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Publicado el: Lun, Ago 6th, 2012

A PROPÓSITO DE LO REGIONAL


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Por Marco Mejía T*
“¡Qué obra maestra es el hombre!  ¡Cuan noble por su razón!  ¡Cuan infinito en facultades!  En su forma y movimientos,  ¡cuán expresivo y maravilloso!  en sus acciones  que parecido a un ángel!  En su inteligencia,  ¡Qué semejante a un Dios!  ¡La maravilla del mundo!  ¡El arquetipo de los seres!”
William Shakespeare¡Qué obra maestra es el hombre!  dice no sin ironía Shakespeare, anticipando la frustración de la modernidad, en la que la aspiración del hombre quedó truncada por el vórtice de lo que el progreso le entregó:  el desarrollo por  encima de aquella aspiración humana que pretendía alcanzar la utopía,  y que en el horizonte de la sociedad moderna apareció en la forma de un paraíso apunto de alcanzarse y  nunca fue posible alcanzar.  Solo quedó el desencanto.  El desarrollo fue una cosa, el hombre otra.  La agresión hacia el hombre trajo a escena la presunción de una riqueza cuyo esplendor es amenazando por los fantasmas del hombre y de la pobreza. Así que ante la imposibilidad de cumplir con el proyecto humano, la sociedad contemporánea  lega un  mapa  de  desproporciones  en  las  que  se  vislumbran  el olvido de lo que  le  dio  piso  a  la  modernidad  misma:    La cultura.   Ante  todo  valga  reiterar  que la cultura es la gran apropiación del mundo moderno, el hombre se sabe hombre por su ser cultural.
La cultura le da identidad como sujeto, le abre el espacio de interrelaciones en la  que construye su ámbito y lo afirma en su pertenencia reconociéndolo como parte de un lugar en el mundo en el que deja o impone su huella.
Si algo trajo la cultura de la modernidad fue la personalización del mundo.  El individuo da sentido a su entorno creando un universo que el sintetiza allí donde realiza su existencia.  El hombre pertenece a ese espacio en el que vive y muere y en el que proyecta  su  ser,  pero  que  no  realiza  sólo,  lo  comparte  con  quienes  tiene  cerca.  La  región  aparece  como  un  posibilitador  de  la  complicidad  que  sus  moradores  sostienen  para  habitarla  y   ellos  hacen   que   su   territorio   tenga  un   carácter propio, este carácter se piensa desde el convivir una geografía, el tener una producción en común, pertenecer a un rasgo étnico.
La región es el paraje donde el sujeto puede ser tal como es y con otros, la región es lo regio, el ámbito donde acontece la convivencia, el ámbito donde se da la tierra natal.
Decir hombre para la modernidad, es darle un lugar, un espacio.  La Tierra Natal dice de ese lugar  y de ese espacio, paraje de la individualidad y escenario de la cultura como expresión de lo que es y hace el hombre, la construcción de un espacio de vida en cuyas instancias brota la cotidianidad, se da el acontecer, se emprende el hacer, se encamina el andar.
Concebir y comprender el hombre es pensarlo desde su permanencia.  La propuesta de la modernidad es una propuesta de la memoria, pero en este caso se recuerda para el porvenir, no para retornar al pasado.  La memoria es un meditar sobre aquello que atañe al hombre, sobre aquello que le pertenece, sobre su obrar en la cultura:  su continuidad y su trabajo, su creación y su historia, su palabra y su silencio, su tradición y su comportamiento.  Todo esto se hace para que sea memoria y recuerdo, el hombre de la modernidad se ha concebido para liberarse del olvido.
Hago aquí alusión a las acepciones de la pertenencia, la memoria, la Tierra Natal, por el significado que pueden alcanzar justamente ahora que se vislumbra el propósito implícito en la agresión de lo global:  cercenar las raíces de las personas  con su entorno generando el desarraigo en virtud de esa condición de no ser de ninguna parteTexto, sin historia alguna, sin nacimiento alguno, sin porvenir humano posible.  No porque como un alcance  de la libertad sucumban los limites y las barreras, sino por el desconocimiento de la pertenencia en la perdida de lo natal local. La gestión del olvido como resquebrajamiento de la memoria, la agresión a la identidad que encarna nuestra mas cara personalidad.
Lo natal determina la más cercana pertenencia histórica, sobre ella se fundamenta la personalidad del individuo, al desconocer lo natal se desconfigura la región, creando una vergüenza sobre lo propio en favor del prototipo del hombre global:  un ser anónimo en el universo, huérfano de si, abandonado en el olvido, perdido en el malestar de una tecnología que sacrificó su bienestar .  Llegamos, pues, en esta circunstancia histórica de la dispersión que asiste a la sociedad contemporánea, a lo que he llamado el Meridiano de la Cultura:  Meridiano de la reflexión, meridiano de alerta, momento central en el que todo ha de detenerse, para mirar pausadamente el acelerado proceso de globalización y preguntarnos desde la quietud del meridiano  ¿Hacia dónde ésta homogenización? ¿Qué será de nuestra pertenencia y memoria? ¿Qué será de lo natal y de la raíz?

* Escritor antioqueño, autor de la novela Cuervo, entre otras publicaciones

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