Publicado el: Lun, Ene 5th, 2015

Algún día tendremos telefonía celular


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Por Mario Serrato

Suena aburrido comentar que se caen las llamadas desde el celular. Que los mensajes remitidos por el sistema del mismo teléfono, al que llamamos whats app, llegan horas después de haber sido enviados como si los remitiéramos desde Marte y los recibieran en los confines del sistema solar.

Nos agobia la mala señal al llamar o contestar en algunas regiones del país o en algún lugar de la casa, de la oficina, del patio o en el garaje.

A todos nos ha pasado que marcamos y marcamos durante minutos eternos y la llamada no se produce. Puede asegurarse que una de cada tres llamadas se malogra por mala señal o simplemente porque se cae.

Desde que llegaron al país las empresas de telefonía celular, hace más de veinte años, se les permitió cobrar cada segundo como si fuera un minuto.

En ocasiones llamamos al operador que nos tocó en suerte y su sistema nos somete a una agotadora andanada de servicios emanados de una máquina que nunca tiene la opción que buscamos, hasta que una joven, por lo regular con amable acento paisa, nos salva del desamparo de náufragos al que nos sometió la contestadora indolente.

En caso de daño, la reparación de nuestros aparatos tarda más tiempo que el empleado por Armstrong, Collins y Aldrin en ir y volver de la luna en julio de 1969.

La llamada que se cae, en la que se interrumpió la charla con un anciano moribundo o con hijo en situación dramática, mientras viaja con sus amigos a mil kilómetros de distancia, consideran que se resuelve al añadir 5 o 10 minutos compensatorios al final del mes.

El número de quejas de los usuarios de telefonía celular en un solo mes, supera con creces las que se producen contra todos los demás artículos de consumo con obligación pos venta en el mercado nacional durante un año.

No existe un artículo más común en manos del usuario que el teléfono celular. Alguien me decía que en este país tenemos más teléfonos celulares que colombianos.

Con los minutos que se usan en cada minuto de telefonía celular en todo el país, se pueden sufragar los salarios de todos los empleados de las empresas de celulares y todavía les quedarían las ganancias descomunales de tan solo 5 minutos gastados y pagados por los usuarios para compensar los gastos que tienen en infraestructura.

La superintendencia de Industria y Comercio y las asociaciones de protección de los derechos de los consumidores no parecen tener ningún tipo de injerencia sobre las empresas de telefonía celular.

Multas irrisorias y llamados de atención ignorados son los instrumentos de nuestras limitadas y siempre maleables instituciones encargadas de la vigilancia y control de las actividades de los empresarios y comerciantes en el país.

Más de una vez hemos visto nombrar al antiguo director de Asobancaria en la Superintendencia Bancaria, y al Superintendente de Salud, tomar las riendas de las empresas que agrupan a las cuestionadas EPS, muchas de ellas vinculadas con homicidios culposos en los denominados paseos de la muerte y protagonistas de sonoros casos de despilfarro del patrimonio público.

Gracias a estas puertas giratorias inadmisibles, las tarifas de estos servicios son las más altas de esta zona del continente y sus facturas llegan impunes y cumplidas, con sobrecostos inexplicables, y con la orden inmediata de pago sin apelaciones, a las manos del usuario cautivo e indefenso.

El mismo Presidente de la república se quejó de la baja calidad del servicio sin que esto le quitara un pelo al bigote de asaltante de Nicolás Slim. Lo propio ocurrió con los dueños de la empresa competidora.

Esas empresas parecen dedicar el mayor de sus esfuerzos en mantener la mala calidad de su servicio.

Mientras los dueños de las empresas de telefonía celular que operan en Colombia sigan siendo ese libanés con escudo mexicano y alma de mercader sin escrúpulos, y esos españoles sobre saturados de privilegios comerciales concedidos como si fuéramos un país ocupado por su tropas, en Colombia no habrá comunicaciones modernas, solo seguiremos con un remedo de comunicaciones al que llamamos telefonía celular.

Solo cuando ellos se vayan o nuestras instituciones de control los llamen al orden y les obliguen a respetar nuestros derechos de usuarios, o nosotros, los usuarios, en un acto legítimo, impidamos que nos sigan manoseando con su pésimo servicio, solo entonces, podremos decir, que algún día tendremos telefonía celular en Colombia.

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