Publicado el: Mie, Dic 20th, 2017

¿ANIMAL POLÍTICO?

ANIMAL-POLITICO-PAULuis Carlos Osorio R.//

A menudo escuchamos decir que tal o cual personaje de nuestra vida política “es un animal político”. Pero, a la hora de la verdad, algunos pueden ser más animales o más políticos que los demás.

Si el tema fuera meramente coloquial, podríamos decir que el animal político mas importante de Colombia, fue el elefante, que a decir de monseñor Rubiano, se metió en la casa del presidente Samper sin que lo viera.Le pregunté a un amigo ¿qué entendía por eso de animal político?, a lo que que me respondió sin tapujos: “un salvaje, un hombre sin corazón que tiene por profesión la política”. Si asumo esta acepción del significado de la frase, tendría que concluir que en Colombia estamos llenos de animales políticos, con lo cual estaríamos siendo bastante injustos con los animales, pues a ninguno de ellos se le haría justicia comparándolos con “animales políticos” de la talla de Alvaro Uribe, German Vargas Lleras, el ex procurador Ordoñez o el actual gobernador de Antioquia Luis Pérez, para citar algunos de los que cohabitan ese inmenso zoológico de la política colombiana. Ni siquiera las ratas, que su único pecado es ser amigas del queso, estarían contentas con esa comparación.

En su tratado sobre la política, Aristóteles hablaba del hombre como animal político, para referirse al hombre –ciudadano que no puede ser concebido fuera de su relación con el Estado. Son muchas las personas que a diario luchan por ejercer su derecho ciudadano, buscando construir o aportar en la construcción de ciudadanías y de un estado más justo y equitativo. Seguramente es ahí donde veo a muchos líderes que interlocutan con sus comunidades, buscando generar un estado de opinión proclive a una visión más democrática sobre los cambios que requiere el país.

También hay quienes fungen como simples observadores pasivos, que mascullan, aveces con entusiasmo, con rabia o dolor, las diatribas de feministas o guerreristas, de religiosos recalcitrantes u opinadores serios, la forma como todos le miden el pulso a nuestra compleja realidad política.

Y eso me lleva a recordar la reflexión de otro amigo que decía que “animal político era esa persona avezada en el análisis y en tener a flor de labios la posición políticamente correcta”. Bueno, eso de “posición políticamente correcta”, es lo que más se me parece a eufemismo, por no decir que me sabe a miércoles, pues es la mejor manera de disfrazar una realidad. El animal político es en esencia eso, una persona que sabe manipular la realidad en función de sus propios intereses. Duele decirlo, pero buena parte de nuestros políticos se mueven en esa dimensión, y conceptos como bien común, interés general, ética y transparencia, son verdaderas galimatías.

Tendríamos que ir un poco mas allá en el concepto, pues eso de manipular la realidad, muy de moda por estos días en el Congreso de Colombia, donde congresistas de uno y otro partido han hecho hasta lo imposible para hacerle pistola a la paz, o se han atravesado en proyectos de ley que solo buscan el equilibrio salarial de unos servidores públicos con relación a otros, evidencian que el concepto ha evolucionado casi literalmente a lo animal en ejercicio de la política.

Si el fin de todas las cosas que realizamos los seres humanos es la felicidad y de alguna manera era el propósito de Aristoteles al concebir que “el hombre es un animal social y racional, inmerso de manera ineludible en los asuntos de la polis o de la ciudad-Estado por su condición de ciudadano” y que por ende “es un animal político que participa en la organización de la sociedad y en la resolución de sus problemas” y en la búsqueda de su felicidad, entonces desconozco en mi entorno próximo ese tipo de “animales políticos”, pues solo distingo políticos solitarios, mezquinos, apesadumbrados, embebidos en la pugna y en el ejercicio de sus propios egos, ejerciendo más como animales que como políticos.

A pesar de la ingenuidad y el sectarismo de muchos de quienes expresan día a día sus opiniones por cuanto grupo o red social se les atraviesa, nuestros animales políticos lo son más por sus sueños que por sus realidades, y ese es un tema en el que puedo equivocarme, sobre todo si recuerdo los apuntes de un viejo amigo que decidió renunciar a su importante puesto público para tener tiempo para “tirar”.

Ahora bien, voy a hacer caso omiso de otra acepción de animal político, y es aquella en la que nuestros políticos se enorgullecen por su capacidad de “muñequeo” a la hora de ganar adeptos, comprar conciencias, construir coaliciones, tema este en el que hay tantos avezados en la izquierda como en la derecha.

Por todos estos animales politicos es que el pais está como está, mientras los ciudadanos deambulamos de encuesta en encuesta como fuente de verdad, confundidos, pero seguros que es mejor un buen animal politico por conocer que los muchos animales politicos que tratan de convencernos que todo ha estado bien.

 

 

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