Publicado el: Lun, Sep 2nd, 2013

Bogotá hizo su agosto en la Plaza de Bolívar


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marcha-paro-agrario-1236249_601088879942144_1285809692_nPor Guillermo Segovia /

 “…hasta que la gente se vuelva a emputar y a juntar por el motivo que sea; será aquí, donde Bogotá y Colombia han escrito parte de su historia; en mi piel y mis entrañas;  en   su  Plaza de Bolívar, donde el recuerdo viaja con el aire, cada esquina es un espejo y a cada instante se viven nuevos tiempos”

A la Bogotá fundada por los castellanos  le faltan 25 años para cumplir medio milenio; el 6 de agosto, la efeméride 475 se celebró por lo alto y diferente; con anticipación, el Alcalde Petro retiró la pintura del invasor Jiménez de Quesada del salón principal de la Alcaldía  y la sustituyó por una del Libertador Simón Bolívar con ruana –sí, hasta Bolívar está emputado-; un desfogue de arte y cultura brilló en todas las localidades; la avenida 26 se convirtió en una galería callejera; El beso de los invisibles, pintura mural inspirada en el beso de una pareja de indigentes fotografiado en la turbia calle del Bronx,  una de las más grandes intervenciones de arte callejero del mundo, se pudo ver y oír, porque habla.

En la noche, fueron clamorosas  las ovaciones de 30 mil bogotanas y bogotanos a la puesta en escena de “Bolívar y Bogotá: un Bolívar urbano”, por 200 artistas de diferentes localidades pertenecientes a la red de Hip Hop Pazur, Golpe de Barrio y al Instituto Distrital para la Protección de la Niñez y la Juventud (Idipron), musicalizada por la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la dirección de Francisco Zumaqué, música clásica con latín jazz, hip hop y teatro, que recrea los episodios más importantes de la estela del Libertador, después de su llegada triunfante a la ciudad, tras derrotar a las tropas coloniales y ganar la Independencia, puesto en tiempo presente y andando por esta ciudad de pasiones y contrastes; al cierre,  el derroche de sonidos y color de los juegos pirotécnicos en el firmamento, lanzados desde el interior de la Alcaldía y el Parque Simón Bolívar; Bogotá se celebra alegre, multicolor, incluyente y diversa, niña y mujer, negra e indígena, lesbiana o gay, de todas y de todos, dijo el Alcalde Petro; al día siguiente, los actos conmemorativos de la Batalla de Boyacá (7 de agosto), en los que al desfile militar de la celebración oficial, en las localidades bogotanas le opusieron una jornada de lecturas alternas por la paz,  y toda una semana de fiesta cumpleañera y Festival de Verano en  la vida agitada de esta ciudad frenética e indescifrable que nos marcó de por vida.

Te doy una canción

A la semana, en el concierto de Rubén Blades (viernes 16 de agosto), 50 mil almas se apretujaban y meneaban coreando Pedro Navaja, Pablo Pueblo, Amor y control, Desapariciones   y Plástico; durante dos horas aplaudieron al artista panameño en cada una de sus canciones que son proverbios y en sus frases que cantan verdades: “Bogotá te ves bien después de 475 años”, “Gracias Alcalde Gustavo Petro por invitarme al Festival Salsa al Parque”, “Tenemos muchas cosas por hacer para acabar con la discriminación racial, sexual y laboral”, “Espero ver el día en el que a la mujer se le pague el mismo sueldo que al hombre”, “Espero que llegue el día en el que a las personas se les juzgue por su actitud y no por su color de piel”, “Colombia tiene la fortuna de ser un país con alto nivel cultural”, “Bogotá es una gran familia”, “Víctor Jara y Camilo Torres fueron grandes hombres” “Gabo es maravilloso” “Latinoamérica debe estar unida como Simón Bolívar la soñó”, “Héctor Lavoe vive!!!” “La muerte solo comienza por el olvido, mientras recordemos no habrá muerte de las ideas ni de las personas”; luego,  la multitud se desató para agitar caderas con la timba de la Nueva Generación la Banda de Cuba hasta casi la medianoche; al día siguiente, al comenzar la tarde, segundo día de Salsa al Parque, con el remate de los Van Van de Cuba, la voz de Yenisel Valdéz y 20 mil voces coreando “Y después de todo qué,  roto el sentimiento, para que y por qué mi amor,  di por mí lo siento.

Días después (el martes 27), en el frontis de la sede de la Alcaldía fue desplegado un pendón gigante conmemoratorio del Día Internacional de los Desaparecidos (30 de agosto), violación de los Derechos Humanos aquí cubierta por la impunidad, que, según el Comité de Búsqueda,  son cerca de 20 mil pero podrían llegar a 50 mil, dependiendo del criterio que defina los casos; luego se adelantó una programación recordatoria en la que  participaron el Colectivo Teatral Luz de Luna, con el pre-estreno de la obra “Corriente”, Diana Tovar y su grupo (Música Folklor), la Fundación Poética Andrés Barbosa, Sistema Sonoro Skartel (Rock), el Colectivo Artístico Wipalas, quienes elaboraron una mandala gigante, Lucia Vargas (Hip Hop) y el Colectivo musical Amdae (Música del Pacifico); los asistentes portaban retratos de sus seres queridos forzados a la ausencia;  al tiempo que enjugaban sus lágrimas arrojaban claveles rojos y blancos y coreaban con Rubén Blades:  “A dónde van los desaparecidos, busca en agua y en los matorrales, y por qué es que se desaparecen, porque no todos somos iguales, y cuándo vuelve el desaparecido, cada vez que lo trae el pensamiento, y cómo se le habla al desaparecido, con la emoción apretando por dentro”

Ruanas rebeldes

Al atardecer, comenzaron a llegar grupos de muchachas y muchachos, algunos con ruanas y sombreros, como los usan los campesinos del altiplano cundiboyacense y de las montañas andinas de Nariño -símbolo que potenció  el respaldo a esa protesta a escala planetaria-, venían del Parque El Virrey, norte acomodado de la ciudad, y el Parque Nacional, convocados por el movimiento social Los Emputados a un cacerolazo, con el objetivo de apoyar el Paro Agrario Nacional que ya ajustaba una semana y exigía medidas para contrarrestar la quiebra y la miseria en que tienen a los campesinos las políticas     neoliberales y los     TLC  -Petro recordó por twitter el artículo 65 de la Constitución sobre los derechos del campesinado, que los gobiernos han violado y trasgredido con un desdoro aberrante-; expresaban su indignación porque el Presidente Santos dijo la noche anterior que no había “tal paro” y la fuerza pública la emprendió salvajemente contra los labriegos que protestaban en las carreteras; la muchachada, gritaba sus consignas y  golpeaba las cacerolas con cucharas; en la noche eran más de 5 mil, le pusieron ruana al Bolívar de Tenerani, enrruanaron un lorito y corearon la “Lora Proletaria”, canción protesta de Jorge Veloza relegada al baúl de los recuerdos; al día siguiente, el Alcalde Petro se puso ruana, firmó valiente el decreto que modifica el Plan de Ordenamiento Territorial poniéndole humanidad al urbanismo y se fue a Ciudad Bolívar a evaluar con el pueblo su mes de alcaldía móvil, luego suscribió acuerdos de protección con los campesinos de las zonas rurales de Usme y Sumapaz; en  la noche, los emputados y emputadas reunidos eran más de 20 mil, llamando a la movilización nacional de solidaridad con la Colombia campesina al día siguiente.

El jueves 29 de agosto, desde muy temprano, en 16 puntos de la ciudad, se reunieron miles de personas para marchar hacia el centro; llegaron por la Carrera Séptima; las banderas y pasacalles multicolores identificaban las diversas expresiones políticas de izquierda y del movimiento social; los miembros del  desacreditado grupo policial Esmad estaban tensos, algunos marchistas los cortejaban, otros los insultaban, unos pocos los agredían; los muchachos y muchachas mostraban orgullosos carteles escritos a mano que decían “Soy agrodescendiente”, “Policía sus papás son campesinos”, “Colombianos nuestro abuelos nacieron en el campo” “No más TLC”,  “Fuera Monsantos”, “Los campesinos les dan de tragar a los Cenadores” (sic), “Por lo menos una vez en la vida vas a necesitar un médico o un abogado pero a los campesinos los necesitas tres veces al día todos los días”, “Gente pobre con uniforme golpeando  gente pobre con hambre para  beneficio personal de gente rica que no tiene ni uniforme ni hambre”, “Prefiero cultivar en mi finca que consumir basura gringa”,  “Hermano campesino, hermana campesina, Colombia te ama, te necesita con vida, Colombia te agradece”, “La última vez que Boyacá se levantó ganamos la Independencia. ¡Boyacá resiste!” (Impreso en una ruana) “Soy hijo de campesino y lo digo con orgullo, campesinos han sido los míos como campesinos son los tuyos” y “¡No sea villano, compre colombiano!”; la Rebelión de las ruanas de Colombia se puso a tono con el mundo que dijo ¡basta ya! al capitalismo salvaje.

Estamos emputados

A las 2:00 de la tarde, unas 50 mil personas expresaban con el sonar de las vuvuzelas su respaldo a las demandas campesinas,  en un hecho inédito en la historia nacional, porque lucha campesina e indígena ha habido desde siempre, desde Juana  Julia Guzmán, “El boche”, Eutiquio Timoté, José Gonzalo Sánchez, Quintín Lame, Juan de la Cruz Varela, Marulanda y Camilo Torres, el Manifiesto de Simacota y las proclamas del EPL en el Sinú y el San Jorge, la Anuc, el Cric y la Onic, pero los citadinos volviendo su mirada al campo es  el campanazo de estos tiempos; y eso fue lo que quisieron borrar quienes  en una bien urdida estrategia, pasaron de la aburridora jodedera de los saboteadores de siempre, a la acción de decenas de vándalos que  cambiaron la ruana por la capucha y se dieron a vil tarea de destruir los alrededores, mientras la caballería, los  motorizados y la infantería del Esmad descargaba patadas, puñetazos, bolillo, gases pimienta, bombas aturdidoras,  balas de goma, y, al escondido, choques eléctricos -en algo hay que utilizar el injustificado arsenal adquirido en jugosos negocios del gobierno Uribe-, contra una muchedumbre atortolada, atrapada entre la brutalidad de una represión indiscriminada y  de unas bandas delincuenciales infiltradas con el deliberado propósito de provocar un desastre que le cierre el paso a los diálogos de paz en La Habana que, no obstante los bandazos y la distancia entre el discurso y los hechos, sigue siendo una apuesta plausible del gobierno de Juan Manuel Santos; y dañarle  el rumbo al gobierno progresista de Petro propósito innoble que también intentan  los concejales narcisos, la izquierda rencorosa,  las ías de bolsillo y la revocatoria gomela.

Mientras afuera se vivía una batalla campal, entre atorrantes pagos y policías ardidos y arengados, en el salón Huitaca de la Alcaldía Mayor, atosigados por los gases lacrimógenos, expertos planificadores y urbanistas del mundo avalaban la pertinencia de las modificaciones al Plan de Ordenamiento Territorial decretadas por Petro, obligado por la pasividad conveniente y la oposición rentable de los concejales, entre los cuales, a la vanguardia de una adversidad mezquina, pequeña y deleznable, el nieto de un presidente lamentable; el POT busca adaptar a la ciudad a los riegos del cambio climático, generar espacio público mediante cargas compensatorias a los constructores, planificar el futuro: “Es la lucha de Eros contra Tánatos”, ilustró contundente Petro y minutos después tomó riendas ante la asonada de afuera,  no sin antes lamentar la muerte de 2 personas, las 200 heridas y la destrucción causada en Ciudad Bolívar, Suba, Engativá, el centro y Soacha; estigmatizando el paro el gobierno nacional pretendió dar marcha atrás a lo concedido en la mesa de negociación con los campesinos pero ya era público; ahora habla de pacto agrario después de que sus políticas -la de éste y de todos los antecedentes- destruyeron la pequeña y mediana agricultura y pauperizaron aún más al siempre humillado campesinado colombiano; Petro le dice al gobierno nacional que es un oportunidad para rectificar, pero Santos está entrampado, aunque aceptó varias medidas exigidas por los cultivadores y cultivadoras, ofreció disculpas, lamentó el abandono de la población agraria y viajó a Tunja e Ipiales a sellar los pactos, se debe a los gremios y no a la base -aun así le ha hecho un esquince a la mentalidad   provinciana, autoritaria y terrateniente de su antiguo jefe-  y  las elecciones  están ya encima, por primera vez el establecimiento no está claro de  lo que viene y la Colombia  de abajo tiene una oportunidad.

Todo lo que he contado es lo que he vivido en este luminoso, gozoso, agitado, alterado, sufrido, dolido e inolvidable agosto de 2013; hoy, al finalizar el mes,  la concurrencia es la de costumbre, por ahora la agitación pasó; los lustrabotas, los fotógrafos y los viejitos y viejitas que como de antaño están alimentando las palomas; hasta que la gente se vuelva a emputar y a juntar por el motivo que sea; será aquí, donde Bogotá y Colombia han escrito parte de su historia; en mi piel y mis entrañas;  en   su  Plaza de Bolívar, donde el recuerdo viaja con el aire, cada esquina es un espejo y a cada instante se viven nuevos tiempos; aquí,  este pueblo curtido, dolido, sufrido, valioso y valiente expresa los gestos que definen su historia,  no traiciona la memoria y vuelve a nacer todos los días; aquí, a diario llama a la esperanza y la espera.

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