Publicado el: Jue, Nov 15th, 2012

A los 16 todas somos unas pendejas…


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Este articulo surgió del ejercicio de recordar diez años atrás de mi vida, y de reconocer que el tiempo con sus aciertos y desatinos  me han hecho ser lo que soy, llenando de significados todas las experiencias vividas, esto me ha llevado a pensar que el cuerpo y la mente de una mujer son el mejor texto que se puede escribir.Por Victoria Rojo

Voy a empezar por decir que a lo 16 años todas somos más hermosas que lo acostumbrado ya que los rasgos de la cara cuentan con una especial armonía porque aunque suene a cliché se esta pasando por una transición de niña a mujer y eso se nota en la mirada coqueta y desafiante que se toma, acorde a las lógicas del deseo que esta sociedad tiene tan bien instituidas. Estoy allí con 16 abriles, jeans descaderados, la cara popochita  y sin saber en qué mundo he caído.

Les voy a hablar desde  el momento que mis vecinos, los extraños, los conocidos y entre ellos muchos de los padres de mis compinches de barrio, comenzaron a bajar la mira al centro de mi cuerpo, (las caderas) eso comenzó a pasar justo cuando note el cambio de talla en los pantalones y me toco cambiar de sección en los almacenes, desaparecieron los coloridos, se hizo evidente la uniformidad de estilos y el discurso de las vendedoras se limito a “le ofrezco Jeans; descaderado bota campana o bota recta, desteñido o clásico”. Yo siempre opte por el descaderado, bota recta clásico y desde esa época nunca me falta uno así en el closet.

A los de 16 años yo me las sabía todas y sobre todo, y más de los temas que les preocupan a todo el mundo el sexo y las drogas. De esos temas ni que hablar porque en ese momento todos te hablan al respecto. Me acuerdo mucho de la clases de educación sexual en el colegio que dictaba una profe Cartagenera, tendría unos 55 años, le decíamos Rebequita, por cierto eran muy buenas sus clases, porque no se iba con rodeos, nos hablaba de la importancia del condón, de lo que implicaba tener sexo sin protección y como las mujeres teníamos el deber de exigirlo y de cargarlo. Rebequita nos hablaba del condón de muchas formas, una vez nos dejo como tarea ir a la droguería a comprar uno, para que sintiéramos esa experiencia y no nos diera pena comprarlo, porque decía ella “pena da tirar como dicen ustedes y no tener un condón” cuando llegamos al colegio las 45 niñas, (estudié en un Colegio Nacional femenino) con los condones en mano con un agregado de 45 experiencias de compra, Rebequita hacia que los infláramos como bombas y a la niña que tuviera la bomba-condón más grande le daba 500 pesos, todo eso para decirnos literalmente que no hay pene tan grande al que un condón le quede pequeño.

Las clases de la profe Rebequita me gustaban mucho, aunque yo de sexo ya lo sabía todo, aunque lejos estaba mi primer orgasmo, pero eso si ya había dado unos cuantos besos, el primero fue a un amigo de mi hermano que estudiaba ingeniería que mientras estudiábamos trigonometría, me tomó de las manos y me miró los labios de una manera que me hizo sonrojar y se me lanzo o no recuerdo si tengo que decir que nos lanzamos a besarnos, durante el beso siempre estuvo en la mitad una mesa con el libros escolares encima.

Pero lo que me hizo estar más allá del bien y del mal, fue haber besado al profe de literatura, ¡hay Dios! (Desde ahí mi gusto por los pseudo intelectuales) el profe, era un  hombre alto, delgado, de 33 años, casado y con dos hijos. Y es que a los 16 años yo era una pendeja, desprevenida de los pensamientos sexuales que podía llegar a inspirar, con sospecha, si, pero con mucha ingenuidad.

Sospeche de la forma como me miraba el profe cuando me quedaba a charlar con el, me miraba igual que el amigo de mi hermano. A mi me gustaba oírlo hablar sobre libros y la magia de las letras, un carreto bien chévere que me entretenía. Nos servía el mismo bus así que hablábamos mucho, es que definitivamente a los 16 uno se las sabe todas… por aquello de la magia de las letras comencé a escribir “poemas” yo ya había escrito cuentos mas sardina, historias donde hablaban animales que al final tenían moraleja, recuerdo el título de uno “la paloma lectora”.  Pero lo que me mataba era que al profe le habían publicado un libro, el se había ganado un concurso de literatura, por eso quería que leyera algo mío, entonces dos semanas enteras dedique las tardes a escribir y reescribir  lo que había escrito, escogí tres poemas, uno trataba sobre el mar, cupido y dos amantes, es que a los 16 definidamente somos unas pendejas, y recuerdo que una mañana acordamos una cita, yo le llevaría a su casa mis escritos. Así sucedió y para colmo de males mis jeans favoritos estaban mojados, entonces llegue en uniforme, jardinera verde a cuadros, camisa blanca cuello tortuga, sin bléiser, hacia una tarde soleada.  Muy en el fondo yo sabía que al profe le gustaba verme en  uniforme.

Llegue;  timbre en la casa y ya me iba sintiendo culpable por haber ido, pero qué, si yo no estaba haciendo nada malo, no pasó un minuto cuando ya se había abierto la puerta, me hizo seguir, me ofreció jugo de lulo, y ahí estaba yo, en medio de una sala en desorden, en una casa con  paredes pintadas por niños y un bulto de papa al lado de la cocina, era una casa pequeña, estilo apartamento. Nos sentamos en los muebles bajitos que tenia en la sala y se dispuso a leer lo que yo había llevado en la agenda…dijo que le gustaba el de Cupido, Me pregunto si yo había tenido sexo en la playa. Me angustié mucho porque para esa época yo andaba virgencita y le respondí que no se necesitaba estar en Roma para escribir sobre ella, parecía muy experimentada yo…en una de esas me toco la pantorrilla y el primer pensamiento en la  mente fue será que tengo bellos…cuando reaccione, el ya estaba dándome un beso y yo que hacía, pues responderle, fueron como tres besos bien largos cada uno y me entro el afán y los remordimientos  pero bueno, al final no era la primera ni la única que lo hacia, yo sabia de otras amigas que se rumbeaban al profe de Fisica…

Las dos semanas siguientes el profe merodeo mi barrio en bicicleta, nos dimos un beso mas y le dije que yo no podía dejar de pensar en la esposa y los  dos hijos, que eso estaba mal, que él me gustaba pero que se pusiera serio…para esa época ya se estaban acabando las vacaciones y ese era mi último año de Bachillerato entonces la tensión no duro mucho.

Recuerdo que en esas vacaciones tome el curso para la confirmación de puro desparche,  porque nunca he sido muy católica que digamos, tres días antes de la confirmación me tocaba confesarme con un cura de otro lado, entonces aproveche y le confesé mis pecados, le conté lo del profe con pelos y señales, el cura era joven, no me dijo nada de nada, solo me pregunto si lo seguía viendo, le respondí que no, me respondió entonces que la penitencia era rezar toda la novena y ofrecerla al perdón de mis culpas. Me sentí tranquila y menos culpable ese diciembre comí mas natilla que de costumbre.

 

Displaying 1 Comments
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  1. alguien dice:

    linda e interesante la columna que escribiste, y dime k edad tienes ahora?

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