Publicado el: Lun, Feb 16th, 2015

ASESINOS Y MASACRADORES DE NIÑOS


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niñosPor: Mario Serrato/

Ayer fueron capturados dos tipos a quienes se les acusa de asesinar a cuatro niños en el Caquetá en el marco de un horrible pleito por la tierra. Los criminales solo ejecutaron un contrato: tres o cuatro personas más están en la mira de las autoridades a título de determinadoras de la infame masacre. Espero que pronto la acción de la justicia caiga sobre ellas de modo que impida que su maldad y mezquindad continúen escribiendo más capítulos en la lucha por la tierra: la faceta más violenta de nuestra adolorida historia.

Estoy seguro de que todos los colombianos censuramos con vigor la masacre de niños en el Caquetá y experimentamos una tenue sensación de alivio al enterarnos de la captura y enjuiciamiento de los autores materiales. Sin embargo, la historia nos obliga a pensar que este tipo de hechos está muy lejos de desaparecer de nuestro panorama nacional y político.

La masacre de las bananeras, cometida el 5 y 6 de diciembre de 1928, incluyó niños y mujeres. La masacre de Macayepo, perpetrada el 14 de octubre de 2000, tuvo a varios niños entre los muertos. Algo similar se presentó en la masacre de Chengue, producida el 17 de enero de 2001.

La población de San José de Apartadó padeció la brutalidad de una masacre el 21 de febrero de 2005, en plena Seguridad Democrática. La neutralidad y la condición de comunidad de paz que alcanzó San José de Apartadó la hicieron presa del odio del expresidente Uribe Vélez, quien no se cuidaba de ocultar las oscuras sensaciones que le producía su independencia. En ella, más de un niño conoció el filo del machete en su cuello y otros escucharon el estridente motor de las motosierras antes de morir.

Más de mil masacres se han producido en Colombia en el siglo anterior y lo que va corrido del actual.  La mayoría de estas masacres presentan un mismo móvil: la tierra y lo que esta produce. Y las mismas víctimas: los niños.

Lo que tiene de particular esta masacre, es que fue dirigida exclusivamente contra niños.

La forma en que está distribuida la tierra y la ambición desmedida de quienes más poseen, obliga a pensar que las masacres se seguirán produciendo. Gremios económicos enteros han sostenido una alianza macabra con los grupos de masacradores y en muchas ocasiones, por ejemplo en Córdoba, Sucre y Antioquia, son los mismos.

Las reformas agrarias que el país reclama en cada reunión de campesinos, afrocolombianos e indígenas,  son extinguidas de manera brutal por los gremios de terratenientes y en esa brutalidad, la masacre de niños se presenta de manera recurrente.

En esta ocasión un par de asesinos infames han sido capturados tras una masacre más. Sin embargo, considerando que el motivo de esta canallada no ha sufrido modificación alguna, debe concluirse que muy pronto otro asesinato masivo de niños tendrá lugar en Colombia.

Los ganaderos, los terratenientes, los megaindustriales del campo y los dirigentes políticos en quienes se apoyan, son los verdaderos culpables de las masacres incontables y de estas atrocidades impunes.

En esta ocasión un par de ejemplares deformados por la lucha de la tierra fueron capturados y judicializados, pero los verdaderos causantes de los crímenes atroces que hoy tienen a toda Colombia velando cuatro cadáveres de niños indefensos, se encuentran reunidos en clubes sociales oponiéndose a los acuerdos de paz, mientras sus espléndidas mujeres desocupan almacenes en Miami con sus amantes de chaperones disfrazados de acompañantes de ocasión.

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