Publicado el: Dom, Mar 15th, 2015

AMENAZAS, AMENAZAS Y MAS AMENAZAS


Warning: Illegal string offset 'custom_page_theme_template' in /home4/actualid/public_html/actualidadUrbana/wp-content/plugins/custom-page/custom-page.php on line 345

ciberdelincuentesPor: Mario Serrato

En la noche del 7 de febrero de 2003, en un acto cobarde y canalla, una bomba instalada de forma clandestina estalló en uno de los clubes exclusivos de Bogotá. Más de 35 muertos y 160 heridos graves fue el saldo en daños humanos tras el miserable atentado en el club El Nogal.

Menos de 10 días después, el funcionario del departamento de Estado de los Estados Unidos, Lou Fintor, afirmaba que el acto de terrorismo había sido perpetrado por las FARC. En escasos diez días ya se tenían pistas tan detalladas que la identificación de los responsables materiales e intelectuales no requirió de más de un mes de investigación.

En la tarde del 9 de julio de 2009 un grupo de muchachos gomosos de los computadores y de las  redes sociales crearon un grupo en Facebook en el que escribieron, con lenguaje de mamadores de gallo: “Te vamo a matá”, en referencia a uno de los hijos de Álvaro Uribe. Menos de 24 horas después, el afectado de la frase inocua presentaba la denuncia. Setenta y dos horas más tarde, fue allanada la casa de Nicolás Castro en un operativo similar al desarrollado para dar con el paradero de Osama Bin Laden. En pocos días el general Gilberto Ramírez, comandante de la Dijín, indicó que el rastreo realizado a los computadores de Castro reveló que había hecho 1.400 consultas en Internet sobre la familia presidencial, y  que era asiduo visitante de páginas de grupos como las Farc y Al-qaeda. Durante el juicio nunca lo pudo demostrar.

En la investigación intervino hasta el FBI. Por supuesto la Policía de Colombia, el fallecido DAS, el Ejército, la Armada y la Fiscalía. El pelao Nicolás Castro se ganó un carcelazo de cuatro meses, hasta que una juez con algo de criterio lo absolvió en una decisión que rato después confirmó el Tribunal Superior. Una de las acusaciones formuladas contra el muchacho mamador de gallo fue: tentativa de homicidio con fines terroristas. Por favor creánlo, aunque les parezca un chiste.

Era casi el mediodía del 15 de mayo de 2012, cuando una sofisticada bomba instalada en la puerta de su carro, atentó contra la vida del exministro Fernando Londoño. El acto terrorista le causó la muerte a dos de sus escoltas y heridas a casi un centenar de transeúntes en las inmediaciones de la calle 74 con Caracas en Bogotá.

La miserable actuación de los perpetradores del acto el mismo día del atentado fue seguida por un sistema de cámaras instaladas en las calles por las que pasaron. Las mismas cámaras y la gran labor de inteligencia permitieron establecer que los asesinos huyeron en una motocicleta. El gobierno de Colombia ofreció 500 millones de pesos por información que condujera a la captura de los autores. En menos de un mes, esas mismas labores de inteligencia permitieron establecer la identidad de los responsables materiales y, a 31 de enero de 2013, ocho meses después, tenían seis capturados y uno de ellos, menor de edad, había aceptado cargos.

La celeridad y el profesionalismo de los funcionarios que asumieron esas investigaciones contrasta, de modo preocupante, con la situación de otras víctimas de la guerra sucia en Colombia.

En la mañana, al medio día, en la tarde y en la noche de los últimos 15 años, Piedad Córdoba, Gustavo Petro, Clara López, Iván Cepeda y Claudia López, por citar solo a unos cuantos, han recibido cientos, miles de amenazas de muerte en las redes sociales y ninguna de las investigaciones que se han iniciado en los organismos de seguridad del Estado, ha producido ni media captura.

Las Águilas  Negras, durante los mismos 15 años, y con una periodicidad semanal, lanza las mismas amenazas, con el mismo lenguaje, el mismo sello ideológico y por motivos similares a las personas que consideran enemigas de su modelo de Estado, sin que hasta el momento ninguna labor de inteligencia haya establecido la identidad de los autores de los panfletos y ninguna contraprestación económica multimillonaria se haya ofrecido para darles captura o conseguir información sobre sus actividades, organización, contactos o relaciones.

Los organismos de seguridad del Estado, de este gobierno y del anterior, no han mostrado un solo avance en revisión de comunicados, papel en que se difunden las amenazas o rastreo de un solo mensaje.

Hoy las amenazas de las mismas Águilas Negras han vuelto a tocar la puerta de los mismos personajes de la vida política. Con la novedad de sumarle a sus objetivos militares a inofensivos animalistas. Nuevamente las mismas palabras, los mismos odios, la misma intolerancia, la misma similitud con el lenguaje de ultraderecha que se apoderó del país durante ocho aciagos años.

Y como siempre, no existe el menor avance en las investigaciones que permitan establecer su identidad, a pesar de que su identidad está más que establecida en su lenguaje, modus operandi y la posición ideológica o actos de protección de los animales, de los destinatarios de sus amenazas.

A cualquiera le llama la atención el modo en que esos organismos de seguridad presentan eficiencia y resultados cuando investigan amenazas o atentados contra personajes poderosos e influyentes y el ningún interés en establecer quienes están detrás de los más de tres mil panfletos amenazantes que han enviado las Águilas Negras en más de una década, a la verdadera oposición política de Colombia.

Deja un comentario

XHTML: Puedes usar estos tags en HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>