Publicado el: Mar, Jun 13th, 2017

“Saulito” y la degradación moral del país

saulito-2017-06-13Por Guillermo Segovia Mora//

El subsecretario del Senado Saúl Cruz  -“Saulito”, entre sus validos del Senado- en una actitud tan pueril como bandidesca, para vengarse de reportes informativos del noticiero de televisión Noticias Uno sobre sus andanzas politiqueras, las de sus colegas administrativos, de los congresistas y de su familia, montó una agresión del camarógrafo en su contra para salir a quejarse desde el atril de la plenaria del supuesto ataque, simulando tristeza y dolor. Farsa que necesitaba la partidocracia clientelista sentada en las curules para desatar sus rabias contenidas contra el informativo, porque en varias ocasiones ha hecho públicas sus vagabunderias y fechorías.

La trama le salió mal a “Saulito”. La cámara del noticiero grabó de corrido y registró el autogolpe, además su dirección solicitó a la presidencia del senado las grabaciones internas, que le fueron facilitadas con la seguridad de que el subsecretario no podía haber sido tan obvio. Pero resulta que sí, los tramposos se acostumbran y creen que nunca los van a pillar, aunque siempre hay una vez y, muchas veces, mas de una. Denunciada la tramoya en amplia nota de Noticias Uno y desatada la indignación, en sesión que cuestionó la actitud del funcionario la mayoría de compinches de Cruz  hicieron mutis por el foro, algunos de los vociferantes se declararon engañados pero alegaron ante cualquier determinación “debido proceso” en favor de su aliado y solo doce senadores solicitaron una drástica sanción frente a semejante grosería.

El patético “Saulito”, mediante carta al noticiero presentó disculpas, con distorsión de los hechos -la grabación muestra que buscó golpearse contra la cámara-, “al querer esquivarlo se presentó el contacto con la cámara, fue un hecho accidental y fortuito, no lo emebestí y también entiendo que no fue el propósito del camarógrafo hacerlo”, y exculpándose con cinismo por sus palabras “originadas por la confusión, emotividad y estrés del momento al cual no estoy acostumbrado” lo que “me llevó a cometer una imprecisión a la hora de transmitir lo que pasó”. Y ya. San se acabó. Semejante escándalo que se lleva por delante la credibilidad de una poder del Estado y del funcionario que certifica sus actuaciones, que además resultó cabildero de intereses reaccionarios -en cámara se le ve desesperado buscando votos para el candidato derechista a la Corte Constitucional- y protegido de un exprocurador separado de su cargo por haberse hecho elegir canjeando votos por puestos.

Ofrecer perdón y retractarse ya no es una compensación de vergüenza por la ofensa originada sino una táctica para diluir la acción judicial una vez logrado el efecto difamador mediático. Práctica recurrente del expresidente Uribe y sus correligionarios con desdén absoluto por las leyes cuando son ellos las que las trasgreden, evidente en las sucesivas ocasiones en que injurian y calumnian para luego desdecirse ante los jueces con disculpas o rectificaciones forzadas que de forma cínica mantienen el agravio, como con Holman  Morris, Yohir Akerman, Daniel Coronel, Julián Martínez, Daniel Samper Ospina y las madres de los muchachos asesinados por el ejército residentes en Soacha, luego de engañarlos para atraerlos y presentarlos como bajas en combate, sobre quienes lanzó la especie de que podían ser delincuentes para tratar de rebajar la gravedad del crimen propiciado por las licencias de la “Seguridad Democrática”.

El caso de Cortés hace gala de  la excremental táctica de la posverdad utilizada por el uribismo para emberracar al electorado en contra del plebiscito por la paz y ahora su arma predilecta. Con total descaro ofrece  un perdón ofensivo al tratar de cubrir un embuste con otro y el inefable Uribe sentencia que si es “un perdón honesto debe concedérsele”. Por jugarretas como esas se expulsa estudiantes indisciplinados de los colegios, se les quita la salida del domingo a los hijos en el propósito altruista de corregir el engaño y la mentira y cortar por lo sano. Pero resulta ahora que, con la premeditación y picardía mas descarada, con el ánimo de hacer daño a la imagen de un medio de comunicación, en el recinto por excelencia de la democracia, un alto funcionario del poder legislativo monta una treta de la peor calaña, cuyo mal ejemplo orada cualquier principio de moralidad y basta con fingir para reparar el daño.

Mientras el Congreso da las peores demostraciones de clientelismo y chantaje como parapeto al poder y mecanismo de negociación entre poderes, la oposición de derecha acude a los mas bajos procederes para dar al traste con quien considera un traidor y conseguir el poder pleno para arrear al país, el Consejo Electoral de la partidocracia pierde decencia al setarse su presidente a manteles con sus vigilados e intentar cambiar a la fuerza mecanismos como la revocatoria para favorecer a sus protegidos, como también  el Contralor Distrital en sus encuentros “casuales” con los concejales bajo su lupa para comer hamburguesa y el Fiscal General que, con drasticidad en unos casos, trata de eludir el impedimento generado en su vinculación con el escándalo de Odebretch  (vía Grupo Aval-Navelena). Caso éste último que enloda por igual al Presidente de la República, al principal candidato de la oposición en las últimas elecciones y a buena parte de la clase política.

Cómo puede ser que una parte de la sociedad, para mayor precisión en las responsabilidades la mayoría de representantes de la clase política con presencia en el Congreso de la República y sus partidos, incluido un expresidente de la república, exculpe por un perdón mentiroso, un montaje vil cuyo efecto nocivo en la moralidad, la ética pública y la legitimidad institucional en un país donde éstas están por el suelo por la corruptela generalizada y entronizada como basamento del poder político, es inconmensurable. La renuncia de Saúl Cortés sería lo mínimo. Pero mas allá de la satisfacción momentánea que generaría, poco probable o leve en un escenario de favores mutuos, de poco sirve porque la corrupción está enseñoreada en todas las instituciones del Estado. Esta casa, nuestra amada Colombia,  necesita una limpieza general.

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