia, le imponga el peso de la carga de las necesidades de expansión de la Capital sin tener en cuenta los impactos en el vecindario. Se recuerda la anexión de cinco municipios por allá en 1954. En el pasado reciente,  “no más agua en bloque”, dijo un Gerente del Acueducto. “Se hace la construcción en Mosquera”, amenaza el actual alcalde. En fin, los negocios de Bogotá (no exagero en el término negocios) poco importan si avanzan en contravía del interés de los municipios vecinos. La autonomía, establecidas en el orden constitucional del derecho a decidir sobre sus asuntos, sin sonrojo, claudica aplastado por el peso enorme de la dinámica bogotana.

Así pues, la decisión del Congreso de activar la armonía metropolitana mediante la respectiva ley, sin voz que la defienda, sigue frenada. Entre tanto, para usar la muletilla de la periodista,  el desafuero de la conurbación sigue derramándose hacia la Sabana en una dinámica de pavimentación de suelos agrícolas y destrozo de estructuras ambientales esenciales, en una anexión por las vías de hecho.

tikopineda@gmail.com

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