Publicado el: Mar, Ago 5th, 2014

Bogotá, la ciudad que nos habita


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Bogotá, 476 años de su fundación

Guillermo Segovia Mora/

Bogotá o Bacatá fue la aldea principal del pueblo muisca, asentado en una extensa sabana andina en el centro  de la actual Colombia. Los invasores españoles lo renombraron Santafé, el 6 de agosto de 1538, instaurando la ciudad colonial, hasta que en el parte de victoria, al arribar tras el  triunfo independentista en la Batalla de Boyacá (7 de Agosto de 1819), Bolívar suprimió la referencia hispánica y reivindicó el nombre nativo para animar a las huestes rebeldes con un signo de identidad.  Hoy, a 476 años de su fundación, casi ocho millones de personas, gran parte de ellas de diversos orígenes regionales (Bogotá es Colombia),  han hecho suya una de las urbes más atractivas y pujantes de Latinoamérica.

En su rostro los  rastros del tiempo

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Es la Bogotá  central de La Candelaria colonial: la Calle Real (Carrera Séptima);  el Chorro de Quevedo, el Observatorio Astronómico y el Camarín del Carmen;  la casas de Antonio Nariño, Gilberto Alzate Avendaño,  Rafael Pombo, José Asunción  Silva, Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo, sedes de entidades sin ánimo de lucro o públicas, que comparten el objetivo misional de enriquecer y divulgar nuestra cultura;  el conjunto Calle del Sol;  los pasajes Rivas y Hernández y los  recordados Cuervo y Arrubla, en cuyo incendio, en 1900, ardió el Acta de Independencia y parte de la historia de la ciudad.

El edificio de Los Ministerios; la Academia de Historia; La Casa de Nariño y el Palacio de San Carlos; los colegios Salesiano León XIII y de La Merced  (hoy, escuela de artes); La Capuchina y el Voto Nacional; Nueva Santa Fe, las Torres del Parque y el Centro Cultural Gabriel García Márquez de Salmona; las Torres Jiménez de Quezada, Blancas y de Fenicia; el Jockey y el Gun Club y los Palacios de la Policía y de Bellas Artes. En el corazón de la urbe: El Capitolio Nacional, el Colegio San Bartolomé, el Arzobispado, la Catedral, El Sagrario, el Museo de la Independencia (“Casa del Florero”), el Palacio de Justicia, el Edificio Liévano y la Casa Juan Flórez de Ocariz (Museo de los Comuneros: de allí sacaron a Galán y sus compañeros para decapitarlos), enmarcan la Plaza de Bolívar con la escultura del Libertador de  Tenerani al centro, donde las palomas revolotean y pican el maíz que les arrojan los abuelitos, un fotógrafo, con una Réflex o Polaroid, ofrece tomar un retrato y un lustrabotas charla entusiasmado, al tiempo que agita un periódico trasnochado.

De la Plaza de Bolívar, por la Carrera Séptima hacia la calle 26, los edificios Murillo Toro (a su lado se destruyó el Convento de Santo Domingo); El Tiempo, Banco de la República (en la esquina donde quedaba el famoso Hotel Granada de los 40), BCH, Museo del Oro, Avianca (y el recuerdo del incendio de 1973). Al frente de éste los templos contiguos de San Francisco, La Veracruz y La Tercera; y a ambos lados, hacia adelante, los edificios Córdoba, Escobar Jimeno, Ibérica, Colseguros y La Carrera. Pasando la Avenida calle 19, en la acera derecha, los grupos de aficionados agolpados alrededor de los tableros de ajedrez; enseguida la Iglesia de Las Nieves, enfrente la Plaza  Eduardo Umaña Mendoza (o de Las Nieves o Francisco José de Caldas, en honor al prócer), en memoria del jurista defensor de presos políticos y los Derechos Humanos, asesinado; el edificio Michonick (Personería de  Bogotá) y el semicurvo del IDU.

Mas allá, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, la Terraza Pasteur y el Centro Internacional: los edificios Embajador, Colpatria iluminando la noche (enseguida el teatro Olympia convertido en oficinas); Colón, de bohemios, izquierdistas y poetas;  Aerolíneas   Argentinas escalonado; Fonade; el del reloj electrónico del Banco de Bogotá (hoy de manecillas y de CorfiColombia); las esculturas de La Rebeca y el Mono de la Pila y la iglesia de San Diego en el entorno;  el Hotel Tequendama, el Parque Central Bavaria, con las cavas y falcas de la desaparecida cervecería; los  edificios que pertenecieron a Bavaria y la Flota Mercante; por la 26 hacia  el aeropuerto Eldorado (occidente), en la carrera  22 (en un espacio del Cementerio Central), el Centro de Memoria Histórica, Paz y Reconciliación con la cartografía de los asesinatos políticos en la ciudad, empotrado en un sitio  del tradicional rito del perdón.

Desde los cerros orientales, por el Eje ambiental (sobre la canalización del río Vicachá o San Francisco) hacia la Avenida Jiménez: la Quinta de Bolívar, la iglesia de Las Aguas, el monumento a Policarpa Salavarrieta, “La Pola” (Heroína de la Independencia), la Academia Colombiana de la Lengua, el Parque de los Periodistas, el Templete al Libertador, los edificios Bicentenario (en homenaje al 20 de Julio de 1810, día del “Grito de la Independencia”), Continental  (tradicional hotel fundado en 1948, remodelado, ahora de apartamentos), Monserrate (vieja sede de El Espectador), la Plazoleta del Rosario, El Tiempo. Pasando la Carrera Séptima,  al costado norte, el Palacio San Francisco; en el costado sur, la esquina de los esmeralderos, el edificio  Pedro  López; en frente, el Edificio Camacho (sede antaño de la Librería Buchholz). Pasando la Carrera Décima (que en los 60 prometieron sería la vía de la modernidad y hoy ahuyenta en el caos), la Plaza de San Victorino (ayer galería comercial), adornada por la Mariposa de Negret, y la variada arquitectura republicana que recorre  la antigua 13, incluida  la bella Estación de la Sabana, hasta las “celdas” del Banco Cafetero en la carrera 30. Más allá, el antiguo matadero, joya arquitectónica restaurada, ahora Biblioteca de la Universidad Distrital.

Si la ruta es por la Avenida calle 19: el Colombo Americano,  el Colombo Francés, los edificios Procoil, Barichara, Residencial Sabana;  en la 5ª.,  el nuevo Bacatá D.C. (que sobre el viejo hotel, con 60 pisos, será el más grande de Colombia); los cafés y bares en las terrazas. Atravesando la 7a.,  los comederos de la plaza de mercado de Las Nieves, ópticas a lado y lado  Al cruzar la Caracas, el edificio Cudecom (que corrieron sobre rieles para alargar la avenida). Hacia abajo, por la acera norte,  la frontera sur del barrio Santa Fe, con su pasarela nocturna de prostitutas y travestis y de allí hasta encontrarse en la Carrera 30 con la unidad de vivienda para población en situación de vulnerabilidad La Hoja. Bogotá tiene su corazón en el centro.

 

Miscelánea de vivencias y paisajes

Maloka

La Bogotá  del bunker de la Fiscalía del Salitre, los juzgados de los edificios Nemqueteba, Convida, Uconal, Camacol, Hernando Morales Molina (antiguo Banco de Bogotá),  y el complejo Kaysser; las cárceles La Picota, La Modelo, Distrital y Buen Pastor; los archivos Distrital y General de la Nación; el CAN y el CAD; los hospitales San José, San Juan de Dios, La Misericordia, Hortúa, Santa Clara, Kennedy, San Pedro Claver (Méderi), San Ignacio, Tunal, San Blas y las clínicas Marly, Country, Santa Fe, Nueva Colombia, Reina Sofía, Corpas, Cardio Infantil, Lorencita Villegas y Chaio; los ropavejeros de la Plaza España, la ropa de segunda de la 47 y el madrugón del Gran San (la tienda de ropa popular más grande de Sudamérica); las lánguidas sombrererías de la once, ayer hitos del buen vestir; los toldos de San Pelayo en Usaquén, el mercado de las pulgas de San Alejo (parqueaderos de la 24), el agáchese del Parque de los Periodistas, las vendimias de San Victorino.

Las tiendas de los barrios donde todavía se vende al fiado; los centros comerciales Santa Fe, San Rafael, Palatino, Hacienda Santa Bárbara, Portobelo, Unicentro, Unilago, Andino, Granahorrar, Plaza Mayor, Calima, Gran Estación, Plaza de las Américas, Salitre Plaza, San Martín, Metrópolis, Bulevar Niza y Titán; las grandes superficies y cadenas Makro, Alkosto, Carrefour (ahora Jumbo), Éxito, Olímpica, Carulla y los desaparecidos Jota Gómez, Ley, Tía y Dalhom; Corabastos, los mercados de Paloquemao, Las Cruces, Las Ferias, Doce de Octubre, Las Nieves y el Resterpo; el extinto lupanar histórico, tenebroso y arrabalero de El Cartucho y el sórdido Bronx que se resiste a cambiar;  las nemesias, el tranvía y los trolis que ya no existen; Trasmilenio, los buses azules del Sitp, el terminal de transporte terrestre y los aeropuertos de Techo (en el recuerdo) Guaymaral, Catam, Puente Aéreo y el Internacional Eldorado, modernizado y ya insuficiente como mayor puerto aéreo del continente.

Chapinero diverso,  la Plaza de Lourdes, el parque de los hippis (Mariscal Sucre) y su olor a “yerba” y el Pasaje Libertador; el Park Way de La Soledad;  el Palo del Ahorcado en Ciudad Bolívar; los monumentos a Los Héroes, Banderas, Colón y la Reina Isabel de Castilla; el Castillo Marroquín, el Quiosco de la luz y el Museo del Chicó; la Plaza Cultural de Toros La  Santamaría; los museos del Oro, Nacional, de la Independencia, Colonial, de la Moneda, Botero, de Bogotá, de Arte Moderno  y la Casa del Marqués de San Jorge; Maloka, el Planetario y el Jardín Botánico; el Cur y Compensar de la 93, el Cubo y la sede campestre de Colsubsidio; el desaparecido Bolívar Bolo Club y las boleras  San Francisco (remodelada) y del Ricaurte; las canchas de tejo; el Niño del 20 de Julio, el Señor de Monserrate, el Santuario de la Peña, San Judas Tadeo y Nuestro Señor de Los Milagros, de los que dicen son prodigiosos, y un centenar de iglesias más, que desde el centro orientaron la expansión de la ciudad; los jardines de Paz, del Recuerdo y El Apogeo y el Cementerio Central, que reza en el frontis de una de sus colmenas de bóvedas desocupadas: la vida es sagrada.

Bogotá, capital mundial del libro 2007, la de las bibliotecas Nacional, Luis Ángel Arango, Virgilio Barco, Santo Domingo,  El Tunal,  El Tintal, Biblio REd y  Libro al Viento: literatura gratis distribuida por todas partes; la Ciudad Universitaria (la Nacional, la “Nacho”) con la  plaza “Che”, el Jardín de Freud y el Auditorio León De Greiff; las universidades Distrital,  Javeriana, de los Andes, Externado, Central, Jorge Tadeo Lozano, Católica, La Salle, Rosario, Gran Colombia, de la Sabana, Santo Tomás, Arboleda y Libre; el Centro de Investigación y Educación Popular -Cinep- que con sus investigaciones nos hizo más ciudadanos; el Centro de Alto Rendimiento, los coliseos El Salitre, El Campín, Cayetano Cañizares y Alfonso López; la Media Maratón, la Caminata de la Solidaridad, el campeonato de fútbol aficionado del Olaya; la época de El Dorado con Pedernera, Santa Fe (el Expreso Rojo), Millonarios (el Ballet Azul)  La Equidad, sus barras y el fútbol en El Campín.

Mundo Aventura, el Aquaparque Ci Ci; los parques de los Niños, de los Novios, Simón Bolívar, Virrey, Santander, Nacional, de la Independencia, Tercer Milenio, Ciudad Montes, Tunal y Tintal y mil más; los ríos Arzobispo, Tunjuelo, San Francisco, Virrey, Fucha, San Agustín, San Cristóbal  y Bogotá; la quebrada de La Vieja, los humedales Juan Amarillo, La Conejera, Córdoba, Santa María del Lago, Tibanica, Tibabuyes, Torca, Guaymaral  y Jaboque; los cerros orientales: Torca, El Cable, Cruz Verde, El Verjón, los tutelares Monserrate y Guadalupe; eucaliptos, buganvilias, amarrabollos, abutilones, nogales, sietecueros y frailejones; los parques naturales Mirador de los nevados, Chicaque, Entrenubes y  Sumapaz, el más grande del planeta.

Las Cruces, Las Nieves, Los Mártires, Germania, Villa Javier, Policarpa, Meissen,  Arborizadora, Lucero, Olaya, Quiroga, Fátima, San Carlos, Floralia, Floresta, Álamos, Ciudad Berna, Luna Park, La Fragua, Muzú, La Chucua, Primavera, Santos, La Estanzuela, Santa Isabel, Veraguas, Trinidad, Galán, Gaitán Cortez,  San Blas, Jerusalén, Germanía, Modelia, Mandalay, Milenta, Normadia, Las Ferias, Florida, Bonanza, Santa Helenita, Tabora, Quirigua, Toberín, Lijacá, Villas de Granada, La Esmeralda, La Cabrera, La Magdalena, La Merced, Bosque Izquierdo, Inglés, Antiguo Country, Quinta Paredes, Polo Club, San Cristóbal, Santa Bárbara, Chicó, Roma, Los Laches, Patio Bonito, Cazucá, El Recuerdo, Gran América, Teusaquillo, 20 de Julio, 7 de Agosto, 12 de Octubre, 11 de Noviembre, Ciudad Salitre, Ciudad Kennedy, Centro  Nariño, mi Takay y mil más.

Los antiguos poblados muiscas  de Suba, Usme, Bosa, Engativá, Usaquén, Fontibón, Teusaquillo y Tunjuelito, hoy localidades administrativas junto con Ciudad Bolívar, Ciudad Kennedy, Antonio Nariño, Rafael Uribe, San Cristóbal, La Candelaria, Santa Fe, Los Mártires, Puente Aranda, Chapinero, Barrios Unidos y la rural Sumapaz; La Sultana, Matatigres y Siberia; las avenidas calles 140, 127, Pepe Sierra, 100,  80, 68, 57,  53, 45,  34, 32,  26-El Dorado-Jorge Eliecer Gaitán,  La Esperanza, Las Américas, Jiménez,  Comuneros, Primera,  22 sur,   Primero de  Mayo, Villavicencio; la Circunvalar, las avenidas carreras Quinta, Séptima, Décima, Quince, Diecinueve, Caracas, Ciudad de Quito NQS, 50, 68, Boyacá, Ciudad de Cali y Alo; el puente de guadua de la 80. Bogotá la ciudad de ladrillos naranja que reverdece con el tiempo.

Paraíso de sabores

crepes

La Bogotá sibarita de  las zonas T, G y L, La Macarena gourmet; Usaquén gastrónoma; La Candelaria sabrosa;  tamal con chocolate en Monserrate, el chocolatico de La Florida, el aguapanela de la Puerta falsa; pollo de Las Colonias (Kokorico), La Riviera y Surtidora de La 22 -decían que era un efectivo pararrayos-; la Gallina Suprema, Rico,  Sopas de la abuela, Sopas y postres, Creps & Wafles; Andrés, carne de res; fritanga Donde Manuel, Don Jorge en Kennedy, Las Leonas, las Ojonas del Samper Mendoza y El Manteco Guillermo en el sur (La Pecosa de La Hortúa y Donde canta la rana del Restrepo ya no existen);  morcilla de Doña Segunda, en la plaza del 12 de Octubre; empanadas de pipián y arepa rellena en  la 85; las empanadas Dominó; comida criolla en la Gran Sucursal, La Leona y Doña Elvira; Chopinar,  salchichas de El Bohemio; hamburguesas de  Pesquera Jaramillo, La Hamburguesería, El Corral, El Rodeo y Presto; la Bonga del Sinú y la “mamona” llanera de El Motorista, Los Capachos  y Los Tronquitos en la glorieta de la 50; chuleta en el Sevilla y, en el Carvajal, huesos de marrano con la mano.

Los sabores del Pacífico en la 5ª y Quilichao; curramberos en Narcobollo y Mi vieja Barranquilla; de mar en Benjamín  Bohórquez, Jaramillo, La Fragata  y las pescaderías del Restrepo;  Fulanitos valluno; hornado pastuso en Sindamanoy y cuy en Las Ñapanguitas; bandeja paisa en  Las Acacias, El Poblado, El Arriero, El Portal del Marinillo y El Envigadeño, Mondongo y algo más; cabro y pepitoria en Barichara, Chicamocha y La 42; Mi Gran Cocina Boyacense; churrasco en El Viejo, Mi Viejo y la Estancia Chica; Rodizio en Brasa Brasil; comida mexicana en Frida, Tacos y algo más, Casa de México; gringa en Friday´s, Bufalo Wigs, Papa Jhon´s y Hard Rock, francesa en Bonaparte y A seis manos; pasta italiana en La Romana, Salerno, O Sole Mío, Pozeto y Giuseppe Verdi; española: paella en Navarra y Félix, tapas en Cazuelas de la 22, el “calducho” de El Trébol, Gaudí y sándwiches de jamón de jabugo, pata negra y serrano en Íbero; El Chalet Suizo y el Refugio Alpino; Moros y Cristianos, Cuban Jazz e Ilé cubanos;  la casa de Rosita, el Gran Vatel, Casa Medina, El Republicano, El Patio, Pajares Salinas; y el insigne ajiaco los domingos en Los Cauchos, Casa Vieja, Club Colombia y Las Margaritas (picar con empanadas) o en casa de alguna “chatica”.

La repuesta de amanecida en Caldo para´o, Cuatro vientos,  Desayunadero de la 42 (o en el parqueadero de la 41), Tony y el Cañón del Chicamocha;  pan de El Cometa, Cosmos, San Fermín, San Marcos, Los Hornitos y Pan pa´ya  y 5 mil panaderías; (Mogolla y Masato Santafereño, La perrada de Edgar y las bizcocherías Cyrano y Alaska ya no están); las pastelerías Belalcázar, Guernika, Toledo, Cascabel, Yanuba y Metropol; patacones con hogao, calentado con pega, empanadas, liberales con masato, arepas simples o con todo, almojábanas, pandeyucas garullas, huevos pericos, arroz chino, perros calientes, “chuzos”, pizzas y buñuelos, al paso;  los piqueteaderos de aquí y allá;  las cigarrerías La Gran Vía, Casa Lis, La Viña y Marandúa; los “postribulos” del Jota Vargas y Endulza tu paseo,  pastel gloria de Doña Panchita, helados de La Campiña y San Jerónimo; brevas con “ariquipe” y  obleas Don José o en la calle; menú gourmet  para los gerentes, “ejecutivo” para los profesionales y “corrientazo” para el pueblito. Bogotá se saborea.

Escrita, pintada, fotografiada  y declamada

Diciembre 07 El Tiempo D

La Santafé colonial de  Retratos de costumbres de José Manuel Groot, El carnero de Rodríguez Freyre, las Reminiscencias de Cordovez Moure, la Bogotá republicana de las notas de viaje de Isaac Holton y Miguel Cané,  de los textos de Miguel Samper, Santiago y Felipe Pérez, José María Caballero y Soledad Acosta; de las  crónicas de Luis Tejada, Tomás Rueda, Felipe González  Toledo, Ximénez  y las recientes de Arturo Alape y José Navia; la de El sereno de Bogotá de José Ignacio Neira; la transicional  de Las tres tazas (chocolate, café y té)  de José María Vergara y Vergara;  la visionaria de Pax de Lorenzo Marroquín, ambientada en la guerra partidista de los Mil Días a comienzos del Siglo XX;  la De Sobremesa de José A. Silva, la cínica y gris de Un tal Bernabé Bernal y Don Simeón Torrente ha dejado de… deber de Salom Becerra, Hombres sin presente de Osorio Lizarazo; la que vivió el asesinato de Gaitán:  El día del odio y El Hombre que fue un pueblo, también de Osorio El Crimen del siglo y El incendio de abril de Miguel Torres, El cadáver insepulto y el imprescindible Bogotazo Memorias del Olvido de Arturo Alape, para no olvidar.

La racista de El rumor del astracán de Bibliowitz; la difícil de La casa de la vecindad de Osorio Lizarazo y Las Puertas del Infierno de José Luis Díaz Granados; la decadente de Los Elegidos de López Michelsen, Mala Noche de Jorge Franco, Los Parientes de Ester de Luis Fayad y Fiesta en Teusaquillo de Helena Araujo; la contemporánea que narran  Opio en las nubes de Rafael Chaparro,  Sin Remedio de Antonio Caballero, Relato de un asesino y Satanás de Mario Mendoza,  La Lectora de Sergio Álvarez, Después de todo de Piedad Bonnett,  Todo pasa pronto de Juan David Correa; Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar, Al diablo la maldita primavera de Sánchez Baute,  La mujer en el umbral de Mauricio Bonnett, Esto huele mal de Fernando Quiroz y Perder es cuestión de método de Santiago Gamboa.

La de Relato de Navidad en la Gran Vía de Ricardo Silva Romero, El Ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vásquez,  Todo pasa pronto de Juan David Correa , La mujer en el umbral de Mauricio Bonett, Delirio de Laura Restrepo, Recursos humanos de Antonio García, Disturbio de Miguel Manrique, El esquimal y la mariposa de Naum Montt,  la trilogía de Gonzalo Mallarino; la de  las obras de Germán Espinoza, Alfredo Iriarte, R.H. Durán, los Caballero Calderón, Daniel Samper Pizano y Enrique Santos Molano ; la que escriben autores jóvenes todos los días y e inspiró la  poesía de Julio Flórez, José A. Silva, la Gruta Simbólica, los piedracelistas, los panidas, Luis Vidales, Rogelio Echavarría, Fernando Charry Lara, Gustavo Cobo,  María Mercedes Carranza,  Juan Manuel Roca, José Luis Díaz y El Festival Internacional de Poesía.

La de las acuarelas de Pierce, Brown, Marck, José Ramón Torres y la Comisión Corográfica; inspiración de pintores como Andrés de Santamaría, Epifanio Garay, José María Espinoza, Acevedo Bernal, Gómez Campuzano, Gonzalo Ariza, Santiago Cárdenas, Juan A. Roda, Doris Salcedo, Alejandro Obregón, Luis Caballero, Gustavo Zalamea, Lorenzo Jaramillo, Maripaz Jaramillo y Beatriz Caballero; de la bienal de Venecia; del pop art de Nadín Ospina; del arte de Bernardo Salcedo, Miguel Ángel Rojas, Ramírez Villamizar, Fernando de Szyszlo, Jim y Olga de Amaral; las galerías Garcés Velásquez, Belarca, Arte dos, El Mundo, Beatriz Esguerra y Casas Riegner; la Bogotá del Siglo XIX que quedó para siempre en los lentes de Luis García Hevia, Juan Bennet, Demetrio Paredes  y Julio Racines, de inicios del XX de J.N.Gómez, Pedro Lafont, Benjamín de la Calle  y Luis Lara, de mediados de siglo y El Bogotazo, de Lunga, Sady González, Nereo, Manuel H, Saúl Ordúz y Hernán Díaz, la de la era digital; de la caricatura política de Alberto Urdaneta, El Zancudo de Alfredo Greñas y El Alacrán de Gutiérrez de Piñeres en el Siglo XIX,  Rendón, Chapete, Pepón y Osuna, en el 20, y Betto, Bacteria, Mheo, Matador, Grosso y Vladdo en el 21;   los cartones de Alfredo y el humor de Jaime Garzón. Bogotá se lee, se ve y da risa.

Cinéfila, teatrera y lectora

olympia

La ciudad del cine que llegó de la mano de los hermanos Di Doménico, quienes construyeron el teatro Olympia, la primera sala de la ciudad, inaugurada con la película La novela de un joven pobre, el 17 de diciembre de 1912, y  que ya no existe, como tampoco, al menos, en su uso original,  la mayoría de las decenas que se construyeron:  Rex, estrella del cine mexicano en los años 30;  Astor Plaza (ahora sala de eventos artísticos), Royal Plaza, Apolo, Atenas, Palermo, Radio City, Ayacucho, Sexta Avenida, Colombia, España, Lido, Ibis, Metro Riviera (actual Theatrón) Trevi, El Cid, Lux, Azteca y México (auditorios de la Universidad Central), Opera, Aladino, Libertador (hoy discoteca Vinacure), San Jorge, Apolo, los cinemas de la 24,  los dobles del Mogador (actual Majestic) y el porno en el Novedades, el Coliseo y el Imperio. El cine se ve hoy en los multiplex de los centros comerciales, en los que destacan las pantallas gigantes del Titán Plaza, y el no convencional en la Cinemanía, Gótica, Lumiere y Cinema Paraíso; los festivales  de cine de Bogotá, Europeo, Fantástico, de Terror, Rosa, Documental,  Beeld Voor,  Globale Bogotá Miradas Emancipadoras, la Muestra Internacional de Documental Musical y la programación temática de la Cinemateca, al gusto y gratis.

El escenario de las películas de Dago García,  Ciro Durán, Norden, Sánchez, Osorio, Ospina,  Triana, Guerra, Duque, Coral, Colbert García,  Landes, Rojas, Navas, Baiz y Marta Rodríguez;  la ciudad de Chircales, Gamín, El taxista millonario, Como perros y gatos, la Estrategia del caracol, Camilo Torres, Visa USA, Confesiones a Laura, Soplo de vida, La sombra del caminante, La gente de la Universal, La toma de la embajada, Esto huele mal, Perder es cuestión de método, La historia del baúl rosado, Bluff, Satanás, El tigre de papel, La primera noche, Sanandresito, La gente del semáforo, Karen llora en un bus (y sus vicisitudes por el centro) , La sangre y la lluvia (la lúgubre ciudad nocturna con parada en la discoteca El Laberinto y el club nocturno La Piscina), Porfirio, García; Postales Colombianas y Silencio en paraíso (dos visiones sobre los asesinatos por militares conocidos como “falsos positivos”) y el documental Retratos de familia de Alexandra Cardona, acerca de la lucha de las madres porque se haga justicia a los responsables de ese crimen de lesa humanidad;  Roa (el asesino de Gaitán en el centro histórico recreado) La estrella del sur y Carrusel sobre la tumbada a los bogotanos por la rosca de Samuel.

La Bogotá de los festivales Iberoamericano de Teatro de Fanny Mikey (q.e.p.d.) y Ana Marta Pizarro, Alternativo de Patricia Ariza, de Mujeres en Escena por la Paz, del Oprimido y de la Calle; los grupos de teatro Libre, La Candelaria, Seki Sano, de la Carrera, La Comedia, La Castellana, La Baranda, Arlequín, Teatrova, Casa Ensamble (en la casa Sefair),  Libélula Dorada, Ditirambo, Manzur, y Chiminigagua en Bosa; los teatros Jorge Eliécer, Colón, Colsubsidio, Cádiz, Gimnasio Moderno, Shakespeare, Delia Zapata, Santo Domingo, de Bellas Artes, el renovado Villa Mayor  y el Faenza, restaurado por la Universidad Central; las paredes que los  grafiteros y artistas callejeros hacen gritar, los nuevos murales de la 26; las estatuas callejeras; las desaparecidas librerías Buchholz, Torre de Babel, Contemporánea, El Zancudo, Suramericana, América Latina, Gran Colombia  y las casetas de la Jiménez y la 19, incluidas mi Mukaya y mi Comuna; las vigentes Alejandría, Casa Tomada, Arteletra, La valija de fuego, La madriguera del conejo, Siglo del Hombre, Babel, Nacional, Universidad Nacional, Mundial, Lerner, Panamericana, Luvina,  Alejandría, Valderravía, El Dinosaurio del “abuelo” en  la 45, Acuarius, Ciencia y Derecho, Merlín de Célico, Pensamiento Crítico de Renán, Popol Vuh de Julia y las demás de incunables, antiguos, raros  y usados del Temel. Bogotá enamora y provoca.

Charladora, chancera y chismosa

cachacos

La ciudad de las tertulias amenizadas por una buena taza de café negro (tinto), con leche (perico) o un aguardiente en El Avión, La Botella de Oro, el As de Copas, La Gata Golosa,  el gato Negro, Imperial, Europa, Victoria, Saint Morris, El Automático, Windsor, ayer y en Kaldivia, El Pasaje (también conocido como “de los tinterillos” o “prevaricato”) Café Leyenda,  Jurídico,  Oma y Juan Valdés, hoy. La Bogotá antigua del “cachaco”, como se denominó al habitante tradicional por su distancia, elegancia, buenas maneras y dialecto particular (el rolo); el de: ala, cachifo, carachas, caray, cascar, chanchullo, chato (a), chatico (a)  chirriado, chisgarabís, desgualetado, frondio, gamín,  jartera, jincho, guarapazo, guachafita, guache, guacherna, lambón, líchigo, mijo, picho, pichurria, regio, vaciado, vergajo; mi rey, mi chino, sumercé, ¡Ah carajo! ¡Qué vaina! ¡Nos jodimos!

De la bohemia picaresca, repentista e intelectual de “Ñito” Restrepo, el “Indio” Uribe, Barba Jacob, Julio Flórez, Eduardo Carranza, Arturo Camacho, Jorge Rojas, Aurelio Arturo, Clímaco Soto Borda, León De Greiff, Candelario Obeso, César Uribe, Guillermo Valencia, Rafael Maya, Juan Lozano, Alberto Lleras, Luis Vidales, Alberto Zalamea; la comediante y satírica de Humberto Martínez, ayer, y la reciente de Jaime Santos a César López, Antonio Sanint y Julián Arango; la del periodismo nacido con El Aviso del terremoto, establecido con El Papel Periódico de Santafé de Bogotá, convertido en arma política con La Bagatela y Los Toros de Fucha por Antonio Nariño; el combativo de la Nueva Prensa y Alternativa ayer y Voz y Desde Abajo hoy; el actual de Semana, Cromos, El Tiempo, El Espectador, El Nuevo Siglo, La República, El Espacio, Hoy, ADN y Publimetro; Plan B, Goce, DC, Cartel Urbano; Soho y Don Juan; de las desaparecidas revistas culturales Pan, Mito, Aleph,  Puesto de Combate y Número, y, hoy,  Arcadia y El Malpensante con su festival picante.

La costumbrista, bucólica y coloquial  de Yo y Tú, Don Chinche, el  Doctor Clímaco Urrutia y Animalandia de Pacheco en tv; la de la televisión en vivo en blanco y negro y las grabaciones tumultuosas en los estudios Gravi de la 19; la comercial de hoy de RCN, Caracol y City TV, la cultural e institucional de Señal Colombia y la pública y humana que promueve Canal Capital; la de Goyeneche, el Bobo del Tranvía, la Loca Margarita, Pomponio y el Artista Colombiano; de  los radioteatros de la Escuelita de Doña Rita , Los Chaparrines y el uruguayo Herbert Castro en Caracol radio: “se le dijo, se le advirtió y no hizo nada…”, y El Corcho y Salustiano Tapias; los recuerdos de Pompín de Gonzalo Ayala y el “Chupo” Plata en Radio Tequendama, El patico discotequero de Marino Recio; Enrique París y Otto Greiffestein en Caracol Estéreo y Nuevo Mundo; Eucario Bermúdez en la Voz de Colombia,  el “Ciego de Oro” de La Voz de la Víctor; Salsa con estilo de Jaime Ortiz Alvear y el pionero Miguel Granados Arjona (“El viejo Maik”); William Vinazco y el “patico” Ríos en la Voz de Bogotá, Cristóbal Américo Rivera en “Alerta Bogotá”, y  la HJCK “la emisora de la inmensa minoría” de los Castaño Valencia; la radio de hoy: Radiónica, Señal Nacional, Laud, Javeriana estéreo,  UN radio y la inefable radio comercial liderada por la W de Julio Sánchez Cristo y el “cachaco” Alberto Casas: “no me cuelgue por favor…”. Bogotá se añora.

Lujuriosa, divertida y rumbera

festivaldeteatroLa de La Piscina, Las Paisas y los burdeles de la 24 en el Santa Fe, las putas y travestis por la 15 desde la 92 hasta la 100,  Linares, Donde Conrado, Porkys, Moulin Ruge, Apolo´s Men, Aroma y Tanga; los moteles de Venecia, de la 61, Coconito (el del paracaídas), Eldorado y Puerto Amor entrando a  Álamos, Kankún (llegando a Soacha), Rocamar, La Cita y Estadero del Norte; del trago barato de Sanandresito;  tejo en el Campo Villamil, Las Cruces, Veraguas, Las Ferias y en cualquier barrio; Nutabes y la Terraza Pasteur. La Bogotá curiosa de Jorge Consuegra; la bizarra de Sanín, Sánchez y Chalela; la hermosa Bogotá 360º.  con fotografías de Cristobal Von  Rothkirch y textos de Enrique Santos Molano;  la del 6 de Enero en Egipto, el Festival de la Chicha y de la Dicha en “La Perse”, el Festival de Verano y las cometas de agosto; el Día del amor,  la Solidaridad y la amistad, el Día de las brujas; la noche de las velitas, las novenas con natilla y buñuelo, las guirnaldas y los arbolitos de la 53,  la iluminación navideña de Caravelas, los aguinaldos, los juegos pirotécnicos en los parques centrales y los voladores iluminando el cielo del sur; las fiestas Navidad y  fin de año y el desenguayabe con asado y melancolía del Primero de Enero.

Las ciclorutas  y las  ciclovías dominicales; las ferias de Corferias: Internacional del Libro, de las Colonias, del Hogar, Expo-artesanías, Agroexpo, Expociencia,  Artbog; Colombia Moda; el Festival de varistas y someliers; Alimentarte; serenatas con  mariachis contratados en la playa de Chapinero o con tríos de la 32, fiesta con papayera o grupo vallenato; El Septimazo: mercado persa, circo, música en vivo, pintores, Celia Cruz y  Carlos Gardel colombianos, películas y libros “piratas” y la variopinta marea humana de todos los días; Colombia, Hip Hop, Rock, Salsa, Opera y Jazz al Parque. La Bogotá del perfomance ambulante, sedicioso, valiente, consciente y explosivo de  “La Fulminante”.

La Media Torta, escenario al aire libre animado en los años 40 por el “tocayo” Ceballos, con programación trasmitida en vivo por la radio, que durante 75 años ha acogido a los artistas nacionales y a los extranjeros, cuando por ley debían realizar un concierto gratuito, donde cantaron Tin Tan, Cantinflas, Jorge Negrete, Pedro Vargas, Chavela Vargas, Celia Cruz y la Sonora Matancera, la Billos, Los Melódicos, Rafael, Leonardo Favio, Simón “El Africano”, Leo Dan, Roberto Carlos, Rocío Durcal y Vicente Fernández, y ahora  ofrece programación popular y recibe a la muchachada vestida  de negro y con maquillaje gótico,  para los conciertos salseros, carrileros, criollos, carrangueros, rockeros, metaleros, punkeros o raperos.

En la que Bolívar bailó La Libertadora; la que se alegró con La gata golosaLos Cucaracheros (“El que en Bogotá no ha ido con su novia a Monserrate, no sabe lo que es canela ni tamal con chocolate”) ,  ¡Que vivan los novios! y Agáchate el sombrerito en los 40; Lucho Bermúdez en el Metropol (ahora revivido como Cuban Jazz Café), los argentinos Eduardo Armani (“Ala, cómo estás”) y Don Américo, Edmundo Arias y Alex Tovar en el Granada y el Tequendama;  “cachaco” Julio Torres con Los camarones;  La loca  margarita de Milciades Garavito; Pomponio de los Alegres vallenatos en los 50; Los Flippers, Los Spikers, Génesis, Ana y Jaime, Lukas, Pablus Gallinazus, Eliana, Yaki Kandru, Los Escamilla y el “Chucuchucu” en los 60 y 70, “Para Bogotá” de la Billos y “Bajo el sol de Bogotá” de León Gieco.

La música de Compañía Ilimitada, Poligamia, Distrito Especial, Bloque de Búsqueda, La Derecha, Iván y Lucia, Troller y Arias, Mario Duarte, Héctor Buitrago, Humberto Monroy, Andrea Echeverry, Sociedad Anónima (“Río Bogotá”), “Chucho” Merchán, Doctor Krápula, La 33, La Pestilencia, Aterciopelados,  Tumbacatre, Calambuco, La Conmoción,  Real Charanga,  Mojarra Eléctrica (“Calle 19”), Sidestepper, Bomba Estéreo, Frente Cumbiero, Systema Solar, Alerta Kamarada, Malalma, Curupira, Papaya Republic, Monsiur Periné, 1280 Almas, Nawal, Pescao vivo, Pornomotora, La revuelta, La Etnnia, Odio a Botero, Guafa Trío, Son Callejero (le dedicó “Feliz cumpleaños” para los 475), Juan Sebastián Monsalve, Ricardo Gallo y la Orquesta Filarmónica (con todas las glorias mundiales que la han dirigido); el Distritofónico, Bogotrax y Rolofest, Nem Catacoa y Estéreo Picnic; Capital Mundial de la Música. La ciudad disoluta que narran en Sacude zapato viejo una cuerda de bohemios editados por Mario Jursich.

Las desaparecidas disqueras Fonobosa, Fonocaribe, Melser (de enigmática historia) y  discotiendas Orbe, Daro, Bambuco, La Rumbita, La Música y Mercado Mundial del Disco; las que por fortuna aún existen: Tango Discos, Vino y Vinilo en la 72, las tiendas del Omni y  Musiteca del “viejo” Saúl (q.e.p.d.), César y Sergio Álvarez en  la 19; la metrópoli que añora Mozambique, La Gaité, Rumbaland, Keops, Unicornio, Las Catacumbas, Broodway, Las Escalinatas, la Caseta Matecaña de la Feria Internacional, La Montaña del Oso, La Jirafa Roja, Sonfonía, Areito, ramón Antigua, la Casa Cultural del Chocó y la Casa Buenavista; la que hoy  suspira  y rumbea en El Viejo Almacén de Marielita,  Mi Viejo Tango, El Cafetín de Buenos Aires; El Ovejo, Casa de citas, Buscando América, El Bulín, las peñas Túpac Amaru y MalKKu; El Bolón de Verde y el Gato gris del Chorro de Quevedo.

Trementina, Clandestinos , Theatrón, “Cuadra picha”, Boogaloop, Puerta Grande, Latino Power; la séptima tropical, vallenata y electrónica, Matilde Lina, Mister Babilla, Palos de Moguer, Bogotá Beer Company, la Casa de la Cerveza, los pub inglés e irlandés, The Reed Lion, Antifona, Gaira, Vinacure, el Museo del Tequila, Aguapanelas, Chamois, Charly´s Bar en el Park  Way;  Pachanga y Pochola, Titicó,  Kukaramakara, Latinos,  Galerías en la 53, Candelaria, Siboney, la Barra de  Charly en el Restrepo, la Zona Rosa; la 93,  El Sitio, Salto del Ángel, Habana, Cachao; Borinquen, Salsa Camará, Café Libro, Café Bohemia, Quiebracanto, Son Salomé, Salomé pagana, la escondida Bodeguita de Lucero en la 19 y el Goce pagano. Bogotá es una rumba.

Protagonista y testigo de nuestra historia

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La Bogotá del  suplicio de José Antonio Galán y la traición a los Comuneros; la impresión clandestina de Los Derechos del Hombre y el Ciudadano por Antonio Nariño; el Memorial de Agravios  de Camilo Torres y Tenorio, el Observatorio de Francisco José de Caldas, la Expedición Botánica de Mutis; José María Carbonell y los chisperos, el Grito de la Independencia y la proclama de Acevedo y Gómez;   la pelea entre carracos y  pateadores,  el régimen del terror, los fusilamientos en fila de patriotas en el Huerto de Jaime (Parque de Los Mártires, en su memoria), la Plaza de San Francisco (Parque Santander) y la Plaza Mayor (de Bolívar); Las Convulsiones de Vargas Tejada; bolivarianos y santanderistas; las Ibáñez, la noche septembrina, la Quinta de Bolívar,  su espada y la casa de Manuelita, su gran amor;  Melo y los artesanos;, gólgotas y draconianos,  las sociedades democráticas, José Raimundo Russi, abogando por los pobres.

La del repudio por la separación de Panamá; la  que el 8 de Julio del 1921 protestó el asesinato de Gonzalo Bravo Páez, el primer mártir de las luchas estudiantiles, y el 8 y 9 de abril del 51 se volvió a sacudir ante una masacre de universitarios;  la de la Marcha del silencio y La oración por la paz de Jorge Eliécer Gaitán y  El Bogotazo por su asesinato;  la ciudad que el 10 de mayo de 1953 tumbó la dictadura; la de Camilo Torres y el Frente Unido; la que el 19 de abril de 1970 fue defraudada y Lleras  mandó a dormir; la del Paro Cívico Nacional del 11 de Septiembre de 1977; la del robo de la espada de Bolívar, el saqueo por túnel de las 5 mil armas del Cantón y la toma dela Embajada Dominicana; la castigada con saña por la demencia asesina de Pablo Escobar; la que el 6 y 7 de noviembre de 1985 vio destruir a cañonazos el Palacio de Justicia y arder en llamas a sus ocupantes “defendiendo la democracia maestro”; la que el 4 de julio de 1991 juró una novedosa Constitución, que han desbaratado desde el Capitolio y la Casa de Nariño.

La que en su  Plaza de Bolívar que acogió a liberales y conservadores, anapistas y comunistas, a la UP,  al M-19 y al Polo Democrático, y allí mismo ha llorado sus muertos, exaltado  sus líderes, gozado más de un concierto  y exigido sus derechos; la de las marchas del Primero de Mayo, la afrocolombianidad,  el orgullo LBGT, por los derechos y no violencia contra la mujer, canábica, de las putas, patriótica, contra la violencia, las desapariciones y el desplazamiento, en Memoria de las Víctimas, sindicales, indígenas, estudiantiles, del magisterio,  por los Derechos Humanos y la Paz; la del Concierto de la Esperanza de Canal Capital; la que hace dos décadas desterró al Frente Nacional excluyente que desde ella gobernó al país; la ciudadana, coqueta y con todos del mismo lado de Mockus, la que queremos  (2.600 metros más cerca de las estrellas)  de Peñaloza, Sin indiferencia de “Lucho” Garzón y Positiva de Moreno, en lo que de bueno quedó del maldito carrusel, y la Humana de Gustavo Petro.

La que en agosto de 2013 se puso de ruana  para apoyar a los campesinos y el 9, 10 y 11 de diciembre gritó “Petro no se va”, volvió el 23 de enero de 2014 para rechazar los abusos del Procurador contra aquél y la modernidad, pasó de la alegría a la indignación cuando Santos desobedeció a la Comisión Interamericana obligando al alcalde a salir y días después lo recibió entre vítores y serpentinas. La que vio matar, entre muchos,  a Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán, Guadalupe Salcedo, Alberto Alava, Guillermo Cano, Carlos Pizarro, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán, Manuel Cepeda, Álvaro Gómez y Jaime Garzón.

Bogotá, que a finales del Siglo XIX, Marcelino Meléndez y Pelayo calificara por su cultura como la “Atenas suramericana”; que en los 50 del Siglo XX, tras El Bogotazo y muchos fracasos,  sería considerada “la apenas suramericana” y con el tercer milenio resurgió tenaz. No es la ciudad caótica y gris  de la que hablaban los urbanistas en el cuarto centenario; esquiva, distante, escéptica y cínica que narró Daniel Samper Pizano para el 450 aniversario; ni la Bogotá D.C. (el deslucido culo de Suramérica) agreste, mensa e invivible de la que se mofaba la Inciclopedia en los 475 años. Es la ciudad de todos y todas que entre siglos y milenios, redujo los muertos, la incivilidad, la desigualdad  y la miseria, creció a lo largo, a lo ancho y hacia arriba; lugar de negocios y rebusque, epicentro cultural y festivo, vividero  y destino atractivo, pero aún divide a su población por estratos, ve dormir gente en los andenes, recorrer sin destino las calles, rebuscar y alimentarse en los basurales, pedir limosna sin rubor en los buses y lavando vidrios o haciendo maromas en los semáforos; aloja a medio millón de desplazados por la guerra, se encrespa con el trancón, se encierra por temor y reclama vivir mejor. Más que una enorme ciudad, Bogotá es un sentimiento.

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  1. Julio Alberto Diaz Garavito dice:

    Gracias. Michas gracias por un documento tan completo sobre nuestra Ciudad. La conocí de la mano de mi Padre un poco después del 9 de Abril pero me enamoré de lo que luego pude conocer y vivir y especialmente de su rica historia literaria y de la reminiscencias Cachacas. Fundé un Club con el nombre de Cachacos y vamos a revivir un poco las tertulias de la época. Gracias

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