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Publicado el: Vie, Jul 19th, 2013

20 de Julio: Carbonell y el motín de los chisperos


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Reyerta 20-julio-LlorentePor Guillermo Segovia Mora/

“Los chisperos”, encabezados por José María Carbonell, motivaron a la población a exigir cabildo abierto, para que el pueblo pudiera intervenir en las decisiones. Algunas fuentes dicen que juntó casi diez mil, un tercio de la población

A comienzos del siglo XIX, tras cuatro siglos de dominación colonial española, los criollos americanos demandaban el derecho a ser gobierno y a tener los privilegios de los hijos de esas tierras, no obstante que hacían parte de la burocracia y la milicia y muchos sentían correr en sus venas sangre hispana. También exigían libertad para comerciar y producir. Estaban hastiados de pagar numerosos y exagerados tributos, de la corrupción de los empleados españoles, de la censura y la represión. Los negros y los indios clamaban libertad. Levantamientos se sofocaban de continuo en toda América. En la Nueva Granada, estaba fresca la traición y represión del movimiento comunero y la condena a Nariño por la publicación de Los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Progresivamente se fueron sucediendo manifestaciones de inconformidad y rebeldía.

Un hecho inesperado pondría la Independencia a la orden del día. En su afán expansionista, el emperador francés Napoleón Bonaparte aprovecha las rencillas de la familia real y en marzo de 1808 sus tropas invaden España e impone en el trono a su hermano José Bonaparte. El pueblo español se levanta en la búsqueda de la restauración del rey Fernando VII, conforma juntas de gobierno que le juran lealtad y se rebelan contra Napoleón. En septiembre de 1808 se crea una Junta Central de la resistencia. Dos años después surge el Consejo de Regencia que asume el mando a nombre del rey sobre España y las colonias.

La guerra de resistencia a la invasión de Napoleón a la península ibérica genera distintas reacciones en las colonias americanas. Una parte de los líderes criollos junto con las autoridades españolas reclama la conformación de juntas de gobierno en representación de Fernando VII, otros se declaran seguidores autónomos de la Junta y luego del Consejo de Regencia. También hubo partidarios de Napoleón (afrancesados). Algunos reivindicaron la emancipación total.

Luego de la conformación en Quito de una Junta Suprema de Gobierno independentista, el 10 de agosto de 1809, ésta convocó a los criollos de Santa Fe a seguir su ejemplo. Hábilmente el virrey Amar y Borbón cita a una reunión en la que sobre los partidarios de imitar a la Junta Quito, se impuso la posición de exigir por la fuerza su disolución y fidelidad al rey. Los criollos patriotas cayeron en la trampa. Advertidos así los españoles de las posiciones de los criollos independentistas, endurecieron la represión.

En los meses previos, la Nueva Granada se tensionó. Fueron continuos los enfrentamientos entre las autoridades españolas (Virrey y oidores) y  de éstas con los representantes criollos en el cabildo. Así como acciones sediciosas. Se intentó sobornar a la esposa del virrey para que lo convenciera de abandonar su cargo. Cundieron los pasquines contra los chapetones. En octubre de 1809, una conspiración para derrocar al virrey fue descubierta y sus cabecillas, el clérigo Andrés Rosillo y Antonio Nariño, entre otros, confinados a prisión en Cartagena. Se develó un plan para atacar el contingente que iba a Quito a apoyar a los realistas. Conspiradores conformaron una guerrilla en los Llanos, fueron descubiertos en enero de 1810, fusilados en Santa Fe y sus cabezas exhibidas como escarmiento.

El anhelo de cambio, la represión, la discriminación y las diferencias entre españoles y criollos sobre el gobierno y la economía colonial, inspiraron a Camilo Torres y Tenorio a dirigir a las autoridades españolas el 20 de noviembre de1809 el “Memorial de Agravios”, primer alegato fundamentado de los criollos en favor de su participación en el gobierno y mayores derechos. Por su parte, Ignacio de Herrera y Vergara expone en el “Manifiesto de una Americano Imparcial” la reivindicación de independencia total y medidas de carácter social. El Memorial representaba la posición del notablato, el Manifiesto una propuesta más popular. En este bando se colocaron Herrera, Antonio Nariño y José María Carbonell.

El descontento contra las autoridades españolas crecía, mientras las tropas de Napoleón se imponían en toda España arrinconando a la Junta Central. Entonces, una nueva oleada de levantamientos se da sucesivamente: en 1810 en Caracas, Cartagena, Pamplona y Socorro, siendo cruelmente reprimidos, lo que motiva a la rebelión en Santa Fe. El jueves 19 de julio, el rumor de que los españoles planeaban ejecutar a 19 criollos sospechosos de sedición, obliga a éstos a anticiparse y tras una apresurada reunión nocturna secreta en el Observatorio Astronómico, ponen en marcha su estrategia.

El Grito de Independencia

El 20 de Julio de 1810, un día de mercado, cuando la plaza central de Santa Fe estaba más concurrida, un grupo de criollos, en ejecución de un plan que buscaba la conformación de una junta de gobierno, iniciaron la revuelta utilizando como excusa la negación del préstamo de un florero que serviría para ofrecer una atención a Don Antonio Villavicencio, enviado por la junta de Sevilla y simpatizante de los criollos, por parte del español José González Llorente.

“Los chisperos”, encabezados por José María Carbonell, motivaron a la población a exigir cabildo abierto, para que el pueblo pudiera intervenir en las decisiones. Algunas fuentes dicen que juntó casi diez mil, un tercio de la población. La “chusma” alebrestada arrancó por San Victorino, pasó por Las Cruces y subió a Egipto coreando “abajo el mal gobierno”, mientras rodaban de mano en mano la botija de chicha. Esta situación amedrentó a los patricios pues no era deseada por los españoles pero tampoco por la dirigencia criolla temerosas del pueblo raso.

Al atardecer, y al ver que mermaba la agitación en la plaza mayor, “los chisperos” llaman a José Acevedo y Gómez a motivar a la gente y promover el cabildo abierto que el virrey se había negado a convocar varias veces ese día. Acevedo lanzó la advertencia que activó la protesta de la “plebe”: “Si perdéis estos momentos de efervescencia y de calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, mañana seréis tratados como insurgentes”.

El ejército realista, conformado por muchos criollos, se negó a atacar a la muchedumbre airada y el cabildo abierto se impuso. Se conformó una Junta Suprema de Gobierno de notables adinerados leal a Fernando VII, presidida por el virrey Amar y Borbón, quien juró a desgano. Carbonell continuó agitando al pueblo, enardecido de rabia y de chicha, en contra de esa claudicación. El 22, los chisperos desconocen la Junta Suprema y conforman la Junta Popular de San Victorino, presidida por Carbonell, que durante 25 días se movilizó para exigir justicia y castigo contra los chapetones y la emancipación total.

El 26 de julio, la Junta Suprema se declaró independiente del Consejo de Regencia que gobernaba España. El pueblo apresó a los virreyes por actuaciones desleales pero la Junta Suprema los liberó y les permitió salir de la ciudad al tiempo que encarcelaba a Carbonell, reprimía a los chisperos, decretaba la censura de prensa y prohibía la movilización popular. Las cosas quedaban claras.

Con el paso de los meses, las provincias de la Nueva Granada se radicalizaron para declarar, en cabeza de los criollos pudientes, la independencia total: Cartagena, 11 de noviembre de 1811, Cundinamarca, 18 de julio de 1813, Antioquia, 11 de agosto de 1813, y Tunja el 10 de diciembre del mismo año.

En el trance de institucionalizar la separación de España, los criollos se dividen entre quienes eran partidarios de un riesgoso y egoísta federalismo, entre otros Camilo Torres y Jorge Tadeo Lozano, y Nariño que desde Cundinamarca defendía un gobierno centralizado y fuerte para afrontar la tarea de consolidar un país y la evidente ofensiva que superada la invasión napoleónica y vuelto al trono Fernando VII no tardaría. Una confrontación sobre un asunto fundamental, mal llamada “Patria boba”. Con Nariño luchó y gobernó Carbonell.

En medio de la guerra civil, se produjo la “pacificación” de Pablo Morillo que pasó por las armas y la horca, confiscó o “purificó” sin distingo a los patriotas. Entre los primeros a Carbonell, el líder de la chusma, el instigador de los chisperos, cuyo expediente de injurias a la “madre patria” no ameritaba ninguna consideración. Tampoco la pidió, fue al patíbulo con resignación. Muchos de los sacrificados abjuraron de sus propósitos frente al cadalso, clamaron piedad humillante al Rey, juraron arrepentimiento eterno, como el sabio Caldas.

Apenas tres años después, el 7 de Agosto de 1819, el venezolano Simón Bolívar juntando su gente a la reunida por Francisco de Paula Santander en Tame, al mando de un montón de llaneros desarrapados y hambrientos que sobrevivieron el paso por el tortuoso Páramo de Pisba, dio al traste en el Puente de Boyacá con las tropas españolas al mando de Barreiro y comenzó la estela triunfal que lograría la Independencia de buena parte del continente americano de la dominación colonial española.  Hazaña calificada por el historiador y sociólogo Perry Anderson como “uno de los episodios más espectaculares de la historia moderna mundial” y que aun sus herederos no hemos sabido honrar en su legado de identidad, rebeldía y dignidad.

Algunos hispanistas como Pablo Victoria, intentan hoy cuestionar y minimizar la gesta patriótica y en particular la actuación popular liderada por José María Carbonell. Afirma que no lo acompañaron 10 mil sino 200, para decir que fue poca cosa; que todo estaba bien y el futuro hubiera sido glorioso si no es por el capricho de los revoltosos de siempre; se  deshace en loas a la magnanimidad de Pablo Morillo y la perversión de Bolívar; lamenta las buenas maneras que perdimos por juntarnos con la chusma. Para su consuelo, tras muchas evidencias históricas -entre otras, la embolatada instalación de siete bases estadounidenses, anunciada en plena celebración del Bicentenario- las comunicaciones  secretas divulgadas por Wikileaks y Snowden reiteran que poco duró el paso de hacer reverencias a la Corona a arrodillarnos ante la Casa Blanca. La proclama del 20 de Julio está vigente.

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