Publicado el: Mie, Feb 6th, 2013

ALTERNATIVAS DE SEGURIDAD


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Foto www.oasporttal.policia.gov.co

Foto tomada de www.oasporttal.policia.gov.co

Por: Andrés Preciado

“Las estrategias de seguridad más usuales se han concentrado en eslabones logísticos más que en atacar problemas estructurales, los resultados no son muy alentadores en relación a los recursos invertidos ¿Es momento de virar?”

En Colombia se han intentado innumerables estrategias para reducir las situaciones que generan riesgo o permiten vulnerabilidades en las condiciones de seguridad y convivencia ciudadana. La mayoría de ella situacionales o socio-espaciales: Control policial en zonas de riesgo, instalación de sistemas de video vigilancia, construcción de infraestructura (CAI y estaciones de policía).

Los resultados de gran parte de esas estrategias, aunque con sendas diferencias, dan muestra de un impacto indirecto y temporal en aquellas situaciones que más afectan la seguridad de los ciudadanos: Homicidio, hurto, extorsión. De esta forma en las grandes ciudades del país la radiografía de seguridad es más o menos similar, aunque varía en grado. En todos los casos la fluctuación de los índices de seguridad y convivencia esta asociada a periodos cíclicos en el control territorial delincuencial, es decir, que cuando una banda, grupo o asociación ilegal logra hacerse con el control de determinado espacio, llámese barrio o ciudad, en él se presenta un descenso delictivo, pero en los casos en que ese dominio es disputado las cifras se mueven al son que la confrontación mande, Medellín y la llamada Oficina son el ejemplo paradigmático.

¿Y si intentáramos con otras apuestas? Si en lugar de perseguir los grandes capos nos enfocamos mejor en sus estructuras, en su economía. Que tal si los gobiernos deciden abandonar el monopolio decisorio reinante en la consideración del homicidio como el más importante, a veces el único, dato de seguridad, y comienzan a concentrar sus esfuerzos en otras aristas. Creo que los resultados serían mejores, paso a explicar por qué.

Es recurrente entre los expertos explicar la tendencia que tienen ciertos barrios marginales con necesidades básicas insatisfechas, falta de oportunidades y escases de recursos a convertirse en caldo de cultivo idóneo para el reclutamiento de jóvenes dispuestos a trabajar en actividades delictivas para grupos organizados del crimen. Es habitual también que al analizar sus entornos familiares se llegue a la conclusión que estos mismos jóvenes crecieron en grupos familiares complejos con problemáticas profundas de violencia intrafamiliar, drogadicción, madres cabezas de familia o ausentismo paterno, problemas relacionados con el proceso educativo e incapacidad de acceso a educación superior o empleo formal. Podríamos decir que en este tipo de población se concentra el grueso de los ejércitos criminales y su zona de influencia directa.

¿Por qué no intervenir estos hechos? Por qué en lugar de gastar ingentes cantidades de dinero en combustible a la fuerza pública, más y más estaciones de policía, un sin fin de recursos en equipamiento y mantenimiento tecnológico, no fortalecemos otro tipo de intervenciones públicas destinadas a estos problemas estructurales. ¿Es descabellado?

No hay una sola ciudad o municipio del país que no gaste porcentualmente más parte de sus recursos en logística de seguridad que en prevención y tratamiento a la violencia intrafamiliar. La preocupación pública se concentra en desmantelar grupos delincuenciales pero los programas efectivos de resocialización educativa y atención psicológica a menores infractores son nulos.

Estoy completamente convencido que sin descuidar el proceso de control territorial de la fuerza pública las Alcaldías locales tendría más y mejores resultados satisfactorios en materia de seguridad y orden público sin en las prioridades se sitúan la atención y prevención de la violencia intrafamiliar, la cobertura educativa en jóvenes y la atención a aquellos que pertenecen o están en riesgo de pertenecer a bandas delincuenciales, además de tratamientos fuertes y no sólo campañas educativas en prevención del consumo de drogas.

 

Llevamos décadas desde que el narcotráfico de los 80 cambió la composición del tejido social en zonas marginales de las grandes urbes, las estrategias actuales no arrojan mayores resultados y, cuando lo hacen, los mismos difícilmente se sostienen ¿Qué perdemos con probar estrategias novedosas?

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