Publicado el: Mie, Oct 17th, 2012

Basuras en Bogotá: un problema que huele mal

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Textos: Javier Forero y Susana Noguera
Fotos: Christian Martínez Gordo

El problema de las basuras en Bogotá es una bomba de tiempo. La Administración y la Contraloría Distrital aún mantienen diferencias sobre la viabilidad de que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) sea la encargada de la recolección de desechos. Mientras tanto, la “empresa que más conoce a los bogotanos”, no sabe cómo se va a llevar a cabo la operación.

El problema se ve acrecentado gracias a que, según informes Unidad Administrativa de Servicios Públicos (Uaesp), al Relleno Doña Juana le quedan 15 meses de vida útil. Según un comunicado de la Uaesp, “Bogotá cuenta con un único sitio con capacidad y condiciones técnicas, además de los permisos ambientales, para disponer los residuos de la ciudad, es el Relleno Sanitario Doña Juana (RSDJ)”. Esto se agrava con el hecho de que el relleno “está recibiendo escombros que no deberían ser depositados allí”, según afirma el director encargado de la entidad, Henry Romero.

“Si se cierra el relleno, Bogotá no sólo no tendría en dónde depositar los residuos sino que tampoco contaría con los recursos con qué abrir otro. La inversión que hizo la ciudad en el terreno no le fue reconocida así que la capital queda sin ni una escoba vieja”; dijo Romero, el tercer director que ha tenido la Uaesp en lo que va corrido de este año.

La capital produce a diario cerca de ocho mil toneladas de basura, de éstas sólo poco más de seis mil llegan al relleno sanitario Doña Juana, ya que el resto es recuperado por los recicladores informales. Sin embargo, a partir del 18 de diciembre, fecha en que finaliza el contrato con las actuales empresas recolectoras: Ciudad Limpia, Lime, Aseo Capital y Atesa, estos desechos podrían quedar en el limbo, pues según indicó el contralor distrital, Diego Ardila, no habrá más prórrogas al contrato y “esto no puede seguir así”.

Cabe recordar que el último contrato con las empresas encargadas de la recolección se firmó en 2002 y venció en 2010. A partir de ese año, la ciudad tenía la obligación de abrir una licitación para escoger nuevos contratistas o renovar los anteriores, sin embargo, en diciembre de 2011, la Corte Constitucional tumbó la que fue presentada por la administración de Samuel Moreno porque tenía muchas irregularidades y no incluía realmente a los recicladores, como lo había ordenado esta corporación, en un negocio que estaba tasado en 2,3 billones de pesos (la fase III de TransMilenio, por la cual Moreno está en líos judiciales, costó alrededor de1,3 billones). Desde ese momento, Bogotá ha venido haciendo pequeñas prórrogas al contrato con las actuales empresas encargadas de la recolección, barrido y limpieza de Bogotá.

Ante esto, el alcalde Gustavo Petro anunció hace algunos días que para diciembre la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) se encargará de recoger la basura y ofrecerá tarifas más bajas a los ciudadanos. No obstante, para la Contraloría Distrital, esto se hace sin que “haya estudios previos” e implicaría crear una nueva entidad jurídicamente hablando y ponerle fin al sistema de áreas de servicio exclusivo (ASE). Esta forma de recolección pretende evitar que las empresas entren a competir por la basura en los barrios más ricos y zonas industriales donde se produce la basura más reutilizable y que ninguno la recoja en los barrios más pobres. Así, afirma la administración, se asegura que todos los ciudadanos tengan el servicio.

Por su parte, Romero aseguró a Actualidad Urbana que no se crearán nuevas empresas aunque admitió que hasta el momento (a poco menos de dos meses de entrar en operación) no se tiene claro cómo va a operar la EAAB para prestar el servicio de aseo. Para lo anterior, según indicó Romero, se necesitaría una inversión inicial de 180 mil millones de pesos

No obstante, la Contraloría insiste en que es necesaria una licitación que garantice una repartición de las áreas de servicio, y que si es el caso pueden participar las empresas que el Distrito anunció anteriormente. Para ello, el 30 de julio pasado la Administración de Petro le presentó a la Comisión Reguladora de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA) un estudio en el que solicitaba la creación de 12 áreas de servicio exclusivo, el doble de las que existen hoy. Pero la respuesta no fue satisfactoria, pues la institución consideró que “no había un modelo financiero que estableciera por qué 12 áreas de servicio exclusivo eran sostenibles ni tampoco se incluía el tema de los recicladores”; lo anterior no deja de ser preocupante sobretodo si se tiene en cuenta que sin el visto bueno de la CRA no se puede iniciar la operación.

Ante esto, según algunos, al Distrito le quedan dos opciones: la primera, volver a presentar la propuesta a la CRA para que por fin se autorice una licitación, en la que se incluya además la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá y la segunda, elegir el sistema de libre competencia en el que todos los operadores compitan por una zona sin ningún control. “Si se lleva a cabo la licitación con áreas de servicio exclusivo, la empresa pública de Bogotá tendría que competir con los operadores privados para ganar el contrato. Esto sin tener en cuenta las posibles incompatibilidades que habría en un caso donde la empresa distrital que compite por el contrato conoce los pliegos de antemano”, aseguró Alejandro Gualy, director de la CRA. La segunda opción no es menos problemática, pues bajo este esquema sería muy difícil controlar a las empresas y llevar a cabo el plan de inclusión de los recicladores, el cual ya presentó la Alcaldía y fue aprobado por la Corte Constitucional, indicó Adriana Ruiz, abogada de los recicladores de Bogotá.

Sin embargo, Romero fue enfático en afirmar que no habrá un modelo de libre competencia y que la EAAB será la encargada de prestar el servicio en toda la ciudad, con lo cual descarta de plano cualquier licitación en la que participen operadores privados. Y fue más allá. Se comprometió con que la nueva empresa no cometerá los mismos errores que cometió en el pasado el referente público de la ciudad: la Empresa Distrital de Aseo (Edis) que tuvo que ser liquidada por los graves casos de corrupción, ineficiencia y saqueo.

Otro tema que preocupa es el de los recicladores. La Corte Constitucional estableció en 2003 y lo reiteró en 2011, que los únicos que pueden recoger el material reciclable son los recicladores -que evitan que unas dos mil toneladas de material reutilizable lleguen al relleno sanitario cada día sin que se les pague por este servicio- y que por esta actividad tienen que ser remunerados.

Pero el tema no parece tan fácil. A pesar de que la Uaesp “viene trabajando para garantizar que la recolección y aprovechamiento de los residuos sólidos reciclables sea operada exclusivamente por las empresas de los recicladores”, Ruiz denunció que “se han creado organizaciones de recicladores con personas que no viven de esta actividad” y que se han presentado “propuestas mentirosas”.

Para sacar adelante la inclusión de los recicladores en el sistema, la Uaesp busca promover entre los más de dos millones 300 mil usuarios de aseo de la ciudad la separación de las basuras en residuos ordinarios y residuos aprovechables en la fuente, esto es, al momento de empacarlo en las bolsas de basura. Estas actividades de sensibilización y cultura ciudadana empezarán, según Romero, en este mes, para posibilitar la entrada del modelo el 18 de diciembre, de manera que el volumen de materia aprovechable aumente en forma permanente en beneficio de la población recicladora.

No obstante, según afirmó Rafael Hernández, miembro de un grupo de ecologistas, al hacer un análisis sobre la cultura ciudadana “se concluye que gran parte de los ciudadanos no está haciendo la tarea de separar los residuos, a los bogotanos nos falta desarrollar hábitos de separación en la fuente, y nos falta tener una cultura del reciclaje”.

¿Es posible una Bogotá con basura cero?

La Alcaldía Mayor de la capital parece estar segura de que sí. Este nuevo plan que se gestó en la anterior administración gracias a convenios internacionales, y que ahora abandera la Bogotá Humana como propio, busca erradicar la necesidad de rellenos sanitarios para los ocho mil toneladas de desechos que produce diariamente la ciudad. Implementando seis iniciativas, esta nueva propuesta busca solucionar los problemas que se presentan actualmente en el Relleno Sanitario Doña Juana que amenazan con sumir la ciudad en una emergencia sanitaria, es decir, que se hunda en su propia basura.

“Esperamos que, en diez años, Bogotá este en la capacidad de aprovechar 80% de sus residuos y solo disponer (en el relleno) 20%”, afirmó el director de la Uaesp, y entusiasta defensor del proyecto. “Pretendemos hacer una ruptura entre el antiguo concepto de ´basura´ y el nuevo concepto de ‘residuos sólidos aprovechables’. Queremos usar toda la tecnología que se ha desarrollado a nivel internacional para volver Bogotá un ejemplo para el resto del mundo”, dijo en entrevista concedida a este medio.

El primero punto del que trata el plan de desarrollo de la Alcaldía respecto al tema, es la sustitución de los productos usados por los capitalinos por unos que sean biodegradables y que generen residuos recuperables. En el segundo y tercer punto del proyecto se busca que las basuras sean clasificadas en la fuente y recicladas de forma efectiva. Sin embargo, los hogares capitalinos estarían lejos de adoptar esta práctica pues sólo 8,5% de la basura reutilizable de la ciudad llega a los centros de reciclaje. “Sin participación ciudadana no hay futuro”, afirmó el director de Uaesp quien agregó: “Los bogotanos deben adquirir una conciencia ambiental. Uno de los puntos en los que tienen que colaborar es la separación de la basura en la fuente. Eso agilizaría y mejoraría el proceso de reciclaje. En seis meses empezaremos con la nueva política en la que impulsaremos la clasificación de tres clases de residuos en diferente bolsa”.

Sin embargo, las pocas iniciativas que se han implementado hasta el momento en los diferentes barrios han fracasado porque los carros para recoger los diferentes tipos de basura no pasan. “Uno termina sacando toda la basura cada vez que ve un camión, porque no sabe si el que corresponde a la basura reciclable pasa o no”, admitió la señora Inés Álvarez, habitante del barrio Niza Antigua, localizado cerca del Humedal Córdoba, uno de los pulmones de la ciudad.

El cuarto punto toca un tema completamente revolucionario. Habla de una minimización de la disposición en relleno sanitario y la utilización de los desechos para tratamiento y aprovechamiento de residuos sólidos como el compostaje, biogás, generación energética, entre otros. “La tecnología del relleno sanitario ya está superada”, dijo confiadamente Romero. “Hoy en día se debe trabajar con centros y parques de aprovechamiento. Esta nueva perspectiva es lo que ha logrado que países como Holanda y Alemania entierren 10% de sus desechos o menos”.

El quinto y sexto punto de la propuesta hacen referencia a dos factores complejos del problema: el manejo de escombros y la gestión integral de residuos especiales y peligrosos. En abril de este año, la Superintendencia de Servicios Públicos le impuso una sanción a CGR, el operador del relleno, por 100 millones de pesos por el inadecuado vertimiento de lixiviados (líquidos en descomposición provenientes de la basura) en el cauce del río Tunjuelito.

“El problema de los escombros en Bogotá tiene su origen en la falta de planeación jurídica porque una norma dice que no pueden ir al relleno sanitario y otra que no pueden ir a las escombreras. Así que empezamos las licitaciones para hacer seis escombreras legales en Bogotá. Actualmente hay dos y son ilegales. Así que operadores privados, generalmente dueños de minas que ya no sirven, serán los encargados por el distrito de recoger las ocho mil toneladas de escombros que se producen en Bogotá y procesarlas para su óptimo aprovechamiento. Todo el dinero necesario para las escombreras será invertido por el sector privado”.

“Los lixiviados que se están produciendo en el relleno pueden ser tratados y todos los componentes tóxicos pueden eliminados menos la salinidad. El líquido resultante se usaría para regar especies vegetales que utilizan agua salina y reforestar los alrededores del afluente”, explicó Romero quien lleva pocos meses en el cargo y que se esfuerza por incluir en su discurso la palabra desechos, en vez de basuras.

Lo cierto es que a pesar de las declaraciones del alcalde, las campañas que actualmente se realizan y la controversia suscitada, la ciudad aún no sabe qué modelo va a escoger ni cómo será el sistema de basuras a partir del próximo año. El tiempo pasa y el problema huele cada vez peor.

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